Encuentran dos especies de mamíferos “voladores” en Australia

J Toledo y José de Toledo
·3 min de lectura
Greater gliders from the northern (top left), central (bottom left) and southern (right) groups identified through DArTseq showing morphological differences that are typical of our dataset. Greater gliders of the type shown on the right have several pelage colour morphs including white and light grey. Photos by Denise McGregor (top left) and Jasmine Vink (bottom left and right). http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/.
Petauros voladores del norte (arriba izquierda), central (abajo izquierda) y sur (derecha). Los grupos han sido identificados mediante DArTseq, mostrando diferencias morfológicas que son típicas en los datos recogidos. Los petauros del tipo mostrado a la derecha tienen distintos colores de pelaje, incluyendo blanco y gris claro. Fotos por Denise McGregor (arriba izquierda) and Jasmine Vink (abajo izquierda, y derecha). http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/.

La fauna de Australia parece pensada para vender peluche: canguros, koalas… y ahora, las dos nuevas especies recién descubiertas de marsupial volador, conocidas como petauros. Eso sí, su descubrimiento es interesante por lo que explica, no únicamente porque los animales sean bonitos.

Los petauros voladores (Petauroides volans) son una especie de marsupiales planeadores bien conocidos en Australia. Pero desde hace tiempo había algo que intrigaba a los científicos: hay mucha diferencia entre los petauros del norte, del centro y del sur de la isla.

La explicación que se daba es que la misma especie mostraba diferencias regionales, adaptándose a sus hábitats. En general, todos eran de pequeño tamaño – más o menos como una zarigüeya, o por compararlo con algo más conocido, como un perro pequeño. Y todos eran animales nocturnos, que duermen de día y aprovechan la noche para planear en busca de las hojas de eucalipto que suponen su alimento.

Pero los petauros voladores del sur eran algo más grandes que el resto. El peso medio es superior, y también el aspecto: su pelaje está bufado haciéndoles parecer más grandes. En cambio, los del norte de la isla son de menor tamaño, y las poblaciones de la región central de Australia tienen un tamaño intermedio.

La duda surge porque las variaciones en los hábitats no son tan notables. Así que, para resolver el problema, los investigadores decidieron tomar muestras de ADN de ejemplares de las tres zonas, y comprobar si eran tres poblaciones de la misma especie o tres especies distintas.

Al final, la respuesta es que se trata de tres especies. Suficientemente cercanas como para confundirse, pero diferentes cuando se analiza su genoma.

Y esto, ¿significa algo? Es decir, más allá del interés que pueda tener para un zoólogo o taxónomo – especialista en la clasificación de los seres vivos - ¿el hecho de que sean tres especies distintas tiene alguna implicación?

Por desgracia, sí. Y es fácil imaginar el motivo: si antes se consideraba que el petauro volador estaba amenazado, ahora que hay que separarlo en tres especies está mucho más amenazado. Cada una de las tres especies que se consideran ahora tiene menos ejemplares que la que se consideraba antes, y también tiene menos hábitat.

Menos tamaño de población, menos hábitat y además hábitats que se están perdiendo por deforestación… y falta de información sobre la ecología y biología de la especie. Ahora hay que comprobar qué características de las que se asociaba a los petauros voladores la comparten las tres especies, y cuáles no. Realmente sabemos poco sobre ellas.

Y lo que sabemos tampoco es alentador. Por ejemplo, cómo afecta a los petauros voladores del sur el aumento de temperatura nocturna. Esta especie es la que tenía el pelaje bufado, lo que hace que cuando la temperatura nocturna sube por encima de los 20 grados, cosa cada vez más frecuente, los petauros voladores del sur tengan que utilizar parte de su energía en enfriarse. Lo que no sería un problema si su comida no escasease cada vez más, y si ese mismo aumento de temperatura no hiciese que los animales dejasen de comer.

Cada vez es más frecuente que el descubrimiento de una nueva especie lleve aparejada la mala noticia de que esa especie está en peligro… y no es un buen patrón.

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