La escasez de alimentos, una crisis muy real que solo el fin del bloqueo puede detener

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"Los alimentos han pasado a formar parte del arsenal de terror del Kremlin y no podemos tolerarlo".

Con estas palabras la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen acusaba a Moscú de estar convirtiendo el suministro de alimentos en un arma más en la actual guerra en Ucrania, mediante el bloqueo del puerto de Odesa o el robo de granos ucranianos.

Un asunto al que hay que sumar la escasez mundial de alimentos, derivada de la interrupción de las cadenas de suministro a causa de la pandemia, así como de los efectos del cambio climático.

A nivel mundial, Rusia y Ucrania suministran más de una cuarta parte del trigo comercializado, y casi el 30 por ciento de la cebada, además del 15 por ciento del maíz. Con respecto al aceite de girasol, la cifra aumenta hasta el 75 por ciento.

El actual conflicto en Ucrania está perturbando directamente la dinámica física, logística y de mercado en la región del Mar Negro, una ruta clave de trigo, cereales forrajeros y productos de girasol hacia los mercados mundiales, especialmente a las regiones de Oriente Medio y el Norte de África.

Una parte de la solución podría llegar ahora de otros países productores capaces de alimentar al resto del mundo, pero lo cierto es que hasta 23 países declararon en su momento severas restricciones a las exportaciones de alimentos, llegando incluso a las prohibiciones absolutas, a causa de los fenómenos climáticos extremos y al temor a la escasez interna. Un ejemplo claro de este último punto es la India, afectada por una intensa ola de calor.

"Se suponía que la India era una especie de último recurso, de última esperanza para la estabilidad del mercado del trigo", explica el analista económico del Programa Mundial de Alimentos, Eugenio Dacrema. "Y el hecho de que la India haya decidido, después de esta conmoción climática que redujo la proyección de la próxima cosecha, prohibir casi por completo las exportaciones, es un problema importante. Porque hay países que cuentan con un déficit de producción interna, y cuanto menos puedan importar ahora para venderles artículos esenciales como el trigo, más problemas de inestabilidad van a tener. Estoy hablando de hambre.

En marzo, el Programa Mundial de Alimentos de la ONU preveía que en caso de que el conflicto no hubiera terminado a finales de mayo, otros 47 millones de personas pasarían a estar en situación de inseguridad alimentaria en todo el mundo.

Para colmo, el impacto ha sido aún mayor de lo que se esperaba a lo largo de los dos últimos meses.

"Ya hemos visto cómo se han puesto los precios de los alimentos y las protestas derivadas en muchos países", recuerda Dacrema. "Me vienen a la mente países como Kenia, Pakistán y varios otros. Así que esa es la situación, y teniendo en cuenta que la guerra no ha terminado, y que los problemas en el mercado internacional de alimentos no han terminado, sino que probablemente tan sólo están empezando, es natural pensar que esto sólo va a ir a más, no a solucionarse".

El Programa Mundial de Alimentos subraya cómo el mundo parece haber entrado de lleno en una "nueva normalidad" en la que, junto a los conflictos bélicos, factores como las sequías, las inundaciones o los huracanes diezman una y otra vez la agricultura y la ganadería, lo que podría provocar en cuestión de poco tiempo migraciones masivas.

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