En un pueblo francés, los migrantes empiezan a instalarse entre la cautela de los habitantes

Por Romain FONSEGRIVES
1 / 4
Foto tomada el 24 de octubre de 2016 muestra a ciudadanos afganos alojados en el campo de refugiados y migrantes en Forges-les-Bains, al sureste de París, Francia

En el centro de acogida de Forges-les-Bains, cerca de París, que fue parcialmente incendiado a inicios de septiembre, un grupo de migrantes afganos empieza a instalarse bajo la mirada cautelosa de los residentes de esta localidad de 3.700 habitantes.

El incendio deliberado ocurrido el mes pasado, antes de la llegada de sus primeros ocupantes, convirtió a este centro en un símbolo de la oposición de una parte de la población francesa a la llegada de migrantes y refugiados.

El establecimiento, una enorme casona con un parque ubicado en el centro de esta localidad próspera, ha acogido a 77 hombres que llegaron en dos olas sucesivas, el primero hace un mes, el segundo el martes.

Aún se pueden ver las huellas del incendio en el techo del inmueble principal. Pero sus nuevos residentes apenas se dieron cuenta. Por el momento ocupan otras habitaciones de la residencia, que no fueron afectados por las llamas.

"Les hablamos sobre las circunspección" de varios habitantes ante su llegada y "les pedimos que se mantengan vigilantes", explica Bruno Morel, director general de Emmaüs Solidarité, la asociación que gestiona el centro.

Pero decidieron no decirles nada sobre el incendio. "No queríamos que tengan miedo", explica Morel.

"Me gusta dormir aquí. Las habitaciones son lindas", dice Fazalkhaliq Sahak, un afgano de 18 años que ocupa sus días entre clases de francés, una actividad deportiva y las gestiones para pedir asilo en Francia, un proceso laborioso.

Antes de llegar a este centro, conoció el exilio, las calles de París y la evacuación hacia un gimnasio de los suburbios parisinos. Pero allí no lograba dormir por la falta de intimidad, cuenta.

- Movilización ciudadana -

Desde que se abrió el centro no se han registrado incidentes con los habitantes de Forges-les-Bains, según los directores del establecimiento. Aunque a veces, cuando salen a la calle y saludan a los habitantes, no reciben respuesta.

Varios pobladores se han movilizado para acoger a los migrantes. Más de 100 se propusieron como voluntarios durante una reunión reciente, cuenta Morel.

Armelle Rouffignac, una habitante de 42 años, lleva a sus dos hijas, de 11 y 14 años, a jugar ping-pong con los afganos. Los anima también a participar en su club de yudo.

Pero no todos los habitantes de esta localidad ubicada a treinta kilómetros de París son tan entusiastas. Durante una consulta organizada por la alcaldía, 59% de los votantes se declararon en contra de la acogida de migrantes.

Algunas personas se han resignado, otras desconfían de los nuevos arribantes. "Están aquí, ya no podemos hacer nada", manifiestan algunos. Otros cuentan que ahora verifican varias veces que cerraron bien sus puertas o que ya no se pasean por los bosques de la región.

Asimismo, a algunos padres de familia les preocupa que el centro esté cerca de la escuela comunal.

Las autoridades francesas lanzaron esta semana un operativo para realojar en todo el territorio a los migrantes de la "Jungla" de Calais, un campamento en el que se hacinaban miles de personas en condiciones precarias, y de los asentamientos informales en París.

El centro de Forges-les-Bains tiene previsto organizar un día de puertas abiertas. "Poner un nombre y una historia detrás de cada rostro podría ayudar a que se apacigüen los ánimos", espera la alcaldesa de la ciudad, Marie Lespert Chabrier.