“Es por tu propio bien”, todo lo que esconde esa frase tóxica

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Es por tu propio bien.

Es probable que hayas escuchado esa frase más de una vez en tu infancia, generalmente acompañada de alguna prohibición que te costaba comprender. Solía significar que debías hacer algo que no te gustaba, aunque no entendieras el motivo en ese momento, con la promesa de que más adelante lo ibas a agradecer.

Sin embargo, cuando esa frase se repite en la vida adulta, no solo se convierte en un desagradable déjà vu sino que suele ser el preludio de relaciones tóxicas a las que debes poner coto cuando antes.

En las relaciones adultas, la frase “es por tu propio bien” suele ser una excusa para justificar comportamientos inaceptables. [Foto: Getty Images]
En las relaciones adultas, la frase “es por tu propio bien” suele ser una excusa para justificar comportamientos inaceptables. [Foto: Getty Images]

La brecha de moralización: inventar motivos altruistas para explicar las malas acciones

Steven Pinker, psicólogo de la Universidad de Harvard, realizó un experimento muy interesante en el que emparejó a las personas a un dispositivo de agarre. Un grupo debía agarrar la mano electrónica ejerciendo una presión ligera durante 3 segundos. El otro grupo debía agarrar con igual presión y fuerza que la mano electrónica.

Tras 8 rondas de intercambio de apretones, la presión que ejercían las personas del segundo grupo había aumentado entre 8 y 10 veces, aunque la presión de la mano electrónica se había mantenido estable. La fuerza aumentó un 40% en cada ronda, pero cada participante afirmó que estaba apretando la mano electrónica con la misma presión con la que presionaba la suya.

Ese experimento demostró que existe una brecha considerable entre la percepción del daño que sufrimos y el que hacemos. Tenemos la tendencia a minimizar nuestra contribución al conflicto o problema. Culpamos en mayor medida a la otra persona y justificamos nuestro comportamiento pensando que no es para tanto.

De hecho, otro estudio realizado en la Universidad de Texas concluyó que “cuando las parejas discuten, tienden a distorsionar el mensaje, utilizando estrategias como la negación, la racionalización y el engaño, las cuales se utilizan para culpar al otro y minimizar el papel personal en el conflicto”.

Ese fenómeno se conoce como brecha de moralización, una circunstancia en la que las personas que se comportan mal, argumentan que en realidad están haciendo algo bueno por el otro. Es la tendencia a buscar motivos caritativos o altruistas para justificar un comportamiento inadecuado.

En las relaciones adultas, la frase “es por tu propio bien” a menudo se convierte en una excusa para justificar comportamientos que realmente no son aceptables. Es una razón benevolente para justificar lo injustificable. De hecho, no es casual que muchas personas violentas piensen que “los golpes enseñan” y argumenten que castigan a la víctima por su propio bien, para que aprenda, madure o se encarrile.

Muchas parejas también mienten para “proteger al otro”. Se ha constatado que mentimos más a las personas más cercanas, aunque generalmente asumimos que se trata de mentiras piadosas. Ocultamos la verdad porque pensamos que lastimará a esa persona. La mantenemos en la ignorancia con la excusa de proteger su bienestar e incluso nos convencemos de que nos lo agradecerá cuando en realidad lo que estamos haciendo es negarle el derecho a conocer la verdad y decidir cómo responder en consecuencia.

Por esa razón, es importante hacer examen de conciencia y preguntarnos si realmente estamos haciendo algo por el bien de otra persona o nos estamos escudando tras la brecha de moralización. Debemos tener presente que cuando hacemos algo mal, nuestro comportamiento nos parecerá más inofensivo, intrascendente y provocado, de manera que nuestro primer impulso será justificarlo.

