Las cifras escalofriantes de la disfunción eréctil en jóvenes culpan a la pornografía

Entre un 14 y un 35 por ciento de jóvenes varones sufren disfunción eréctil. (Getty Images).
Entre un 14 y un 35 por ciento de jóvenes varones sufren disfunción eréctil. (Getty Images).

Nunca antes la pornografía había sido tan accesible. En dos clicks, cualquier persona de la edad, género o condición que sea y que tenga acceso a internet puede consumir todo el contenido para adultos que le plazca. Esto está teniendo unas consecuencias nefastas para las relaciones íntimas de las nuevas generaciones: la disfunción eréctil (DE) en los varones.

“Hasta 2002, los hombres con menos de 40 años de edad que tenían DE era del dos o tres por ciento. Desde 2008, la cifra aumentó cuando hubo acceso a porno gratis y en alta definición”, afirmó a The Guardian, Mary Sharpe, responsable de Reward Foundation, una organización sin ánimo de lucro que instruye sobre la educación sexual, el amor, sexo e internet.

Esas cifras no son menores ya que entre un 14 y un 35 por ciento de jóvenes varones experimentan esta condición. Los números aumentaron y tras ellos hay una razón que separa al ávido consumidor de pornografía de la vida real.

“Uno se hace adicto a todo aquello que hace de manera crónica. Yo vi porno de forma continuada durante una década, todos los días desde que tenía doce años, hasta que llegó el punto en que no me excitaba con chicas de verdad y sólo me excitaba viendo porno”, explicó Gabe Deem, quien fue adicto a la pornografía a través de su computadora o celular y ahora tiene una empresa, Reboot Nation en la que inspira a otras personas para que no cometan los errores que él cometió.

El acceso libre a contenido pornográfico tiene una consecuencia directa: la disfunción eréctil.
El acceso libre a contenido pornográfico tiene una consecuencia directa: la disfunción eréctil.

Deem no es el único. Según varios terapeutas sobre sexualidad y relaciones cada vez hay más pacientes de alrededor de 20 años de edad que llenan sus consultas, algo impensable hace más de una década.

“La pornografía es una experiencia que consigue desasociar ya que la estimulación procede del exterior y dificulta concentrarse en el cuerpo de uno”, aseguró Clare Faulkner.

Esta psicóloga se refiere a los hábitos que se adquieren cuando se consume pornografía de manera constante y cómo esta práctica hace que la persona tenga el control total de una experiencia sexual visual que no se repite en la vida real. El contacto piel con piel cuenta con otros focos de atención diferentes a las fantasías reproducidas a través de una pantalla. Las expectativas son otras y a este tipo de pacientes les resulta imposible abandonar el mundo de las ideas. Esto provoca hermetismo, inseguridades y otras complicaciones que empeoran la situación. El romanticismo deja de existir para ellos, tal y como se desprende de las declaraciones de Faulkner.

El 48 por ciento de niños de 11 a 16 años ha visto pornografía en internet. (Getty Images)
El 48 por ciento de niños de 11 a 16 años ha visto pornografía en internet. (Getty Images)

El temprano acceso a la pornografía sigue siendo una de las mayores preocupaciones de los expertos. Un estudio de la Universidad de Middlesex a niños de 11 a 16 años de edad concluyó que el 48 por ciento había visto pornografía en internet. De este porcentaje, un 93 por ciento consumió este material a los 14 años de edad. Un 60 por ciento de estos niños y adolescentes vieron porno por primera vez en sus casas. Una de las preocupaciones de los expertos es que algunos médicos no tratan el origen del problema, sino que les recetan estimulantes sexuales como si fueran la solución.

La preocupación de los expertos es el cómo se puede controlar el acceso a este tipo de contenido, algo que cada vez es más complicado. Desde las páginas especializadas a las redes sociales, donde actrices porno publican sus nuevos vídeos a sus fans, incluso las nuevas tecnologías de realidad aumentada y virtual no mejoran el panorama sobre el riesgo del consumo exagerado de este tipo de material. Como todas las adicciones, las dosis cada vez son más altas para provocar el efecto deseado y la separación de la fantasía y la realidad provoca una impotencia sexual en los varones que se obsesionan con un concepto erróneo de la normalidad sexual.

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