El zika ataca las neuronas atacando primero a las células encargadas de acabar con él

Microfotografía mostrando células de la microglía (en verde) infectadas por el virus Zika (en azul). Crédito: UC San Diego Health
Microfotografía mostrando células de la microglía (en verde) infectadas por el virus Zika (en azul). Crédito: UC San Diego Health

En los últimos tiempos se ha hablado mucho del virus Zika. Principalmente, porque se ha convertido en un problema de salud de primer orden. Pero también porque en esta infección “pasan cosas raras”, se dan situaciones para las que no hay explicación científica convincente. Un de ellas es cómo puede pasar el virus de la madre al feto e impedir el desarrollo normal del cerebro. Aunque gracias a un artículo reciente, ya hay explicación.

Y resulta bastante curiosa y hasta cierto punto preocupante. Porque el virus Zika emplea una estrategia que podríamos llamar “de caballo de Troya”. Lo que hace es infectar a las células que normalmente se encargaría de acabar con él, y desde ahí infectar al resto de neuronas.

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Vamos a entrar en detalle. Durante los primeros pasos del desarrollo – periodo conocido como embriogénesis – el sistema nervioso aún no se ha desarrollado. Pero ya tiene las células precursoras. Las que darán lugar al tejido nervioso se denominan células progenitoras de neuronas. También están las encargadas de proteger este tejido, conocidas como microglía.

Estas últimas tienen una función muy concreta: limpiar de restos celulares, plaquetas y otros “residuos” el tejido circundante. Bien, pues es en ellas donde se acumula el virus Zika, y desde ahí ataca las células progenitoras. Con esta estrategia consigue dos cosas: cercanía para infectar, y sobre todo pasar desapercibido para las defensas del cuerpo.

El resultado ya es conocido. Como ataca a las neuronas en desarrollo, disminuye y mucho su número. Los bebés nacidos con Zika muestran microcefalia, un desarrollo inadecuado del sistema nervioso central.

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Para demostrar este hecho, los investigadores han empleado cultivos celulares. Como es obvio, por otra parte, ya que hasta no estar seguros de saber lo que se busca no se realizan estudios en humanos. Pero esto presenta una ventaja, u oportunidad, importante.

Durante la realización del experimento, los investigadores han podido probar fármacos. Medicamentos que originalmente estaban pensados para otros virus, pero que viendo cómo actúa y se comporta el Zika podían tener utilidad. Y vaya si la tienen.

Resulta que el famoso Sovaldi, el medicamento contra la hepatitis del que tanto se ha hablado por su desorbitado precio, actúa sobre los virus del Zika, y es capaz de reducir su número durante esta fase de “caballo de Troya”. Vaya, que consigue que el Zika no afecte tanto a los fetos en desarrollo.

Esto ofrece una esperanza. Es cierto que las pruebas en cultivos celulares no son iguales que en personas. Pero ofrecen pistas importantes, y de hecho es la manera en que se debe trabajar. Igual estamos un poco más cerca de paliar los problemas del Zika, antes de que se convierta en una pandemia.

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