Tras las elecciones, Alemania entra en un periodo de incertidumbre

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Los comicios del domingo en Alemania, que dejaron en primer lugar a los socialdemócratas liderados por Olaf Scholz, revelaron un país profundamente fragmentado, lo que probablemente dificulte la búsqueda de un gobierno de coalición.

Cuando en la madrugada del lunes 27 de septiembre se publicaron los resultados finales de las elecciones federales de Alemania, se confirmó también lo que ya muchos habían previsto: que a la principal potencia económica de Europa probablemente le espera una etapa de incertidumbre.

Las dos fuerzas políticas principales del país -el bloque conservador CDU/CSU y los socialdemócratas del SPD- apenas terminaron separadas por 1,6% de los votos a favor de los socialdemócratas, un resultado que augura dificultades.

Y es que en Alemania, el día de las elecciones rara vez se conoce con certeza cómo será el nuevo gobierno.

Una vez se cuentan los votos y se sabe qué tan fuertes son los partidos en el Parlamento, comienza el proceso clave de sondear y negociar para formar una coalición.

Y este es un proceso que podría durar meses, en especial teniendo en cuenta lo fragmentado que está el panorama político.

¿Quién liderará el país?

Si bien los socialdemócratas terminaron en primer lugar, eso no les garantiza que logren gobernar. Tanto el SPD como los conservadores anunciaron que quieren liderar una coalición.

Esto significa que el foco de atención estará también en los posibles socios minoritarios y, en particular, en los Verdes y los liberales del FDP.

Los Verdes no lograron su objetivo principal -terminar en primer lugar- pero sí mejoraron ostensiblemente su resultado en comparación con las elecciones de 2017.

Los liberales también aumentaron su participación parlamentaria y junto con los Verdes lograron atraer votos jóvenes y, sobre todo, a votantes primerizos.

Estos dos partidos, por tanto, podrían determinar cómo será el nuevo gobierno alemán y quién ocupará el puesto de Angela Merkel.

Y ya han dado indicaciones de que podrían incluso negociar primero entre ellos y luego escoger con cuál de los dos partidos mayoritarios gobiernan. Esto sería altamente inusual en la política alemana.

Pero esas negociaciones no serán fáciles: los Verdes tienen más cercanía con los socialdemócratas, mientras los liberales han sugerido que preferirían gobernar con el bloque conservador.

Independientemente de quien lidere la nueva coalición, lo que parece evidente a estas alturas es que el nuevo gobierno de Alemania estará formado por tres partidos y no, como se acostumbraba, por dos.

Un país dividido y en incertidumbre

Además de estos posibles escenarios, los análisis poselectorales también se están enfocando en los detalles de esa fragmentación política.

En Alemania era habitual que los dos principales bloques -CDU/CSU y SPD- atrajeran diferentes grupos electorales y obtuvieran en las urnas un claro mandato para formar gobierno.

En 2013, por ejemplo, Merkel y su bloque conservador ganaron con el 41,5 por ciento de los votos. Y en 1998, cuando ganaron los socialdemócratas de Gerhard Schroeder, lo hicieron con el 40,9 por ciento.

En los actuales comicios, CDU/CSU obtuvo su peor resultado de la posguerra y el SPD se convirtió en el ganador electoral más débil.

Una razón tiene que ver con los candidatos a canciller, que no lograron convencer del todo a los votantes y que, además, tenían de antemano la meta difícil de reemplazar a Merkel, una canciller de mucho peso que, incluso en los últimos meses, continuó siendo una líder altamente popular.

Estar a la sombra de la canciller no ayudó a los candidatos y esto, a su vez, dificultó la decisión de los electores, que se enfrentaban al inusual panorama de ayudar a decidir una nueva era política tras 16 años. Hay una generación entera que sólo conoce a Merkel como canciller.

Los conservadores, en especial, tuvieron problemas para atraer votantes sin Merkel como la figura principal. Y no ayudó que su candidato, Armin Laschet, hubiera cometido varios deslices.

Pero el resultado electoral también tiene que ver con las divisiones políticas propias del país. Una de ellas es la edad: mientras los electores mayores apoyaron a los partidos tradicionales, una buena parte de los votantes menores de 25 años les dieron la espalda.

Lo que todo esto significa es que los grandes bloques políticos no tendrán un peso contundente durante las negociaciones que comenzarán próximamente.

Es diciente que los dos partidos llamados minoritarios -Verdes y FDP- obtuvieron, en conjunto, un mejor resultado que los socialdemócratas o los conservadores.

Y es aún más diciente que los liberales y los Verdes hayan dado indicaciones de que les interesa negociar primero por su cuenta y luego incluir a los otros.

A Alemania, por tanto, le esperan semanas, incluso meses, de incertidumbre. El país estará concentrado en negociar cómo serán los próximos cuatro años y, sobre todo, quién sucederá a Merkel como canciller del país.

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