Endometriosis: una enfermedad aún tabú que es mucho más que un dolor de regla

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"Es normal que la regla duela" o "tienes que ser más fuerte" son frases que las mujeres que padecen endometriosis se han hartado de oír desde su primer calvario menstrual, pero la realidad es que sufren una enfermedad aún tabú y estigmatizante que afecta a su vida laboral, social y sentimental.

La endometriosis es un trastorno en el cual el tejido endometrial, la mucosa que recubre el interior del útero, crece fuera del mismo, provocando dolor durante los ciclos menstruales y otras complicaciones, entre ellas sangrado abundante, quistes, trastornos intestinales o infertilidad, en función de cada caso.

Como ocurre con otras enfermedades que afectan a las mujeres, la endometriosis sigue siendo una gran desconocida para la población en general, pese a que es relativamente frecuente: se estima que afecta a una de cada diez mujeres en edad fértil, aunque podrían ser más porque está infradiagnosticada.

Su relación directa con la menstruación la convierte en un estigma para aquellas mujeres que la sufren, ya que evitan hablar de ello de forma abierta para no encontrarse con la incomprensión como respuesta tanto de familiares, como de amigos, compañeros de trabajo o pareja.

"Tenía 13 años cuando tuve la primera regla y ahí empezó un calvario", recuerda Txell Costa, que desde entonces comenzó a pasar "una semana al mes en la cama" aunque "socialmente hacía ver que no", para no ser tachada de exagerada.

"Te oyes decir 'tienes que ser fuerte, ya pasará', pero tú sigues fatal, hasta que finalmente llega el diagnóstico, en mi caso a los 29 años, y es endometriosis", rememora esta periodista y consultora empresarial.

Historia similar es la de Lorena Martínez, portavoz de la asociación de afectadas EndoCat, que, como otras tantas mujeres, cayó en el error de normalizar el dolor porque así se vivía en casa.

"A mi abuela, a mi madre y a mi hermana les dolía la regla, pues era lo normal", recuerda Martínez, a la que diagnosticaron endometriosis a las 35 años tras dos décadas sufriendo dolores en muchos casos incapacitantes.

La enfermedad va carcomiendo la salud y otras parcelas: la laboral y económica, porque son frecuentes las bajas por incapacidad, el absentismo o las reducciones de jornada; la social, porque las molestias no permiten seguir el ritmo de amigos o familiares; y el sentimental, porque las relaciones sexuales pueden ser muy dolorosas y algunas mujeres tienen problemas de fertilidad.

La enfermedad no tiene cura, pero sí existe un arsenal terapéutico con tratamientos farmacológicos, quirúrgicos, nutricionales y de fisioterapia que, bien combinados y personalizados, contribuyen a mejorar la calidad de vida.

Pero para tratar antes hay que diagnosticar y la clave, explica el ginecólogo Francisco Carmona, es hacerlo cuanto antes mejor, para controlar la enfermedad desde el principio.

Así que hay que estar alerta desde la primera menstruación: "Cuando una adolescente tiene tanto dolor que no puede ir a clase, eso no es normal y hay que acudir a la consulta", explica a Efe el doctor Carmona, jefe del departamento de ginecología del Hospital Clínic de Barcelona.

Al llegar a la consulta, el doctor también debe tener suficiente conocimiento como para sospechar de esta enfermedad y hacer bien la derivación, si es preciso, y aquí también hay margen de mejora.

En este sentido, Carmona ha explicado que, junto con el Departamento de Salud, ha impulsado este septiembre cursos de formación para personal de los centros de atención a la salud sexual y reproductiva (ASSIR).

En definitiva, la divulgación es fundamental y de eso se encargará también la marcha solidaria que diversas entidades han organizado para mañana domingo en el barrio de la Teixonera de Barcelona, con un lema que suena a deseo: "Que se marche la endometrosis". 

Jordi Font Comas d'Argemir 

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