La enfermedad crónica que sufre Ana Pastor desde hace años

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Cada vez es más común que se destapen patologías a raíz de una publicación en redes sociales. Es lo que la ha pasado a la periodista Ana Pastor, que al publicar esta imagen en la que aparece comiendo un bocadillo, recibió el siguiente comentario: "No puedo dejar de mirar su dedo".

En verdad hay que fijarse bastante para ver el dedo índice deformado, un síntoma claro de artrosis, también conocida como osteoartrosis u osteoartritis (OA), y una de las patologías más prevalentes que cursan dolor crónico en España. La respuesta de la presentadora no se hizo esperar revelando la enfermedad que sufre hace tiempo y que le provoca que los dedos tengan esta forma. Además, cuando algunas personas le han mostrado su apoyo, ha dado más detalles: 

La confesión de Pastor ha servido para que otros usuarios expliquen sus vivencias con la artrosis y cómo les afecta en su día a día.
La confesión de Pastor ha servido para que otros usuarios expliquen sus vivencias con la artrosis y cómo les afecta en su día a día.

El caso es que Pastor tiene una de las enfermedades articulares más frecuentes. Se estima que alrededor de siete millones de personas padecen esta enfermedad en nuestro país. Y en concreto, según el estudio EPISER, un 29,3 por ciento de la población española mayor de 36 años tiene un proceso sintomático de carácter artrósico y, como consecuencia, le genera dolor de forma constante y afecta a su calidad de vida.

La artrosis está considerada una enfermedad limitante, ya que a medida que progresa reduce nuestra capacidad de movimiento. Esto ocurre porque el tejido que hace de amortiguador al proteger de los extremos de los huesos (cartílago) pierde sus propiedades y puede incluso llegar a desaparecer, haciendo que los extremos de ambos huesos rocen directamente, produciendo dolor.

Además, alrededor de la articulación existen gran cantidad de ligamentos, tendones, músculos y una cápsula que le da estabilidad y fuerza. En la artrosis se degenera este cartílago, lesionándose además el hueso que hay debajo, lo que somete a la cápsula articular, ligamentos, tendones y músculos de alrededor a unas tensiones, que dan lugar a dolor, deformidad y contracturas musculares.

En el caso concreto de la imagen publicada por la presentadora, se observa una degeneración del cartílago de las articulaciones de las manos, benigna, aunque puede producir dolor, dificultad para mover los dedos y deformidad. La artrosis de mano suele presentarse en personas de ambos sexos aunque tiene un marcado predominio en mujeres. Suele comenzar a la edad de 40-50 años, aunque hay casos de comienzo más tardío.

“Las personas con este tipo de trastornos presentan síntomas debilitantes y una inflamación que en última instancia puede provocar daños irreversibles en las articulaciones”, señala el doctor Christopher Ritchlin, jefe del Servicio de Alergia, Inmunología y Reumatología y director del Centro de Investigación en Inmunología Clínica del Centro Médico de la Universidad de Rochester, Nueva York.

En general, la artrosis aparece debido al paso de los años y al consiguiente desgaste de las articulaciones. Sin embargo, en el caso concreto de la artrosis de las articulaciones interfalángicas distales de los dedos (que afecta a la segunda y la tercera falange de cada dedo) no siempre es así, siendo habitual encontrar un componente hereditario. De hecho, no es raro escuchar de boca de quien la sufre: "mi madre y mi abuela también tenían las manos así".

A veces aparecen unos bultos o nódulos reumatoides denominados 'nódulos de Heberden o Bouchard', que aparecen primero en un dedo y luego se pueden presentar en otros. Algunas personas notan enrojecimiento súbito, hinchazón, dolor y sensibilidad en las articulaciones afectadas, mientras que en otras, las protuberancias aparecen gradualmente, con poco o nada de dolor. Las yemas de los dedos pueden percibirse con entumecimiento y hormigueo, y en algunas personas los nódulos pueden hacerles sentir torpes cuando usan las manos.

Dichos nódulos suelen localizase en puntos de presión, tales como en la superficie extensora del brazo, el tendón de Aquiles, el área isquiática o en las superficies flexoras de los dedos. Estas lesiones pueden desarrollarse gradual o abruptamente y están asociadas generalmente con algunos síntomas de inflamación. La biopsia del nódulo puede ser necesaria si el diagnóstico es incierto. Con el tiempo, los nódulos reumatoides a menudo desaparecen o involucionan.

