Elecciones en Kenia: los cinco desafíos que enfrentará el próximo presidente

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REUTERS - BAZ RATNER

El martes 9 de agosto, los kenianos acudirán a las urnas para elegir al sucesor del presidente Uhuru Kenyatta, que tiene prohibido constitucionalmente presentarse a un tercer mandato. La lucha contra el alto costo de la vida, la corrupción y el desempleo de los jóvenes son algunos de los muchos retos que esperan el futuro dirigente de este Estado de África Oriental, reconocido por ser un país estable y considerado como un modelo de democracia en la región.

Kenia, un país de unos 55 millones de habitantes situado en África Oriental, entre la región de los Grandes Lagos y el océano Índico, está a punto de elegir a su nuevo presidente. Los 22,1 millones de ciudadanos habilitados para votar también escogerán diputados y representantes locales del país.

Cuatro candidatos compiten por el cargo supremo, siendo los dos favoritos el actual vicepresidente William Ruto y el antiguo líder de la oposición, ahora apoyado por el gobierno, Raila Odinga.

Odinga, de 77 años, es un veterano político que se presenta por quinta vez al cargo. Es además una figura de la oposición que ha tenido algunos cargos en el Gobierno. Aunque cuenta con una base de apoyo importante, está ampliamente asociado a las dinastías políticas kenianas, que han dirigido al país desde su independencia en 1963 y que hoy son rechazadas por una parte de los votantes.

Ruto, de 55 años, se presenta por su parte como un hombre que se hizo a sí mismo y con un destino excepcional: el del hijo de un campesino que ha subido la escalera del poder keniano. Pero este candidato, con acusaciones de corrupción detrás de él, también ha sido la mano derecha del presidente durante nueve años, antes de enemistarse con él tras la alianza de este con Odinga.

Un país estable, pero con varios desafíos a enfrentar

Kenia, considerado el país más democrático de África Oriental, es también uno de los motores más importantes de la economía africana y la mayor potencia económica de la región, gracias en parte a su dinámico sector financiero, un próspero sector tecnológico y su economía basada en los servicios.

Sin embargo, a pesar de su estabilidad y de sus buenos resultados económicos, el país sigue siendo muy desigual y experimenta actualmente un desánimo político por un lado y el aumento del coste de la vida por el otro.

La principal cuestión del futuro y el tema que más ha marcado la campaña electoral es el de la crisis económica agravada por tres factores: la pandemia del Covid-19 -que ha perturbado el comercio y dañado el sector turístico, fuente vital de ingresos-, una sequía no vista desde hace 40 años y el impacto de la guerra en Ucrania.

Por lo tanto, los futuros líderes del país tendrán que enfrentarse a un gran número de retos:

1. La economía y el poder adquisitivo

“Lo primero que esperan los kenianos es que cambie ya la situación actual”, precisa David Soler, director del medio de comunicación 'África Mundi' en entrevista para France 24. “Hay mucha gente que ha pasado de dos comidas a una al día”, añade.

A principios de julio, los kenianos se manifestaron y amenazaron con boicotear las elecciones generales si no bajaban los precios de los productos básicos, que se han disparado debido a la guerra en Ucrania. Kenia suele importar una quinta parte de su grano de Rusia y un 10% de Ucrania.

El 20 de julio se prometió una ayuda gubernamental para reducir el precio de la harina de maíz, con la que se prepara la comida básica en el país; una medida que muchos consideraron insuficiente.

"El pan típico se ha reducido a la mitad de su tamaño para poder mantener un precio de 10 Shilling", describe David Soler.

Según el Banco Mundial, se espera que el crecimiento caiga de un 7,5% alcanzado en 2021 a una media del 5,2% en 2023-2024.

La agricultura, uno de los pilares de la economía de Kenia, se encuentra actualmente de capa caída debido, entre otros factores, a la disminución del suministro de fertilizantes -cuyo precio se ha disparado- y a la sequía sin precedentes que ha afectado al país.

Luego de tres temporadas de lluvias, la sequía está causando estragos en muchos condados del norte y el este de Kenia, donde los pozos se han secado y los rebaños han quedado diezmados. Según la ONU, más de 465.000 niños menores de 5 años sufren desnutrición y la inseguridad alimentaria afecta ya a 2,5 millones de personas.

2. El problema de la deuda

Para apoyar el desarrollo del país, los sucesivos gobiernos han llevado a cabo desde 2008 un ambicioso programa denominado Vision2030, un plan de desarrollo centrado principalmente en grandes proyectos de infraestructuras. Para ello, bajo los dos mandatos de Uhuru Kenyatta, la deuda se ha cuadruplicado con creces hasta alcanzar casi 70.000 millones de dólares.

China es ahora el segundo mayor donante de Kenia, detrás del Banco Mundial. Para la emblemática línea de tren que une Nairobi con el puerto de Mombasa, Beijing prestó 5.000 millones de dólares.

Si bien el FMI -que prestó a Kenia 2.340 millones de dólares el año pasado- se congratuló en julio del aumento de los ingresos fiscales del país, también advirtió que "Kenia sigue expuesto a elevados riesgos de endeudamiento".

Una alta deuda para inversiones que no siempre se traducen en mejoras en la vida cotidiana de los ciudadanos.

"En los últimos años, Kenia, aunque ha crecido mucho macro-económicamente, los ciudadanos de a pie no lo notan", subraya David Soler. "Los ciudadanos ven que hay proyectos grandes, infraestructuras, que parece que el país vaya avanzando, pero ellos no ven el dinero", insiste.

3. Una corrupción a una escala asombrosa

En su último índice de percepción sobre la corrupción mundial, la ONG Transparencia Internacional situó a Kenia en el puesto 128 de 180.

Y es que la malversación de dinero público es vertiginosa. Entre las transacciones que han conmocionado a la opinión pública se encuentra, por ejemplo, la compra en 2018 por parte de la Agencia Nacional de la Juventud de un solo neumático por un monto de un millón de dólares, o unos pedidos de carne por 8,5 millones de dólares.

En los últimos diez años, la corrupción se ha disparado: + 240% solo en los contratos públicos, según Transparencia Internacional, lo que tiene un costo elevado: cada año se pierden 6.000 millones de dólares del presupuesto del Estado, frenando así los proyectos de inversión en la salud y la educación públicas.

4. El desempleo reina entre los jóvenes

Con tres cuartas partes de la población menor de 34 años, la juventud es uno de los puntos fuertes de Kenia, pero su integración en el mercado laboral es también uno de sus principales retos.

Según las cifras oficiales publicadas en 2020, cinco millones de jóvenes estaban en desempleo. Alrededor de medio millón de ellos se gradúan de la educación superior cada año, con la corrupción y el nepotismo como obstáculos para su integración en el mundo profesional.

5. El desafío de la unidad en un país con más de 40 grupos étnicos

Kenia es un país con docenas de grupos étnicos diferentes donde las elecciones han sido a veces violentamente disputadas. En 2007-2008, más de 1.100 personas murieron en enfrentamientos político-étnicos y cientos de miles fueron desplazados.

Por primera vez, desde 2002, el próximo jefe de Estado no será un kikuyu, el mayor grupo étnico del país. Raila Odinga y William Ruto son luo y kalenjin, respectivamente.

El sucesor de Kenyatta deberá, por tanto, construir un nuevo equilibrio político-étnico y evitar los riesgos de confrontación en un país donde la pertenencia comunitaria, instrumentalizada desde la época colonial, es un elemento esencial del tablero político y social.

Con AFP