El tráfico ilegal del pangolín sigue siendo un problema

El pangolín es un animal curioso. Primero por su aspecto, que suele asociarse a una alcachofa con patas. Pero especialmente porque es poco conocido, a pesar de tratarse de uno de los mamíferos más amenazados del planeta. Y las conclusiones de un estudio reciente demuestran, una vez más, que el pangolín sigue muy amenazado.

Una aclaración antes de continuar, que es muy importante. Hablamos de “el pangolín”, aunque en realidad se trata de un conjunto de ocho especies del género Manis, distribuidas entre África y Asia. Y se hace así porque las amenazas, y las razones de éstas, son las mismas para las ocho especies.

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Un ejemplar de pangolín camina durante una rueda de prensa de las autoridades tailandesas después de descubrir y confiscar animales de esta especie con los que se trataba de comercia de forma ilegal el 31 de agosto de 2017. REUTERS/Prapan Chankaew

Los pangolines son muy apreciados en Asia por su carne y sus escamas. No porque tengan un sabor o aspecto maravilloso –que eso depende de cada cual– si no por su utilización en medicina tradicional, especialmente como supuesto afrodisíaco.

Pero las poblaciones de las especies asiáticas están muy amenazadas, y su caza muy controlada. La caza furtiva, porque caza legal de este animal no se permite. Así que quienes desean pangolín han tenido que buscar en otro lugar.

Compra de pangolín en África

En concreto, en África Central. Aquí se da un caso curioso, y es que la caza de pangolín, si se realiza de manera tradicional y para subsistencia –esencialmente, alimentación propia– está permitida. Incluso un cierto comercio, pero sólo local.

Que nos podrá parecer mejor o peor, pero es la realidad. Lo que no cuadra son los precios que alcanzan los pangolines en los mercados locales. Desde 2002 a 2014 el precio que alcanzan estos animales en los mercados locales se ha incrementado en 45 veces. Lo que, dicho de manera directa, es una burrada.

Frente a esta realidad, los investigadores comenzaron a analizar el por qué de este incremento de precio. Y detectaron que la mayoría de las compras de pangolín, generalmente animales enteros, las realizaban individuos conectados con trabajadores asiáticos, presentes en la zona para trabajar en infraestructuras, explotaciones petrolíferas e industrias similares.

Parecía clara la conexión: los locales compraban los pangolines “de manera legal”, y se la vendían a ciudadanos con contactos en países asiáticos, donde se aprecia mucho este animal y se pagan precios muy altos. El problema es que este comercio ilegal no sigue las rutas esperadas.

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El pangolín, en peligro de extinción, es el mamífero más afectado por la caza furtiva. En algunas ocasiones, las autoridades de las aduanas chinas han llegado a confiscar más de 3 toneladas de las codiciadas escamas del animal. (AFP | Jean Michel CORNU)

Y digo problema, porque si fuese así resultaría más sencillo atajar el problema. El comercio de carnes exóticas sigue unas rutas relativamente bien conocidas, por lo que la supervisión es muy alta. Pero los pangolines siguen otra ruta, que comparte con otro producto considerado de lujo.

Los comerciantes ilegales de marfil han aprovechado su, por llamarla de alguna manera, infraestructura para comerciar con pangolines. Estas rutas son mucho más complejas de seguir, supervisar y eliminar. Por la sencilla razón de que mueven mucho más dinero, lo que permite a los furtivos establecer estrategias más desarrolladas.

Así que la solución estaría en tratar el tráfico ilegal de pangolín como el de marfil. Esto lo hace más complicado, pero al mismo tiempo facilita las cosas porque ya se sabe por dónde tratar de atajar el problema. Pero queda un pequeño factor más, muy relevante y sobre el que los investigadores piden que se centre la atención.

Decíamos al principio que la caza de pangolín se permite mientras sea de subsistencia, y con técnicas tradicionales. Pero lo que se ha podido comprobar es que la mayoría de las piezas de caza no provienen de esta vía. Aparecen como resultado de grupos especializados en caza furtiva, que no sólo existen si no que suponen un grave problema para la conservación de especies en muchos lugares del mundo.

Centrar la atención en la manera en que se caza, en cómo llegan las piezas de caza furtiva a los mercados, y cómo salen de esta ruta “legal” hacia las rutas de comercio de marfil será la única manera de proteger realmente al pangolín. No es sencillo, pero al menos ya se sabe cómo y por dónde empezar.