En Kurdistán iraquí, los refugiados sirios cambian los gustos y los colores

Por Qassim KHIDHIR
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Un kurdo iraquí saborea un café sirio en el mercado central de Erbil, capital del Kurdistán iraquí (norte), el 21 de diciembre de 2019

En Kurdistán iraquí, la llegada de refugiados de Siria cambió los hábitos. Al principio, el café amargo de Abdesamad Abdelqader no convenció a nadie. Pero hoy, este kurdo de Siria tiene sus adeptos, algunos de los cuales se arriesgan incluso a beber su bebida sin azúcar.

En la pequeña sociedad cerrada del Kurdistán autónomo, estos recién llegados, arribados a partir de 2011, cuando estalló la guerra en Siria, trastornaron algunos usos y costumbres, no sólo culinarios, sino también artísticos y lingüísticos, según los sociólogos locales.

Hace seis años, Abdesamad Abdelqader, de 45 años, abandonó Siria para dirigirse a Erbil, capital del Kurdistán iraquí (norte). Allí abrió una tienda que sólo sirve expresos y café sirio -un café turco con sabor a cardamomo, del que hay que dejar decantar el orujo durante mucho tiempo.

La primera semana, cuenta a la AFP, ofreció tazas a todos los comerciantes de la zona en una región donde el té es rey. "El primer año, mis clientes eran 99% los árabes que venían de otras partes de Irak", dice, al mismo tiempo que supervisa el trabajo de sus cuatro empleados, todos ellos sirios.

Con el tiempo, y con un gran refuerzo de cucharadas de azúcar para aligerar la amargura, consiguió vender "de 200 a 300 tazas de café al día a clientes 90% kurdos iraquíes".

-Ligar con las tradiciones-

Los kurdos de Siria y de Irak no comparten la misma lengua, pero se reivindican de un mismo estado que nunca han logrado crear.

En la sociedad kurda iraquí, que no cesa de defender su particularismo frente a las autoridades centrales de Bagdad, mayoritariamente árabes, la acogida de 300.000 refugiados sirios no fue fácil, aunque la mayoría sean kurdos.

Pero a lo largo de los años, "la experiencia de los locales frente a la cultura siria deconstruyó el rechazo histórico del extranjero", afirma Hawzhen Ahmed, doctor en estudios culturales, quien señala que los matrimonios mixtos "contribuyeron a una mayor sociabilidad" entre los kurdos de Siria e Irak.

En las mesas de los restaurantes florecieron platos de hummus, tabuladas y ensaladas frías. También abrieron pastelerías sirias.

Jumana Turki, una árabe casada con un kurdo de Siria, se trasladó a Erbil en 2014. "En aquel momento", dice esta licenciada en sociología de 34 años, "muy pocas mujeres trabajaban". Kurdistán, como Irak, tiene una de las tasas de empleo de mujeres más bajas del mundo (alrededor del 15%). Hoy en día, muchas tiendas emplean mujeres y los mercados y centros comerciales están abarrotados hasta tarde.

"Esto se debe a la influencia de los refugiados sirios", afirma Turki, quien asegura que en Siria es más frecuente que una mujer trabaje o salga por la noche.

Por su parte, Ahmed afirma que "los refugiados sirios demostraron que las culturas de los recién llegados son beneficiosas cuando se enfrentan a las tradiciones y normas locales".

Los kurdos de Siria encontraron en el otro lado de la frontera raíces que habían perdido en la República Árabe Siria, donde las particularidades regionales, sobre todo kurdas, son sofocadas. Antes de 2011, en las regiones kurdas de Siria, llevar el hábito tradicional o los colores de la bandera kurda podía conducir a la cárcel.

En Irak, los kurdos de Siria reanudaron las celebraciones públicas de Noruz, el año nuevo kurdo que, cada 21 de marzo, marca la llegada de la primavera (boreal).