¿Es el asteroide Oumuamua una vela solar alienígena que vino a espiarnos?

Representación artística del asteroide Oumuamua. (Crédito imagen: ESO/M. Kornmesser).

El controvertido investigador Abraham Loeb cuenta ya con cierta experiencia en crear revuelo con sus teorías. Sucedió ya el año pasado con su teoría sobre el origen extraterrestre de los estallidos rápidos de radio, y ha vuelto a suceder ahora para regocijo de los medios.

En esta ocasión lo ha logrado centrándose en un objeto extraño del que ya os hablé a finales de 2017: el asteroide extrasolar Oumuamua, una especie de cigarro cósmico que viaja a 315 000 kilómetros por hora siguiendo una extraña trayectoria.

Detectado a través del telescopio Pan-STARRS 1 de Hawái en octubre de 2017, Oumuamua se movía de una forma extraña si se le comparaba con el resto de cometas o asteroides de nuestro sistema solar, lo cual llevó a los científicos a pensar que no se había originado en nuestro sistema solar. Era por tanto, el primero objeto interestelar que veíamos pasar por nuestro vecindario, aunque su visita fue muy breve. De hecho, tras ser divisado sobre el cielo de Chile, Oumuamua nos abandonó dejando a los científicos cargados de dudas sobre su naturaleza.

Y ahí es donde entra el trabajo del antes citado Abraham Loeb, un investigador de la Universidad de Harvard que no está dispuesto a dejar de lado cualquier posibilidad, por inverosímil o heterodoxa que esta sea. En compañía de su colega Shmuel Bialy, Loeb argumenta que Oumuamua podría aprovechar la presión de la radiación solar para moverse, lo cual podría explicar su anormalmente alta velocidad.

Pero estudiando el asunto, Loeb y Bialy se dieron cuenta de que para que su teoría funcionara Oumuamua debía ser inusualmente delgado, lo cual dejaba en el aire el modo en que dicho objeto podría resistir a las colisiones con el polvo y el gas interestelar, además de a su propia fuerza de rotación.

Imagen de Oumuamua captada por el telescopio William Herschel en la noche del 29 de octubre de 2017. (Crédito imagen: Queen’s University Belfast/William Herschel Telescope).

Entonces las cosas se complicaron más, ya que para dar sentido a esto último la pareja de Harvard estudió un escenario más exótico: que Oumuamua fuese una sonda plenamente operativa enviada por una civilización extraterrestre a la Tierra intencionadamente para espiarnos. En otras palabras, que el asteroide con forma de cigarro fuese una sonda alienígena propulsada con una vela solar.

Curiosamente, Loeb es consejero de la iniciativa Breaktrough Starshot, que intenta desarrollar esta tecnología para enviar sondas a otras estrellas a velocidades que supongan una fracción importante de la velocidad de la luz. Si se consiguiera, un objeto humano podría viajar Próxima Centauri (el sistema estelar más cercano a nuestro Sol, a 4,22 años luz) en tan solo 30 años.

¿Casualidad, marketing, ganas de notoriedad? Juzguen ustedes… aunque creo que oiremos hablar mucho más sobre Oumuamua en los años venideros.

El preprint del trabajo de Bialy y Loeb, que no ha sido revisado por pares, se puede consultar en arXiv.org.

Me enteré leyendo Universe Today.