La violencia caritativa y la actitud condescendiente

Debemos ser conscientes de que no siempre actuamos teniendo en cuenta el bienestar de los demás. [Foto: Getty Images]
Debemos ser conscientes de que no siempre actuamos teniendo en cuenta el bienestar de los demás. [Foto: Getty Images]

En algunos casos, detrás de la frase “es por tu propio bien” se suele esconder lo que se conoce como “violencia caritativa”, la cual implica desoír los deseos, necesidades y voluntad de una persona asumiendo que sabemos lo que es mejor para ella, hasta el punto de ponerla en una condición que puede terminar afectando su bienestar.

Este fenómeno ocurre con cierta frecuencia en la relación con los adultos mayores, cuando los hijos deciden en su lugar, muchas veces movidos por una auténtica preocupación y deseo de ayudarles, pero desde una perspectiva profundamente egocéntrica que no tiene en cuenta las necesidades y deseos del anciano, al cual se le desprovee de “voz y voto” en su propia vida.

Sin duda, la mayoría de nosotros queremos lo mejor para las personas que amamos, ya sean nuestros hijos, pareja, padres o amigos. Sin embargo, muchas veces podemos pecar de arrogantes y pensar que sabemos qué es “lo mejor” para ellos cuando en realidad solo estamos proyectando lo que sería mejor para nosotros mismos. Eso puede hacer que intentemos imponer nuestra visión desde una actitud condescendiente.

Tratamos a esa persona con amabilidad, pero con una actitud de superioridad que no deja espacio para el diálogo porque solo nosotros sabemos lo que es mejor para ella. Así terminamos comportándonos de manera controladora y manipuladora, aunque no seamos plenamente conscientes de ello. El resultado es una relación tóxica de dependencia y control revestida de buenas intenciones, aparentemente.

¿Cómo reaccionar cuando alguien intenta decirte lo que es mejor para ti?

No existe nadie en el mundo que pueda saber lo que es mejor para ti, que tú mismo. [Foto: Getty Images]
No existe nadie en el mundo que pueda saber lo que es mejor para ti, que tú mismo. [Foto: Getty Images]

La repetición de frases como “es por tu propio bien” o “solo estoy cuidando de ti” en una relación son una señal de alerta que no debes ignorar porque se supone que dos personas adultas saben lo que quieren y lo que las hace felices.

Si comienzas a escuchar esas frases a menudo, tienes todo el derecho de cuestionar los motivos que se encuentran en su base. Pregúntale a esa persona cómo ese comportamiento que te molesta o afecta directamente podría hacerte bien.

El objetivo no es avivar el conflicto sino fomentar el diálogo enriquecedor. Por ejemplo, si alguien dice que no quiere hablarte “por tu propio bien”, pregúntale cómo cree que ese obstruccionismo te ayudará o contribuirá a mejorar la relación. Intenta que la conversación se mantenga en el terreno de la lógica.

Escucha lo que tiene que decir. No te pongas a la defensiva. Recuerda que a veces las personas con quienes compartes tu vida o tu día a día pueden notar comportamientos autodestructivos con los que te estás haciendo daño sin darte cuenta porque quizá estás demasiado implicado emocionalmente. Escuchar los puntos de vista o los consejos de los demás no viene mal.

Sin embargo, también es importante que esa persona comprenda que no existe nadie en el mundo que pueda saber lo que es mejor para ti, que tú mismo. Puedes escucharle, pero las decisiones sobre tu vida quedan en tus manos. Eso no se discute.

Además, si su comportamiento "buenista" te está afectando de alguna manera, ya sea porque te sientes presionado, subestimado, menospreciado o manipulado, simplemente díselo de forma asertiva, sin atacarle.

Todos debemos ser conscientes de que no siempre actuamos teniendo en cuenta el bienestar de los demás. A veces simplemente queremos solucionar el problema lo más rápido posible o reaccionamos desde el enfado, el egoísmo o el cansancio y terminamos perdemos la perspectiva.

Todos cometemos errores. Lo mejor es reconocerlos y asumir que a veces ciertos comportamientos no tienen en cuenta el bien del otro, sino que son un intento de someter su voluntad revistiéndolos de un falso altruismo para arrebatarle el derecho a quejarse, opinar o incluso decidir.

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