España bate el récord de peloteo con el emir de Catar: ¿por qué?

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El rey Felipe VI y el emir de Qatar, Sheikh Tamim bin Hamad Al Thani, durante la cena de gala de ayer en el Palacio Real. (Photo by Carlos Alvarez H./Getty Images)
El rey Felipe VI y el emir de Qatar, Sheikh Tamim bin Hamad Al Thani, durante la cena de gala de ayer en el Palacio Real. (Photo by Carlos Alvarez H./Getty Images)

Ceremonia con honores en el Palacio Real de Madrid, visita al Ayuntamiento para recibir la Llave de Oro de la ciudad de manos del alcalde, José Luis Martínez-Almeida, concesión del collar de la Orden de Isabel la Católica por parte del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, cena de gala -sin carne ni vino, es decir las tradiciones las pusieron ellos- ofrecida por los Reyes de España, un centenar de invitados con representantes de ámbitos como la economía, la empresa, la cultura, el deporte y la ciencia... La alfombra roja que ayer se extendió en España al emir de Catar fue de las que no se olvidan. Una pompa y un boato pocas veces visto en apenas 24 horas.

Sí, hablamos de Tamim bin Hamad Al Thani, el jeque de un estado soberano que ayer pareció ser, a ojos de las autoridades, una democracia ejemplar. Pero que en realidad guarda tremendas similitudes con la de Arabia Saudí que tanto se criticó cuando, quien hacía trataba con ella eran el futbolista Gerard Piqué y el presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Luis Rubiales, o cuando el actual entrenador del F.C. Barcelona, Xavi Fernández, defendía Catar siendo patrocinador de su equipo.

La diferencia es que ayer quien hacía negocios era España como país. Y nadie abrió la boca. Especialmente después de saberse que el emir va a invertir más de 4.700 millones de euros en los próximos años. Algo que el propio rey Felipe VI ensalzó destacando esas inversiones como "un pilar fundamental" de la asociación estratégica entre ambos países.

Lo que no es un pilar en Catar, no obstante, es la defensa de los derechos humanos a la vista de que no aparece en la zona alta de las clasificaciones mundiales. Pero ayer nadie habló de eso. Es más, entre las notas oficiales facilitadas por las diversas administraciones involucradas se podía leer que "las acusaciones contra el régimen catarí en materia de derechos humanos son, simplemente, infundadas, cuando no están sacadas torcidamente de contexto. Porque Catar es el único país del Golfo, junto a Kuwait, con un Parlamento elegido por sufragio universal, dispone de una legislación laboral de las más avanzadas del mundo y ha conseguido conciliar la deferencia a la libertad individual de los ciudadanos extranjeros que residen y trabajan en su territorio con el respeto a sus arraigadas costumbres".

A cambio, ni una línea sobre el hecho de que en Catar se utiliza la flagelación como castigo por el consumo de alcohol o las relaciones sexuales ilícitas. Que la sodomía consentida entre hombres adultos es ilegal penándose con hasta cinco años de prisión. O que la libertad de expresión es dudosa después de que el poeta catarí Mohamed al-Ajami, fuera condenado a cadena perpetua tras criticar al gobierno en la Conferencia sobre el cambio climático de 2012.

¿A qué se debió tanto homenaje y tanto silencio? Porque, aunque ha habido críticas desde Unidas Podemos, no han sido nada en comparación con las que cabía esperarse.

Pues la respuesta es el gas. El bien más preciado en el actual contexto de la realpolitik -que se lo digan a Alemania y al gasoducto que le conecta con Rusia-. Catar es uno de los grandes exportadores de petróleo y, sobre todo, de gas del que es el segundo suministrador del planeta y el quinto vendedor a España. Algo que podría variar en vistas de que Argelia -muy enfadada por el acercamiento entre Rabat y Madrid- puede acabar cortando el grifo a España.

Seguro que ahora se entiende mejor la genuflexión generalizada de ayer al emir de Catar.

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