El vuelo más largo sin escalas aterrizó en Sídney procedente de Nueva York

El Boeing 787 Dreamliner de Qantas que despegó el viernes de Nueva York y aterrizó este domingo en Sídney tras un vuelo de más de 19 horas, el 20 de octubre de 2019

El vuelo más largo sin escalas de la historia aterrizó este domingo por la mañana en Sídney, procedente de Nueva York, después de más de 19 horas de viaje, una proeza que la aerolínea australiana Qantas quiere convertir en un éxito comercial.

El vuelo experimental QF7879 estuvo en el aire exactamente 19 horas y 16 minutos.

Es el primero de una serie de tres vuelos con los que la compañía australiana Qantas se propone evaluar este año la viabilidad de los vuelos ultralargos para la creación de líneas comerciales regulares. También volará de Londres a Sídney.

El director general de Qantas, Alan Joyce, lo calificó de "momento realmente histórico" para la aerolínea y para el mundo de la aviación.

"Es el primero de tres vuelos experimentales con los que veremos qué recomendaciones se pueden hacer sobre cómo manejar el cansancio de los pilotos, así como el desfase horario de los pasajeros", declaró a los periodistas a su llegada a Sídney.

"Después de 19 horas en este vuelo creo que lo hemos hecho bien. Tengo la impresión de haber estado en un vuelo bastante más corto que esto", añadió.

El Boeing 787-9 despegó el viernes por la noche del aeropuerto JF Kennedy de Nueva York con tan sólo 49 personas a bordo, esencialmente empleados de Qantas. El peso se redujo, lo que permitió embarcar suficiente cantidad de carburante para los 16.000 kilómetros del trayecto.

Cuatro pilotos se relevaron por turnos a los mandos de la aeronave.

A bordo del vuelo de Qantas viajaron investigadores de dos universidades australianas para observar cómo duermen y se alimentan los pasajeros y controlar su nivel de melatonina, "la hormona del sueño".

Una vez a bordo, los pasajeros ajustaron los relojes a la hora de Sídney y se mantuvieron despiertos hasta que se hizo de noche en el este de Australia. Se les ayudó con la iluminación, el ejercicio, cafeína y una comida picante.

Al cabo de seis horas, les sirvieron una comida rica en carbohidratos, se les pidió que evitaran las pantallas y se atenuaron las luces para que pudieran dormir toda la noche.

Los pilotos también llevaron sensores que medían la actividad cerebral y el estado de alerta.