En Kerbala, los peregrinos chiitas celebran la "revancha" contra el EI

Por Ali CHOUKEIR
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Foto de peregrinos chiítas reunidos en la ciudad santa de Kerbala, Irak, el 8 de noviembre de 2017

Arkan al Huseini dejó su provincia de Diyala, al norte de Bagdad, para viajar a Kerbala, como millones de peregrinos chiitas. Este año, dice, en las conmemoraciones del martirio del imam Husein, "Dios se ha cobrado su revancha".

En efecto, en esta ciudad santa del sur iraquí, el Arbain, que marca el final de los 40 días de duelo por la muerte del nieto del profeta Mahoma, se celebra en un contexto particular.

A algunos centenares de kilómetros de ahí, en el desierto occidental de al Anbar, las tropas iraquíes apoyadas por unidades paramilitares mayoritariamente chiitas, están a punto de reconquistar la última localidad aún en manos de los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI), la radical organización sunita.

"Gracias a Dios, el imam Husein venció a los tiranos, los aplastamos con la fuerza que Dios nos dio" afirma a la AFP Arkan, de 68 años, con su rostro enmarcado por una barba blanca, y que lleva una cinta negra en la frente.

- 'Prueba de victoria' -

En el año 680, las tropas del califa Yazid asesinaron al imam Husein durante la batalla de Kerbala, ahondando aún más la fractura entre sunitas y chiitas.

"Hoy, hemos vencido a los hijos de Yazid", asegura el peregrino, que converge junto a millones de personas hacia el mausoleo, con su cúpula cubierta de oro, donde está enterrado el imam Husein.

Cada año son unos 20 millones de peregrinos, que llegan a pie --a veces recorriendo centenares de kilómetros-- o en autobuses fletados. Vienen de todo Irak, pero también del extranjero, en particular de Irán.

"Estos millones de personas son la prueba de la victoria" sobre los yihadistas que durante tres años han multiplicado los actos bárbaros en Irak, atacando a peregrinos chiitas y ensangrentando varias veces el Arbain, exclama Mahmud Mohamed, de 62 años.

Este iraquí de la minoría shabak ha llegado desde Bartalla, cerca de Mosul (norte), la segunda ciudad del país que el EI había convertido en 2014 en la "capital" iraquí de su autoproclamado califato.

"Hoy celebramos la victoria del bien sobre el mal" asegura este hombre, ataviado con una larga túnica negra.

"Ahora que hemos terminado con la gente del EI, nos sentimos en seguridad" en la peregrinación de este año, afirma a la AFP Abdel Husein Farah, de 47 años, que vive en Kerbala.

Sin embargo, como los demás peregrinos --todos vestidos de negro, como él--, ha tenido que pasar cinco controles antes de llegar al mausoleo.

- 'De Beirut a Kerbala' -

Las fuerzas de seguridad, como todos los años, han desplegado a decenas de miles de efectivos en todo el santuario, y vigilan las vías de acceso a éste.

En todo el recorrido, y sobre todo en los alrededores del mausoleo recubierto de mosaicos, se ven múltiples tiendas de campaña al borde de la carretera, coronadas por banderas multicolores. En su interior, los voluntarios atienden y aprovisionan a los peregrinos.

En torno al mausoleo donde está enterrado el imam Husein, la muchedumbre es aún más densa. Peregrinos llegados de Irán, Yemen, Oman, Bahrain, Pakistán o Líbano se mezclan con los iraquíes.

Al ritmo de obstinados cantos religiosos, hombres y mujeres se golpean al mismo tiempo el pecho, en señal de duelo. Entre ellos, Ahmed al Haj Hasan, de 29 años, que vino de Líbano con tres amigos.

Para este joven barbudo, que hizo a pie los últimos 80 kilómetros, era importante hacer esta peregrinación, ante todo "por el imam Husein" pero también para decir que "estamos todos unidos en la victoria".

"Hoy, hemos derrotado a la injusticia que se hizo al imam Husein, desde Beirut hasta Kerbala" afirma, mientras las fuerzas iraquíes y sirias, apoyadas por chiitas libaneses, aseguran haber acabado casi totalmente con el EI.

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