Enfermera Saturada: "Con los negacionistas no pierdo el tiempo"

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Portada de 'Orgullo enfermero'. (Photo: PLAZA Y JANÉS)
Portada de 'Orgullo enfermero'. (Photo: PLAZA Y JANÉS)

Aunque hace ya años que Enfermera Saturada salió del anonimato, a muchos les sigue sorprendiendo que detrás de ese perfil de Twitter esté un hombre, Héctor Castiñeira, enfermero, divulgador y autor ya de nueve libros. Muchas bromas le han caído en las últimas semanas tras el último Premio Planeta. “Hubo incluso muchos tuits de ’lo de Carmen Mola ya lo inventó Enfermera Saturada”, recuerda riéndose en una conversación telefónica con El HuffPost.

“Realmente de todos los libros que tengo solamente el primero fue publicado bajo seudónimo. En el segundo ya salí y dije ’soy yo, soy Héctor, y soy enfermero”, relata. Sin embargo, incluso en la última Feria del Libro de Madrid, “pasaba la gente y decía ’¡Anda, pero si es un chico!”.

“Aún no conozco a ningún enfermero que se ofenda porque le llamen enfermera”, asegura. “Somos algo más de 300.000 en España y el 90% son mujeres. Lo habitual es que alguien cuando piense en enfermería piense en una mujer y que cuando estás trabajando toda la unidad sean mujeres y tú seas el único chico. Dicen ‘niñas, viene un ingreso’ y vas tú. No hay ningún problema”, explica.

Su anterior libro, Nosotras, enfermeras, trataba acerca de la primera ola de la pandemia y el confinamiento, y el que acaba de llegar a las librerías, Orgullo enfermero, se centra en lo que sucedió después. “Cuento un poco cómo nos sentíamos nosotros, cómo se sentían también los pacientes, y sobre todo esa campaña de vacunación que ha sido todo un éxito”, resume.

Héctor Castiñeira es Enfermera Saturada. (Photo: F.FERNÁNDEZ / CORTESÍA DE HÉCTOR CASTIÑEIRA)
Héctor Castiñeira es Enfermera Saturada. (Photo: F.FERNÁNDEZ / CORTESÍA DE HÉCTOR CASTIÑEIRA)

A su juicio, ese éxito no fue exclusivo “de los que estábamos poniendo vacunas o haciendo las colas o dando las citas”, sino de todos aquellos que acudieron a ponérsela. No fue un camino de rosas, porque como apunta, “la campaña arrancó muy mal, con muchísimos retrasos”. “Incluso había quien decía que teníamos que llamar al Ejército para que vacunara por las calles porque si no, no íbamos a ser capaces...”, rememora al tiempo que destaca que estaba seguro de que la enfermería “sería más que capaz de ponerlas”.

Castiñeira pone en valor que España tenga “una de las tasas más altas de vacunación”, a pesar de que “haya por ahí cuatro antivacunas haciendo ruido”. “Hacen mucho pero son muy pocos”, apostilla.

El enfermero, que durante la pandemia primero estuvo “debajo de esa bolsa de plástico”, después bajo el EPI, ha estado también inoculando dosis “cuando ya en la UCI no hacía falta refuerzo”. Para él, era “genial” estar en el punto de vacunación: “Hay pocos sitios en el hospital que sean así de positivos; uno es la Maternidad porque la gente está deseando que nazca el niño y en cuanto nace todo es alegría y felicidad y eso mismo lo vivías en la campaña de vacunación”.

“Venía un montón de gente, todo el mundo dándote las gracias, encantado, y decías tú ’Ay, por Dios, ¿no podría ser siempre así?”, ríe. Como reconoce, “esa sensación de felicidad y de alegría” por recibir la vacuna, “a nosotros, que estábamos cansadísimos de todas las olas que habíamos pasado, nos dio un subidón enorme”.

La sensación que tenías era la de estar viviendo una guerra y de no saber cuándo se iba a terminar

Para él la primera ola, que vivió en el Hospital 12 de Octubre de Madrid, fue “sin duda” el peor momento desde que estalló la crisis del coronavirus. “He tenido que atender catástrofes, he tenido que atender momentos muy duros pero nunca nada comparable a lo que vivimos. Era como tener una catástrofe diaria y así durante semanas, era algo a lo que no veías fin”, describe. “No sabíamos a qué nos enfrentábamos, no teníamos medios, veías cómo compañeros acababan ingresados en la misma unidad en la que trabajaban... La sensación que tenías era la de estar viviendo una guerra y de no saber cuándo se iba a terminar”, resalta.

