Empieza la cuenta atrás de Marlaska al probarse las mentiras sobre Melilla

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha sido acusado de mentir por buena parte de los partidos con representación parlamentaria. (Photo By Jesus Hellin/Europa Press via Getty Images)
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha sido acusado de mentir por buena parte de los partidos con representación parlamentaria. (Photo By Jesus Hellin/Europa Press via Getty Images)

Fernando Grande-Marlaska está ahora en la picota, pero no es el primero. Ni será el último. Si la política tuviera su propia lista de pecados capitales, la mentira sería uno de ellos. Probablemente ocuparía el cajón principal del podio. Pese a que la hemeroteca demuestra que la mayoría de las mentiras son insostenibles en el tiempo y que terminan pasando factura, los políticos se aferran a ellas como a un clavo ardiendo. Lo que demuestra que o caen embriagados por el poder a las primeras de cambio son todopoderosos hasta para imponer su verdad o que pierden el contacto con la calle y, mirando por encima del hombro, creen que el votante es tonto. O las dos cosas a la vez, que también hay casos.

En una de las últimas entregas de este post rememorábamos las mentiras que el Partido Popular soltó en 2002 para intentar que la ola negra de chapapote del 'Prestige' no emponzoñara las alas de la gaviota que presidía su logo. Pero no hubo que esperar demasiado para ver cómo José María Aznar era desalojado del Gobierno de España y cómo Manuel Fraga perdía la Xunta de Galicia para los populares. Hoy en día el que está cumpliendo ese guión de huir hacia adelante es el ministro del Interior del PSOE.

Fernando Grande-Marlaska nunca ha querido contar lo que ocurrió de verdad en la trágica noche del 24 de junio en la que una veintena de migrantes fallecieron en la valla de Melilla. Y sus "mentiras" y "falacias" ya han sido denunciadas por el PP, Vox, ERC, PNV y Unidas Podemos entre otros. Es decir, partidos nacionalistas, de derecha, extrema derecha e izquierda. Algo pasa cuando partidos tan confrontados coinciden en algo.

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Entre ellas, la más relevante para el caso, que hay pruebas que demuestran que sí que hubo muertos en territorio español. Que sí que algunas personas perdieron la vida en la zona operativa de las Fuerzas de Seguridad. Y que, por lo tanto, sí se maniobró de alguna manera para ocultarlo y no tener, así, que investigarlo. O como señalan algunos de los diputados que han podido ver las imágenes, que "se trasladaron cadáveres desde la frontera de España a la frontera de Marruecos". Y que ninguno de los inmigrantes recibía ningún tipo de atención sanitaria. Hay pocos casos de deshumanización tan claros como éste.

Así lo han reconocido algunos de los parlamentarios españoles que se han desplazado en las últimas horas hasta la frontera sur de España, por lo que ya carece de sentido que la comparecencia de Marlaska en el Congreso sea a puerta cerrada. Las explicaciones que debe dar un Gobierno por un atentado contra los derechos más elementales de los seres humanos deben hacerse con luz y taquígrafos. "Esa es la clave para que se pueda conocer qué ocurrió allí y se pueda comprobar que el ministro mintió", insiste el Partido Popular.

A pesar de los intentos de Marlaska por correr un tupido velo sobre lo que sucedió en Melilla, la verdad está saliendo a la luz y se le está indigestando al PSOE donde no todo el mundo piensa que deban comerse este marrón. El ministro del Interior ya ha empezado a experimentar el frío que se siente cuando empiezas a perder el apoyo de los tuyos. Y eso, por lo general, significa una cosa. La cuenta atrás ya ha comenzado, pero antes debería garantizarse que lo del 24 de junio no vuelva a suceder.

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