El voto latino ha crecido de modo récord pero aún tiene un enorme rezago a nivel de participación electoral

Por años se ha planteado que el voto de los hispanos puede ser decisivo en las elecciones estadounidenses. Pero aunque ya se ha expresado de ese modo en elecciones a escala local y en ciertos casos a nivel estatal y del Congreso, aún queda mucho por andar para consolidar el poder político de los latinos a través de su cada vez más considerable voto potencial en elecciones presidenciales.

Ciertamente, el voto hispano en Estados Unidos es cada vez más cuantioso e influyente y con un potencial enorme. De acuerdo a datos del Centro Pew, actualmente viven en Estados Unidos 29 millones de latinos con capacidad de emitir su voto en las elecciones del 6 de noviembre. Los votantes hispanos ya son 12.8% del electorado potencial. Tan solo entre 2014 y 2018 se añadieron 4 millones de latinos a ese grupo clave.

Con todo, hay factores que han limitado el crecimiento de la influencia del voto latino en Estados Unidos.

En Nevada y otros estados se realiza una intensa labor de registro de votantes latinos. (AP)
En Nevada y otros estados se realiza una intensa labor de registro de votantes latinos. (AP)

El primero es que, en realidad, aunque cada vez más latinos votan a escala federal, también crece la cantidad de los que se abstienen o, para ser más preciso, no emiten su voto. Es una circunstancia que luce contraintuitiva pero que es, al menos en lo cuantitativo, un freno y una oportunidad a la vez.

Al comparar elecciones intermedias (que en sí son menos concurridas que aquellas en las que se elige presidente), en las votaciones de 1986 votaron 2.9 millones de latinos de 7.5 millones de votantes potenciales. En cambio, en 2014 los votantes hispanos sumaron 6.8 millones de un total de 25.1 millones posibles. Esas cifras señalan que la brecha entre los ciudadanos latinos en edad de votar y aquellos que emiten su voto, y por ende participan en la dinámica cívica y pueden incidir políticamente en las autoridades y, por extensión, en las decisiones que los afectan, se ha ahondado sustancialmente, al menos en lo relativo a las elecciones intermedias recientes.

De ese modo, si bien es auspicioso que cada elección voten más hispanos –y los esfuerzos para convocarlos, hacer que se registren para votar y luego emitan su sufragio han sido también intensos– son muchos los que no responden a ese llamado. Y también son muchos, y cada vez más, los que podrían hacerlo y en ese sentido ese rezago es una oportunidad inmensa.

Las cifras lo ilustran: en 1986 votó el 38.6% de los hispanos con capacidad de hacerlo, cifra que en 2014 fue del 27.09%. Y en términos de individuos, 4.6 millones de latinos con capacidad de voto no la ejercieron en 1986, cifra que fue 18.3 millones.

¿Qué se lograría en términos de influencia política si los millones de votantes latinos que se quedan en casa en las elecciones acudieran en masa a votar? El despertar de ese ‘gigante dormido’, que no ha acabado de desperezarse, podría sacudir políticamente a escalas local, estatal y federal.

En general, el crecimiento de los votantes hispanos potenciales y efectivos se debe a que una considerable cantidad de jóvenes cumplieron los 18 años, la edad mínima para votar, y a que un número también importante de personas –en gran medida de origen mexicano– se naturalizaron de 2014 a la fecha. Pero también ha influido en ello de forma importante la concientización y motivación realizada por organizaciones diversas para promover el voto latino.

Aún queda camino por andar para llevar la participación electoral latina a desarrollar su potencial. El despertar de ese 'gigante dormido' podría crear importantes transformaciones políticas. (Reuters)
Aún queda camino por andar para llevar la participación electoral latina a desarrollar su potencial. El despertar de ese ‘gigante dormido’ podría crear importantes transformaciones políticas. (Reuters)

En contrapartida, queda la gran duda de por qué todo ello no ha logrado incrementar el porcentaje de votantes latinos efectivos en comicios intermedios y por qué tantos, en cantidades crecientes, se quedan sin votar.

El talante de ese tipo de elecciones es en sí una causa (en general los votantes de todos los grupos participan menos en ellas) y en ello tiene que ver que, al no elegirse presidente, existe la impresión de que esas elecciones son menos relevantes o influyentes. Pero al renovarse la Cámara de Representantes y un tercio del Senado esas elecciones pueden cambiar la balanza política y liberar o atar al presidente en turno. En buena medida eso se vio en 2014: la oleada republicana quitó al Partido Demócrata el control del Senado y Barack Obama, por solo dar un ejemplo, no logró la ratificación de su candidato a la Corte Suprema. En cambio, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, esa mayoría republicana le permitió, con todo y sus traspiés y crisis internas, ratificar a dos jueces conservadores en la Corte Suprema.

De cara al futuro, el potencial del voto latino es grande y por ello la participación electoral es decisiva. El salto en ello se mostró en 2016, en las elecciones presidenciales, donde se estima, de acuerdo al Pew, que votaron 12.7 millones de hispanos, una cifra récord, equivalentes al 47.56% del voto potencial.

La presencia de Trump como candidato y, posiblemente, la constatación de que el vuelco de 2014 tuvo a la postre un peso adverso para las comunidades latinas impulsaron ese voto, que con todo quedó debajo de la participación a escala general (que fue cercana al 60%).

Es posible que en 2018 no se logre el mismo nivel de participación de votantes latinos que en 2016, pero el salto visto en la pasada elección presidencial y la crispación en la comunidad hispana desatada por Trump y las políticas republicanas podría ser un motivador importante.

Los esfuerzos de registro de votantes hispanos han sido intensos en muchas regiones del país y, en algunas instancias, el voto hispano podría ser decisivo. Por ejemplo, en Florida, los votantes puertorriqueños en específico (y los latinos en general) podrían inclinar la balanza en las elecciones para senador federal y gobernador. Ese podría ser el caso también en las elecciones al Senado federal y de gobernador en Arizona y en elecciones de representantes federales en varios estados. En California, por ejemplo, el voto latino podría dar a los demócratas varios escaños que han sido republicanos por largo tiempo y con ello sumar a un probable cambio en la mayoría en la Cámara baja.

Votantes latinos emiten su sufragio en Los Ángeles. (Getty Images)
Votantes latinos emiten su sufragio en Los Ángeles. (Getty Images)

En todo caso, achicar la brecha entre el voto potencial y el real es un imperativo. La acción de más votantes latinos permitirá plantear sus exigencias de modo más directo, lograr una mayor atención a sus necesidades y problemas e incrementar su influencia general. Permitirá, en ciertos casos, la llegada de más latinos a puestos de elección popular (lo que es clave, para empezar, a escala local), impulsar la conciencia cívica comunitaria y podría ser un factor transformativo en las elecciones presidenciales.

En este último caso, el crecimiento de la población latina y sus votantes en estados como Arizona y Texas, que han sido mayoritariamente republicanos en las elecciones presidenciales, podría catalizar un vuelco político de repercusión nacional pues si esos estados se volvieran competitivos –como ya es el caso de Florida– el cálculo político en las elecciones presidenciales cambiaría de modo importante.

Queda por ver, así, si el ‘gigante dormido’ seguirá recostado o sonámbulo o si reacciona en mayores proporciones y asume a cabalidad su lugar en la mesa política.

Sigue a Jesús Del Toro en Twitter: @JesusDelToro

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