El arresto de los doctores que predijeron el coronavirus junto a otros errores y secretos de estado en China que han ayudado a expandir la epidemia

Lena H. Sun

Eran las vísperas del Año Nuevo lunar y Pan Chuntao tenía ganas de festejar. Sabía que un virus circulaba por su ciudad, Wuhan, pero los funcionarios locales llamaban a mantener la calma y decían que no había evidencias de que se transmitiera de persona a persona.

El 16 de enero, Pan, de 76 años, salió de su departamento de dos ambientes rumbo a una feria organizada por el gobierno.

"Le dijimos que no fuera porque habíamos escuchado algunos rumores en WeChat de doctores que se habían infectado", dice el yerno de Chuntao, Zhang Siqiang. "Pero él insistía y repetía que el gobierno había dicho que no había ningún problema, que ya no había más casos".

Ahora Pan y su hija tal vez formen parte de las 13.700 personas infectadas con una nueva cepa de coronavirus que ya causó 304 muertes en China, se propagó a más de 23 países, sometió a un bloqueo a más de 55 millones de personas en la provincia de Hubei y también afecta la economía mundial.

Pan era uno de los millones de chinos que socializaron, viajaron y llevaron su vida cotidiana durante el período crítico entre mediados de diciembre y mediados de enero.

En ese entonces, los funcionarios chinos ya empezaban a comprender la amenaza de una nueva enfermedad infectocontagiosa en Wuhan, pero hacían muy poco para informar a la población, aunque se acercaban las vacaciones del Año Nuevo lunar y cientos de millones de chinos se disponían a viajar.

Un análisis de esas primeras semanas revela posibles traspiés de parte de los agobiados funcionarios de salud pública de China. También da cuenta de una cultura burocrática que priorizó la estabilidad política por sobre todo, lo que probablemente permitió que el virus se propagara con mayor velocidad.

Los profesionales médicos que intentaron hacer sonar la alarma fueron arrestados por la policía, mientras los medios de comunicación estatales no hicieron mención del brote durante semanas. Y los cuadros militares se concentraban en mantener la estabilidad mientras la crisis empeoraba.

A mediados de diciembre, los pacientes de Wuhan presentaban los síntomas de lo que parecía una neumonía viral. Ahora queda claro que los funcionarios sabían que algo andaba mal.

Después empezó a correr la voz. Li Wenliang, oftalmólogo del Hospital Central de Wuhan, les dijo a sus colegas que siete personas habían contraído lo que se creía que era SARS, y que un paciente había sido puesto en cuarentena.

Los primeros informes oficiales de un brote misterioso en Wuhan se conocieron el 30 de diciembre, cuando las autoridades chinas confirmaron que estaban investigando 27 casos de neumonía viral.

Los funcionarios de salud vincularon el brote con el mercado mayorista de mariscos de Wuhan, donde los clientes encuentran todo tipo de animales vivos, y lo cerraron de inmediato. También empezaron a buscar otras personas que podrían haberse infectado, pero se concentraban en personas con neumonía y con alguna relación con el marcado de mariscos y de animales. No buscaban personas con patologías respiratorias más generales.

Recién más tarde sospecharon que muchas otras personas estaban infectadas, pero tenían enfermedades más leves y fueron dadas de alta luego de algunos cuidados médicos, lo que permitió que el virus se propagara aún más.

Mientras los científicos y los expertos de salud pública se esforzaban por recopilar más información, los servicios de seguridad intentaban ocultar lo que se sabía.

El 1º de enero, la Oficina de Seguridad Pública de Wuhan citó a ocho personas por publicar y difundir "rumores" sobre los hospitales de Wuhan que recibían casos con características similares al SARS. Las detenciones fueron informadas por los programas de noticias, que tienen una audiencia de millones de personas.

Por su parte, las autoridades de Wuhan decían: "La policía llama a todos los internautas a no fabricar rumores, ni propagarlos, ni creer en ellos". Las ocho personas detenidas ese día eran médicos, incluido Li, el oftalmólogo de Wuhan.

Los científicos chinos corrieron contra reloj para decodificar el virus. El 9 de enero, con 59 casos registrados, China anunció que había aislado y obtenido la secuencia genómica de la nueva forma de coronavirus, confirmando los rumores de que la misteriosa enfermedad estaba vinculada con el SARS y el síndrome respiratorio por coronavirus de Medio Oriente (MERS).

Pero los epidemiólogos todavía necesitan conocer detalles sobre el momento en que se contrae la infección, los síntomas y otras características demográficas de los pacientes como la edad, el género y las condiciones médicas subyacentes que pueden aumentar el riesgo de contraer enfermedades respiratorias.

Esa información es necesaria para que los detectives de enfermedades puedan obtener un panorama del brote desde el primer momento y así determinar la velocidad con la que se propaga el virus y su tasa de mortalidad.

The Washington Post

Traducción de Ignacio Mackinze