¿Es una leyenda urbana que en la Edad Media se vertía aceite hirviendo desde los castillos?

Estamos acostumbrados a ver en las películas, series o novelas épicas, sobre batallas durante la Edad Media, que una de las formas más comunes de defenderse del asedio a un castillo era vertiendo aceite hirviendo a los soldados sitiadores.

¿Es una leyenda urbana que la Edad Media se vertía aceite hirviendo desde los castillos? (Wikimedia commons)

Esa imagen se representa con grandes barriles que eran volcados sobre quienes intentaban subir por alguna escalera o cuerda a lo alto de la fortaleza. Pero en realidad se trata de algo que no era común y que de haberse realizado en realidad habrían sido en contadísimas ocasiones.

Muchos son los factores para determinar que se pueda tratar de un mito que acabó en la memoria colectiva de todos, dándolo como cierto.

[Te puede interesar leer: Cuando en la Inglaterra medieval surgió un repentino temor a los muertos vivientes]

Una de las claves es lo pesado que hubiese sido esos toneles y lo peligro el transportar el aceite hirviendo hasta lo alto de la edificación (ya que debía calentarse abajo) y después lanzarlo a través de los matacanes (galería donde se situaban los soldados, con aberturas por donde lanzar las cosas de defensa). Suponiendo que ese aceite hubiese sido llevado en vasijas por numerosos soldados que las subían, cabría destacar que otro de los inconvenientes hubiese sido el volcarlo hacia afuera sin herirse o quemarse (el mínimo contacto con el aceite hirviendo o el contenedor es bien conocido las quemaduras que puede llegar a ocasionar).

También se debería tener en cuenta el tipo de textura del aceite, ya que de haber sido arrojado en grandes cantidades desde arriba hacia abajo tendría que haber dejado salpicadas e impregnadas las paredes de los castillos y es algo que, en realidad, no se ha encontrado demasiados rastros del mismo.

Por lo tanto sí que podría haberse usado el aceite hirviendo, pero como algo muy secundario y en momentos de mucha necesidad, teniendo también en cuenta de que no era un producto que se encontraba con facilidad, sobre todo en Francia, Inglaterra o el Centroeuropa medieval.

Sí que se tiene constancia de que una de las formas de defender una fortificación era lanzando agua hirviendo e incluso vinagre. La arena caliente también era una eficaz arma para combatir contra los asediadores, debido a que ésta podía meterse por los recovecos de la armadura y causar dolorosas quemaduras.

[Te puede interesar leer: El plan medieval para usar gatos y palomas como armas de destrucción]

Hay algunas constancias del uso de una sustancia viscosa llamada brea, la cual se obtenía de la destilación de ciertas maderas y que al calentarla era altamente inflamable.

El conocido como ‘fuego griego’ fue muy utilizado en la antigüedad en múltiples batallas, sobre todo navales, y es más que probable que el Medievo siguiera usándose. Éste era una mezcla que se realizaba a base de petróleo crudo, azufre, salitre y cal viva, se le prendía fuego y se lanzaba contra el enemigo.

Otro elemento que se menciona con asiduidad como arma de defensa que era lanzado durante los asedios a los castillos es el ‘plomo fundido’ y al igual que lo expuesto sobre el aceite hirviendo, tampoco hay constancia de que se utilizara realmente, por la falta de restos ya que hubiese tenido que quedar en las paredes y suelo de alrededor placas de este elemento ya compacto tras enfriarse.

Lo más común, para combatir los asedios a los castillos en aquella época, era lanzar piedras a los atacantes, flechas y la mencionada agua o vinagre hirviendo, la brea o el fuego griego, pero del aceite hirviendo pocas referencias y pruebas hay que se utilizara realmente.

Fuente de consulta e imagen: historyextra / amodelcastillo / Wikimedia commons

[Te puede interesar leer: La misteriosa epidemia medieval que afectó principalmente a las clases altas]