Un informe demoledor refleja cómo 20 empresas cárnicas contaminan juntas más que toda Alemania

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La transición ecológica ha llegado para quedarse, y no solo a los titulares de los informativos, sino a la política económica e industrial de este siglo. Nadie en el sector de la energía imagina un futuro que no pase por las energías renovables y la reducción de la dependencia de combustibles fósiles, del mismo modo que las principales marcas del sector de la automoción ponen ya desde hace tiempo parte de su capacidad e inversión en el desarrollo de vehículos eléctricos.

Paradójicamente, sin embargo, el sector de la alimentación parece ser inmune a las preocupaciones por el medio ambiente y a la alarma por el cambio climático. Y ello a pesar de que la ganadería, exclusivamente, representa casi el 15% de las emisiones de efecto invernadero a nivel global.

Las empresas cárnicas contaminan más que muchos estados. (Photo by RONALDO SCHEMIDT/AFP via Getty Images)
Las empresas cárnicas contaminan más que muchos países. (Photo by RONALDO SCHEMIDT/AFP via Getty Images)

De hecho, tan solo veinte empresas ganaderas en el mundo son responsables de más gases de efecto invernadero (GEI) que una economía como la alemana –primera de la UE y cuarta del mundo– o que Francia, o Reino Unido (séptima y quinta respectivamente).

En este sentido, las cinco productoras cárnicas y lácteas más grandes del mundo (JBS, Tyson, Cargill, Dairy Farmers of America y Fonterra) emiten más gases contaminantes que gigantes petrolíferos como Exxon, Shell o BP.

Así lo refleja el ‘Meat Atlas’, un informe exhaustivo sobre el sector cárcnico publicado por la asociación ecologista y sin ánimo de lucro Amigos de la Tierra y la fundación europea Heinrich Böll Stiftung. (En el caso español, Coren es la única compañía de la lista)

La cría de ganado contribuye significativamente a las emisiones de carbono (CO2) y diversos informes científicos han advertido de la necesidad de que los países desarrollados reduzcan sus niveles de consumo de carne y lácteos a la mitad para hacer frente a la emergencia climática.

Sin embargo, según denuncia el informe, entre 2015 y 2020, las empresas cárnicas y lácteas recibieron más de 478.000 millones de dólares por parte de bancos y fondos de inversión y pensiones, principalmente europeos y norteamericanos, a los que señalan por apoyar una producción industrial animal muy perjudicial.

Este enorme empujón financiero, calculan, podría impulsar la producción otros 40 millones de toneladas hasta 2029, un 13% más en una década, hasta alcanzar los 366 millones de toneladas de carne al año. Una fabricación que dominan China, Estados Unidos, Brasil y los países de la Unión Europea.

Por su parte, el consumo aumentará más en los países en desarrollo, aunque seguirán lejos de alcanzar las cifras per cápita de países desarrollados. El protagonismo en los últimos 20 años se lo lleva China, como en casi todo, que ha representado un tercio del crecimiento de la alimentación carnívora y absorbe casi un tercio de la carne del mundo. Y, aún así, su consumo per cápita es todavía menor de la mitad de lo que come una persona de media en EE. UU.

Comparación de emisiones entre las principales empresas cárnicas, los países y las compañías petroleras. (Meat Atlas)
Comparación de emisiones entre las principales empresas cárnicas, los países y las compañías petroleras. (Meat Atlas)

Resistencia antimicrobiana y pesticidas dañinos

El informe también alarma del uso excesivo del uso de antibióticos por parte de la industria, que están llevando a un problema grave de resistencia antimicrobiana que amenaza la efectividad de estos medicamentos y nuestra capacidad de tratar enfermedades infecciosas.

Un desafío al que se une el efecto perjudicial del uso de pesticidas dañinos para los suelos y el medioambiente, así como el maltrato animal, o la deforestación. Además, el acaparamiento de tierras por los gobiernos y la industria en países en desarrollo afecta especialmente a las mujeres, que suponen dos tercios de los trabajadores ganaderos, y que tienen un acceso limitado a la tierra, servicios y propiedad agrícola.

Emerge un nuevo sector

Las alternativas a la carne se están volviendo muy populares entre cada vez más sectores de población. En los últimos años la producción de alimentos sustitutos de la carne ha experimentado un rápido crecimiento aunque aún están muy lejos de suponer una verdadera alternativa y su mercado aún es reducido.

Pero las perspectivas de crecimiento son muy buenas y los expertos predicen una expansión anual global de entre el 20% y el 30% en los próximos años. Las ventas mundiales ya alcanzaron los 4.600 millones de dólares en 2017 y se espera que sigan creciendo.

La clave es que esta nueva industria está sabiendo desarrollar alternativas que han mejorado extraordinariamente tanto técnicamente como en términos de sabor y textura.

Así, a los productos que han estado disponibles durante años en el supermercado, como el seitán –hecho de gluten de trigo– o el tofu, se han unido otros nuevos que cada vez se parecen más a la carne, gracias a proteínas que se modifican para alcanzar el parecido a las fibras musculares. 

Proteínas de guisantes y altramuces, o proteínas derivadas de plantas que, como la hemoglobina en sangre, dan a los alimentos un tono rojizo y un sabor carnoso.

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