Escorbuto, la terrible enfermedad que acabó con la vida de tres millones de marineros

Alfred López
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Se calcula que, entre los siglos XV y XVIII, alrededor de tres millones de marineros fallecieron a causa del escorbuto, una enfermedad que afectaba principalmente en la boca, provocando la caída de los dientes y muelas, grandes hemorragias de las encías y que se pudriera en general toda la zona bucal.

(imagen vía National Library of Medicine)
(imagen vía National Library of Medicine)

Este trastorno estaba provocado por un déficit de vitamina C en la dieta de aquellos antiguos hombres de mar, quienes realizaban largos viajes de varios meses o años de duración y cuya alimentación no estaba equilibrada, faltando de esta la fruta y verdura fresca.

No fue hasta mediados del siglo XVIII cuando se dio con la razón que causaba dicha enfermedad y se comenzó a tratar a los marineros afectados, descendiendo vertiginosamente los casos de fallecimiento por escorbuto.

Fue el médico, marino y aventurero escocés James Lind quien dio con la solución para una de las causas de mayor mortalidad entre los marineros.

Debemos tener en cuenta que durante aquellos larguísimos trayectos por mar, cuando uno de los hombres a bordo empezaba a sentir los síntomas (dolor general de la boca, sangrado continuo, caída de piezas y un pestilente olor –halitosis-) poco se podía hacer para ponerle remedio. Muchas eran las ocasiones en las que se tardarían semanas hasta arribar a un puerto donde poder tratar de buscar ayuda médica (a pesar de que en casi todos los barcos viajaba algún médico o alguien con suficientes conocimientos).

Pero el escorbuto era un gran misterio y no había manera de dar con el remedio para combatirlo (básicamente porque se desconocía totalmente la razón que lo producía).

Según consta en crónicas de la época, innumerables eran las cosas que se intentaban hacer y aplicar a los afectados de escorbuto (lo normal era que fuesen varios marineros que lo padeciesen a la misma vez), siendo algunos de aquellos remedios el bañarse en sangre de un animal o el ser enterrado (de cuello para abajo) durante varias horas en la arena de alguna playa, además de invocar a San Telmo, Santo Patrón de los marineros. Unos métodos de curación que estaban más cerca de la superchería que de la medicina.

Fue en 1746 cuando el mencionado médico escoces James Lind fue contratado para ir como cirujano de a bordo en el viaje inaugural que realizaría el buque de bandera británica HMS Salisbury cuya misión era patrullar frente al Cabo de Finisterre a lo largo de diez semanas, durante la Guerra de sucesión austriaca.

Fue en ese periodo de dos meses y medio embarcado, cuando James Lind vio de cerca los estragos que el escorbuto hacía entre los miembros de la tripulación, enfermando una gran cantidad de estos y muriendo un número considerable (de los 350 marineros que partieron tan solo regresaron al puerto de Plymouth 80).

En los siguientes meses, Lind estuvo pensando e investigando sobre cuál podría ser la causa del escorbuto que padecían los marineros y cuál sería el mejor remedio para combatirlo. Sus estudios lo llevaron a la conclusión de que, muy probablemente, estaría provocado por la falta de algún tipo de alimento o de no ingerir el suplemento vitamínico que éste aportaba, por lo que fue estrechando cada vez más el tema.

En mayo de 1747 James Lind volvía a embarcarse en el HMS Salisbury y desde el primer día dividió a todos los marineros de a bordo en grupos, a los que, a lo largo de las once semanas que duró el viaje, fue dando un tratamiento diferente. A un grupo les daba nuez moscada, a otro vinagre, sidra de manzana, diferentes frutas y verduras (entre las que se encontraban las naranjas y limones o el repollo) e incluso agua de mar, entre otras muchas cosas.

Diariamente hacía un seguimiento de cada uno de los tripulantes, pudiendo comprobar que muchos de ellos seguían enfermando de escorbuto pero hubo un par de grupos que no lo hicieron: aquellos que tomaron limón o naranja dentro de la dieta e incluso que a aquellos que habían comido repollo les afectaba en menor medida.

Así fue como Lind descubrió que la razón por la que los marineros enfermaban de escorbuto era la falta de vitamina C.

Todos sus estudios y conclusiones quedaron recogidos seis años después (1753) en la obra ‘A Treatise of the Scurvy’ (Un tratado sobre el escorbuto), pero la poca difusión que se hizo de su trabajo en aquella época, provocó que la inmensa mayoría de marineros de todo el planeta siguieran enfermando cuando se embarcaban por culpa de la falta de vitamina C a no incluir sus dietas frutas cítricas.

No fue hasta un viaje realizado por James Cook en 1768 cuando se pondría en práctica el consumo de naranjas y limones (algunas fuentes indican que se trataba de limas), aunque en un principio célebre marino y expedicionario dio para combatir el escorbuto una ensalada de repollo (chucrut), pero los lentos resultaros hicieron que se tuviese que recurrir a los cítricos, combatiéndose eficazmente.

A finales de aquel siglo, la Roya Navy británica dictaminaría por ley la obligatoriedad de incorporar el consumo de naranjas y limones entre la tripulación de sus embarcaciones, algo que con el paso del tiempo se hizo extensivo al resto de las Armadas.

Fuentes de consulta e imagen: jameslindlibrary / bbc / ncbi (pdf) / National Library of Medicine

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