El 'Tibu Jarocho', la genial mascota que no merecía un equipo tan malo como el Veracruz

Tibu Jarocho. (Foto: Francisco Estrada/JAM MEDIA)

Como negocio que es el fútbol, equipos vienen y van sin importar la fidelidad y cariño que la afición pueda desarrollar sobre ellos.

Desde nuestro palco de aficionados hemos visto equipos que tenían el potencial para ser una agradable propuesta y opción para aquellos que ven en este deporte un gran medio de entretenimiento mediático. Así llegaron escuadras a la Primera División como Ángeles de Puebla, Colibríes de Cuernavaca, Reboceros de la Piedad, Club Atletas Campesinos, Unión de Curtidores, Jaguares de Chiapas y otros que obedecieron las reglas del fútbol nacional y descendieron con la esperanza de verlos volver algún día a la división mayor, como el Atlante o el Zacatepec.

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Pero a diferencia de todos estos de los que guardamos algún agradable recuerdo o simplemente se alojaron en nuestra memoria por los nombres, mas que por los logros, ninguno ha gozado tanto de una fiel afición y una carismática mascota como el Veracruz, club que al parecer tiene los días contados debido a los catastróficos manejos de sus dueños.

A finales de la década de los 80, Veracruz regresó a la Primera División para darle otro color al fútbol mexicano. Tuvo llamativas y escandalosas contrataciones, como José María Bakero y René Higuita, y nunca mantuvo un paso firme para lograr un campeonato. Era más común ver a los Tiburones pelear por no descender, que verlos en una liguilla asiduamente.

Y tras todo este tiempo surgió un personaje que parece ser la única fuente de sonrisas y alegría para una afición que parece resignada a aceptar cualquier resolución que la Federación Mexicana de Fútbol indique sobre el Veracruz.

Desde hace varios años, Tibu Jarocho es la máxima figura del club, dentro y fuera de las canchas. Los jugadores, sea lo que pase con el equipo, seguro encontrarán acomodo en otros clubes o se retirarán de la canchas, como el caso de Salcido. Otros seguirán peleando por sus salarios caídos y algunos más se desvanecerán en la oscuridad del limbo que el olvido futbolístico inevitablemente cubrirá.

Tibu Jarocho, la figura emblemática de los escualos no correrá con la misma suerte de los jugadores que encuentren acomodo en otro club, en otra ciudad. Se extrañará su gran labor en las gradas, en las fiestas infantiles, en la promoción de partidos en las afueras del Luis ‘Pirata’ Fuente, en los promocionales de TV Azteca que se encargaron de elevarlo al nivel de figura.

Se extrañará sin duda su creatividad en los atuendos que presumía puntualmente de acuerdo a la ocasión.

Esta mascota es parte del cosmos deportivo mexicano, donde conviven pacíficamente el ‘Chacho’ del equipo de béisbol Tigres, quien vio cómo su legendaria casa se demolía para dar paso a un centro comercial y cómo debía mudarse a otra ciudad; con ‘Goyo’, la simpática mascota de los Pumas de la UNAM de quien tantas leyendas se han creado a su alrededor.

El negocio del fútbol es cruel, no hay compasión para el cariño de los aficionados. Un equipo chico en estos tiempos podría tener sus días contados si no es parte de un conglomerado, o si su dueño no tiene buenas relaciones públicas con empresarios o con autoridades gubernamentales, o si no es parte de la multipropiedad que ha sido descalificada por décadas y que la FIFA prohíbe.

Se extrañará más a la botarga del Veracruz, no así el vergonzoso andar del equipo de la mano de Fidel Kuri. Aquel que veía todo lo que Tibu Jarocho hacía y lo que motivaba en la afición que lo rodeaba en cada partido, no podía imaginarse por un momento por toda la cantidad de problemas que pasaba el equipo.

Lo que arroje la próxima junta de presidentes programada para principio de diciembre será de vital importancia no sólo para Tibu Jarocho, sino para el club porteño y su incansable y fiel afición.