En Afganistán, las fracturas étnicas saltan al ring

Por Anuj CHOPRA
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El luchador pashtún de artes marciales mixtas Ahmad Wali Hotak (d) entrena en un gimnasio de Kabul el 5 de abril de 2017

Un duelo de artes marciales en Afganistán amenaza con provocar un conflicto étnico por el ahínco con el que los pashtunes y tayikos defienden a su campeón en un país ya de por sí muy fragmentado.

Ahmad Wali Hotak, un pashtún, desafió el mes pasado en Facebook a su rival tayiko, Baaz Mohamed Mubariz. Ambos están en los mejores atletas del país en su disciplina, las artes marciales mixtas (MMA).

El combate, previsto para mediados de abril, levanta pasiones, pero también alimenta las tensiones comunitarias. Los aficionados se insultan en internet, suscitando la preocupación de los organizadores, que se plantean anular la contienda.

"Es un combate pacífico, pero mis propios aficionados lo ven como un combate de un pashtún contra un tayiko", lamenta Ahmad Wali Hotak.

"Facebook se ha convertido en un campo de batalla. Algunos ciudadanos que no son pashtunes me atacan y otros, que no son tayikos, se meten con Baaz. Es aterrador", añade.

Todo empezó cuando Hotak publicó a finales de marzo un mensaje en el que retaba a su rival. Ambos prometieron noquear al otro, y se comprometieron a aportar 200.000 dólares para la prima que ganará el vencedor.

El riesgo de violencia es tal que dirigentes de la fuerzas de seguridad y de inteligencias, así como consejeros del presidente afgano, Ashraf Ghani, pidieron a los dos deportistas que suspendieran el combate. Pero Mubariz y Hotak parecen dispuestos a seguir adelante.

"Se trata de un encuentro entre dos atletas afganos y no entre dos grupos étnicos", opina Javid Ahmad, investigador del Modern War Institute de West Point, en Estados Unidos.

"Este evento crea un entorno ideal para que fuerzas externas insidiosas organicen ataques, amplíen las divisiones étnicas y provoquen incidentes de seguridad", agrega.

- 'Somos afganos' -

Afganistán es un mosaico de etnias: pashtunes, tayikos, hazaras, uzbekos y otra decena de grupos menos numerosos.

La brutal guerra civil de los años 1990, liderada en gran parte por grupos étnicos rivales y en la que murieron 100.000 personas, dejó heridas que siguen abiertas.

Los talibanes, de mayoría pashtún, tomaron el poder en 1996 y lo conservaron hasta 2001, cuando fueron derrocados por una coalición internacional dirigida por Estados Unidos y sus aliados afganos, sobre todo tayikos, hazaras y uzbekos.

La violencia étnica ha sido esporádica desde el final de la era talibana, pero el país muestra profundas divisiones y alberga facciones armadas que representan a distintos grupos tribales o étnicos.

"Aspiro a tener una sociedad pluralista en la que la gente no diga 'Somos pashtunes' o 'Somos tayikos'", lamenta un médico de 34 años que vive en Kabul. "En lugar de eso, todo el mundo diría 'Somos afganos'", dice el joven, de orígenes mixtos, pashtún y tayiko.

La brecha se puede ver en la capital, donde algunos barrios que antaño eran mixtos se han convertido en homogéneos desde un punto de vista étnico.

También salta a la vista en el Parlamento, donde algunos diputados pashtunes llamaron esta semana a "lapidar" a un parlamentario tayiko que había pedido el reconocimiento de la Línea Durand, una frontera cuestionada entre Afganistán y Pakistán que separa a numerosas familias pashtunes.

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