El hallazgo de dos glándulas enterradas dentro del cráneo puede cambiar los tratamientos del cáncer

J Toledo y José de Toledo
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Imagen de las nuevas glándulas descubiertas, señaladas con una flecha azul. Crédito: The Netherlands Cancer Institute
Imagen de las nuevas glándulas descubiertas, señaladas con una flecha azul. Crédito: The Netherlands Cancer Institute

Al cuerpo humano todavía le quedan sorpresas que darnos. Y no en cómo funciona, que sorpresas de ese tipo sabemos que nos quedan aún muchas, si no de sus componentes. Por ejemplo, en un artículo reciente se acaban de descubrir dos glándulas salivares nuevas, escondidas dentro del cráneo.

Las glándulas salivares, como su propio nombre indica, son las que se encargan de generar la saliva. Y hasta ahora se conocían tres pares de estas glándulas – las parótidas, submaxilares y sublinguales – y también pequeñas formaciones que generaban saliva. Pero estas de las que hablamos, habían sido pasadas por alto.

Entonces, ¿cómo se han encontrado? Lo ha hecho un grupo de investigación en cáncer de Holanda. Y lo han hecho por pura casualidad: los investigadores estaban analizando unas imágenes tomadas con una técnica novedosa denominada PET/CAT PSMA o Tomografía por Emisión de Positrones/Tomografía Computerizada con marcaje de antígeno prostático específico de membrana. Una técnica que en un primer momento, y como parte de su larguísmo nombre da una pista, se desarrolló en un primer momento para estudiar y diagnosticar el cáncer de próstata.

Pero resulta que el PSMA también se une e ilumina las glándulas salivares. Y por eso se emplea en casos de pacientes que reciben radioterapia para cánceres en el cuello o en la cabeza. Porque uno de los efectos secundarios de esta radioterapia son problemas a la hora de producir saliva, con las molestias y dificultades que eso conlleva.

Al analizar imágenes de PET/CAT PSMA, empezaron a comprobar que se iluminaba una región de la parte interior de la cabeza. De la zona nasofaríngea, donde las vías respiratorias se unen a la garganta. Y ahí, hasta donde se sabía, no había glándulas salivares.

Con estos datos, los investigadores se quedaron sorprendidos y sin saber qué pensar. Así que tiraron de archivo y repasaron 100 imágenes PET/CAT PSMA antiguas, y encontraron lo mismo: glándulas salivares en la zona nasofaríngea. Estaba claro que estaban ahí, y que se habían pasado por alto hasta ese momento.

El siguiente paso fue realizar una autopsia para poder comprobar que, efectivamente, allí estaban las glándulas. En una región concreta conocida como torus tubarius.

Descubrir unas glándulas nuevas, desconocidas hasta ahora, no es poca tarea. Pero los investigadores no se quedaron ahí. Porque su objetivo original era buscar la manera de mejorar los problemas de los pacientes de cáncer que reciben radioterapia que ven afectadas sus glándulas salivares. Si hay un par más, hay más espacio de mejora de la vida de pacientes.

Así que se pusieron manos a la obra, y analizaron la historia médica de 723 pacientes que tuvieron o tenían cáncer en el cuello o la cabeza, y que hubiesen recibido radioterapia. La idea era comprobar si los pacientes que más efectos secundarios y molestias relacionadas con la producción de saliva – que dificulta tragar, hasta el punto de impedir hablar con normalidad o incluso comer – podían tener estas glándulas afectadas.

Y así era: cuando los pacientes recibían radioterapia en la zona del torus tubarius, las molestias eran mayores. La radioterapia estaba afectando a estas glándulas desconocidas, y generando un impacto muy negativo en la calidad de vida de los pacientes.

Gracias a esto, pudieron desarrollar métodos y pautas para que, a la hora de irradiar los tumores en la cabeza o cuello, se eviten en lo posible estas recién descubiertas glándulas – a las que han llamado glándulas tubarias, por su localización.

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