El uso de aguas residuales en la agricultura y su peligro para tu salud

Nigel Homer [CC BY-SA 2.0], via Wikimedia Commons
Nigel Homer [CC BY-SA 2.0], via Wikimedia Commons

A muchos ni se nos pasa por la cabeza pensarlo, pero ¿con qué agua se riegan los campos de cultivo? Gran parte de nuestros recursos hídricos están afectados, por lo que no es raro que las aguas que terminan regando nuestras comidas no estén tan limpias como nos gustaría. Según un estudio reciente, se usa mucha más agua “sucia” de la que se pensaba. Hasta un cincuenta por ciento más.

Lo primero que hay que aclarar es a qué nos referimos con “agua sucia”. El estudio se centra en un tipo de impacto concreto: aguas residuales urbanas. Es decir, aguas fecales principalmente. Pero con un matiz importante: no siempre son aguas fecales sin tratar.

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En muchas ocasiones se trata de aguas que no se han terminado de depurar… y que se mezclan con aguas limpias. Esto puede ocurrir por muchos motivos, pero el principal es sencillo: si las depuradoras no tienen capacidad para tratar el volumen completo de aguas residuales, se tratan las aguas parcialmente y luego se diluyen para limitar su impacto. Algo así como la solución menos mala.

Bien, una vez que sabemos esto, hay que hablar de los motivos. Y son varios y muy difíciles de diferenciar. Sin embargo, se pueden dividir en dos tipos. En el primer caso es simplemente desinformación – los agricultores no saben hasta qué punto el agua está afectada o no – o bien que no existe otra fuente de agua de riego.

El segundo caso es un interés en emplear aguas “sucias”. Que tienen un alto contenido en materia orgánica, es decir nutrientes que las plantas pueden emplear. Y que, por lo tanto, reducen la cantidad de fertilizantes necesarios o incluso evita que haya que emplearlos. Este caso, por suerte, es el que menos se da.

¿Por qué decimos que por suerte el caso que menos se da es el de agricultores que limitan el uso de fertilizantes, generalmente químicos y con un alto impacto ambiental? Porque las aguas fecales no son las mejores compañeras de una cosecha. Sí, limitan el uso de ciertos productos, pero no lo hacen sin generar problemas.

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Que son muchos, pero tal vez el más notable sea la contaminación de los alimentos. Junto con la materia orgánica, las aguas residuales llevan bacterias. Y estas, en muchas ocasiones, generan problemas de salud. La contaminación de los productos agrícolas con ciertas cepas de bacterias como Escherichia coli puede generar serios problemas de salud, y tener un impacto económico y comercial tremendo.

Todo esto está muy bien, pero ¿cuál sería la solución? Por suerte es sencilla, y por desgracia cara. La mejor manera de solucionar este problema es redimensionar las plantas de depuración de agua – hacerlas más grandes, dividirlas en dos y un largo etcetera – , y realizar seguimientos más exhaustivos de los recursos hídricos de los campos de cultivo.