La artrosis de manos suele presentar síntomas durante determinadas fases, y a veces con los años deja incluso de doler. La artrosis de las manos, aunque si hay deformidad y pueden dejar un cierto defecto estético, no suelen causar invalidez, pero sí una cierta limitación a la flexión. Y aunque la artrosis (en general) no tiene cura, existen diversas estrategias terapéuticas que buscan “actuar sobre la inervación de las articulaciones afectadas para intentar disminuir la señal dolorosa que se produce en ellas, y que es conducida por las fibras nerviosas hasta el cerebro donde se hace consciente la sensación de dolor", cuenta el doctor Joaquín Insausti, de la Unidad del Dolor del Hospital HM (Madrid).

Entre las diferentes técnicas intervencionistas en el dolor de esta enfermedad reumática destacan las infiltraciones de esteroides, ácido hialurónico y toxina botulínica, que según explica el doctor Félix Francisco, de la unidad de Reumatología del Hospital Doctor Negrín (Las Palmas), “se recomiendan para los pacientes con intolerancia, efectos adversos, contraindicación o ineficacia de los tratamientos farmacológicos orales”.

“Las infiltraciones intraarticulares constituyen una herramienta más en el abordaje de una enfermedad para la que no existe un tratamiento definitivo, pero que puede ayudar a mejorar el dolor y la función articular del paciente. Con ello, aprovechamos dicho efecto para mejorar la condición física y la calidad de vida. En algunos casos, puede ayudar incluso a reducir la medicación”, explica el doctor Félix Francisco, de la unidad de Reumatología del Hospital Doctor Negrín (Las Palmas).

También se puede recurrir a inyecciones de ozono medicinal, cuya principal ventaja es su inocuidad y eficiencia. “No presenta efectos secundarios indeseables ni interacción con fármacos que pueda estar tomando el paciente. Tampoco incide sobre ninguna de las comorbilidades que pudiera tener el paciente”, cuenta el Daniel Samper, facultativo del Institut Català d’Ozonoteràpia en Hospital Quirón (Barcelona).

Además, el tratamiento con ozono tiene una respuesta similar en todos los tipos de artrosis y/o diferentes articulaciones en las que se administre y destaca “su gran seguridad con eficacia aceptable incluso en paciente muy frágiles”.

Otras herramientas terapéuticas que se utilizan para controlar el dolor crónico de la artrosis son la técnica PRP y las células madre. La primera consiste en “infiltrar en el interior de una articulación plasma rico en plaquetas y factores de crecimiento obtenido de la sangre del propio paciente”, y la segunda, en la obtención de células madre (también del propio paciente) e inyección de estas a nivel de la zona a intervenir por artrosis.

Para el doctor Ángel Oteo, del servicio de Traumatología en el Gregorio Marañón (Madrid), es importante aplicar la técnica PRC de forma precoz, ya que “en estadios iniciales de la artrosis, leve y moderada, se obtienen mejores resultados.” 

Además, destaca la seguridad de las células madre frente a otras infiltraciones y el hecho de que son células propias del paciente, y en ocasiones, sólo es necesaria una única inyección sin tener que repetir el tratamiento. En este caso, el tratamiento se dirige principalmente a la artrosis de grado leve o moderado, o “cuando el paciente no encuentra alivio con los tratamientos convencionales y por su riesgo físico puede no ser adecuado una cirugía”, añade Otero quien además ha añadido que esta técnica “evitaría o retrasaría cirugías de prótesis que implican un importante desgaste para los pacientes”.

En cuanto a los nódulos de Heberden o Bouchard, se suelen recomendar ejercicios de amplitud de movimiento en agua caliente para controlar el dolor durante los mismos y para mantener las articulaciones tan flexibles como sea posible, usando tablillas intermitentemente para prevenir deformidad y analgésicos o antiinflamatorios no esteroides (AINE) para calmar el dolor y la inflamación.

La mayoría de estas técnicas intervencionistas pueden ser una alternativa cuando el resto de los tratamientos han fracasado, ya que “suelen ser poco agresivas, son técnicas percutáneas, ambulatorias y que se realizan con anestesia local por lo que el riesgo para el paciente es muy bajo”, concluye el doctor Insausti.

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