Como destaca en su último libro, aunque los profesionales de la enfermería llevan “toda la vida ahí” desarrollando ese trabajo tan vocacional, “siempre un poco en la sombra”, la pandemia les puso bajo el “foco mediático”: “Cuando esos focos se apaguen nosotros seguiremos ahí porque al final es lo que somos, enfermeros y enfermeras que nos dedicamos a cuidar de la salud de los demás”.

“Nunca pedimos ser héroes de nada, al final es nuestro trabajo, pero esa parte de heroicidad también sirve para romantizar muchas cosas que estábamos sufriendo y que seguimos sufriendo, como esa precariedad o inestabilidad laboral o el no tener medios de protección”, reflexiona.

Esa parte de heroicidad también sirve para romantizar muchas cosas, como esa precariedad laboral o el no tener medios de protección

Como enfatiza, “incluso después para alguna parte de la población también pasamos de héroes a villanos. Pasamos de que la gente nos aplaudiese y de ser héroes a salir del hospital por la mañana y encontrarte una pintada de ‘sanitarios asesinos’, ’culpables de la covid”. Sobre ese acoso tanto a través de esas paredes como de las redes sociales, es tajante: “Ni pedimos lo primero ni queremos lo segundo. Queremos seguir haciendo nuestro trabajo, simplemente”.

Fue a partir de la segunda ola cuando empezó a detectar en sus propios perfiles esos mensajes de odio y “de los típicos trols negacionistas que creen que la pandemia no existe, que es algo que nos hemos inventado nosotros”. Castiñeira admite que “ese tipo de insultos, amenazas y acoso” se ha convertido en algo diario y cada día entra a las redes sociales “con la coraza puesta” pensando “a ver de qué forma me insultan hoy” o “de qué forma me amenazan hoy”.

El enfermero lamenta encontrarse ese tipo de mensajes cuando lo que trata de hacer en redes sociales es divulgación, “no solo de la pandemia, sino de cualquier otro tipo de problema de salud”. Sin embargo, sigue adelante porque no quiere dejar de hacerlo “por culpa de esos mensajes” y que al final “se vea perjudicada más gente”.

Pasamos de que la gente nos aplaudiese y de ser héroes a salir del hospital por la mañana y encontrarte una pintada de ‘sanitarios asesinos

Con lo que no pierde el tiempo es en discutir con negacionistas, porque al que es realmente “antialgo” es “imposible convencerlo”. “Lo he intentado de muchas maneras y al final el que no quiere entender algo no lo entiende”, sostiene. En cambio, sí se centra en las personas que tienen dudas: “Prefiero convencer con la Ciencia, con argumentos, con datos en la mano”.

Así, se ha encontrado con casos de personas que acudían al centro de vacunación sin cita, simplemente porque querían hacer preguntas. “Te decían ’es que tengo dudas, no sé qué hacer, me quiero vacunar pero tengo miedo...”, apunta. “Cuando van viendo que le puedes explicar con argumentos las cosas, que tú te has vacunado en febrero y estamos en octubre y a ti no te ha pasado nada, te dicen ’mira, sí, me has convencido. Lo que leía por internet no me parecía fiable y me ha servido de mucho venir aquí y aclararlo”.

El virus no se va a ir nunca

Si tuviera dar una fecha de cuándo acabará la pandemia, Castiñeira es claro: “El virus no se va a ir nunca. Se va a quedar como se queda el de la gripe que nos visita cada año, o el sincitial en niños”. Como aclara, lo que sí se van a ir levantando son las medidas restrictivas que quedan: “Yo creo que la mascarilla como mucho en unos meses irá desapareciendo. Al aire libre, en mi opinión, desaparecerá muy pronto y en interiores probablemente lo hará después del invierno, pero esto es una previsión mía”.

En su desescalada particular, señala que si va solo por la calle o con distancia suficiente, va sin mascarilla, pero sí se la pone si hay una aglomeración: “Si voy por la Gran Vía un sábado por la tarde que está a tope de gente, ahí sí me la pongo”.

Ya ha recuperado prácticamente su vida de antes, salvo ir a conciertos que no sean al aire libre: “Ya voy al cine, voy al teatro, quedo con amigos, como en interiores... Al gimnasio tampoco he vuelto, pero es que no me gusta mucho [suelta una carcajada]”. En su opinión, sería muy positivo que alguna medida sí se quedara en nuestro día a día: “Nos lavábamos muy poco las manos y el mantener ese hábito nos va a ayudar a prevenir muchas otras enfermedades”.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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