El virus de un alga es capaz de condicionar la atmósfera y sembrar el cielo de nubes

Javier Peláez
Coccolito (esqueleto de carbonato cálcico) de una microalga Emiliania huxleyi | Wikicommons
Coccolito (esqueleto de carbonato cálcico) de una microalga Emiliania huxleyi | Wikicommons

La imagen superior corresponde al exoesqueleto de un microorganismo llamado Emiliania huxleyi, una especie de alga unicelular que representa uno de los componentes más abundantes del fitoplacton. Cuando estas microalgas mueren, sus cáscaras, compuestas de carbonato cálcico y conocidas como coccolitos, caen al fondo del océano y se acumulan con otros materiales para terminar convertidas en rocas sedimentarias. Sin embargo, no todas terminan en el fondo del mar, muchas de ellas terminan flotando en el aire y convirtiéndose en la semilla donde el vapor de agua se condensa para formar gotas de lluvia.

Estas pequeñas algas significan la base de alimentación de miles de especies en los mares de todo el mundo y son tan abundantes que pueden llegar a cubrir miles de kilómetros cuadrados de océano, como podéis comprobar en muchas imágenes tomadas por satélite. Sabemos que el esqueleto de estas numerosas algas termina por descomponerse, convirtiéndose en partículas que dispersan la luz y producen niebla, pero también sirven de soporte a la condensación de agua de lluvia… lo que no sabíamos es cuál era la influencia real de estos coccolitos en la formación de nubes.

Esto es precisamente lo que han analizado investigadores del Instituto de Ciencia Weizmann (Israel) en un trabajo publicado en la revista Cell, que ha sorprendido a todos los expertos al cuantificar el importante papel que juegan en nuestra atmósfera estas algas, y también un virus que las ataca.

Floración de fitoplacton en las costas del Golfo de Alaska visto desde el espacio | imagen NASA/NOAA
Floración de fitoplacton en las costas del Golfo de Alaska visto desde el espacio | imagen NASA/NOAA

Las algas Emiliania huxleyi mueren de forma natural. Sin embargo también pueden sufrir grandes bajas cuando las ataca un virus específico, conocido como EhV, capaz de mermar las poblaciones de fitoplacton consiguiendo además que, al morir, las cáscaras y esqueletos de carbonato cálcico de estas microalgas se multipliquen rápidamente.

Los investigadores israelíes querían saber cómo afecta este virus a la propagación de coccolitos y el resultado ha sido mucho más importante del que esperaban. Para realizar el experimento los científicos midieron la cantidad de coccolitos antes y después de la infección por virus. Al comienzo de las pruebas, cada mililitro de agua contenía aproximadamente 20 millones de coccolitos de flotación libre. A estas microalgas se añadieron virus EhV y descubrieron que, solo 5 días después de ser infectadas, la cantidad de coccolitos en el agua había aumentado casi 10 veces la cantidad inicial, es decir: 200 millones de coccolitos por cada mililitro de agua.

El número de coccolitos se multiplicó por 10 solo cinco días después de que el virus EhV infectara las microalgas | imagen Miri Trainic, Ilan Koren, et al.
El número de coccolitos se multiplicó por 10 solo cinco días después de que el virus EhV infectara las microalgas | imagen Miri Trainic, Ilan Koren, et al.

La gran abundancia de estas partículas puede alcanzar grandes superficies y proporcionar una base importante para la condensación de vapor de agua, pero también influye en otros fenómenos atmosféricos como la temperatura del agua o la reflexión de la luz en la atmósfera. Patricia Quinn, experta en meteorología del NOAA, sostiene en Science Magazine que esta abundancia de coccolitos, multiplicados además por los virus que los infectan, pueden estar influyendo de manera notable en la química atmosférica.

Los resultados de este trabajo son sorprendentes porque nos dan una primera visión de la importancia del fitoplacton en aspectos globales como la atmósfera y la formación de nubes, pero se necesitan más estudios para concretar y medir con más exactitud cómo afecta esta proliferación de coccolitos de microalgas infectadas por virus en comparación con su proceso natural.

Referencias científicas y más información:

Sid Perkins “This alga may be seeding the world’s skies with clouds” Science Mag

Miri Trainic, IlanKoren, Shlomit Sharoni, Miguel Frada, Lior Segev, Yinon Rudich, Assaf Vardi “Infection Dynamics of a Bloom-Forming Alga and Its Virus Determine Airborne Coccolith Emission from Seawater” IScience, Cell Press doi:10.1016/j.isci.2018.07.017