El testimonio de Ford y Kavanaugh: un drama de emoción y agresión, verdad y mentira y escándalo político

Ella con un difícil balance de serenidad y nervios. Él con una intensa mezcla de crispación y enojo. Ella ofreció respuestas con actitud amable y colaborativa, pero algunos cuestionamientos buscaron colocarla como instrumento de una conspiración política. Él hizo una combativa defensa de su integridad pero mostró una insolencia y un afán polarizante que puso en duda su capacidad para ser un juez riguroso concentrado en hechos y evidencias.

El escenario anterior, con todas sus limitaciones, describe en buena medida lo que sucedió este jueves en el Senado de Estados Unidos, cuando el Comité Judicial de esa cámara realizó una larga e histórica audiencia en la que testificaron el juez Brett Kavanaugh, nominado por Donald Trump para ocupar un escaño en la Corte Suprema, y la profesora Christine Blasey Ford, quien afirma que hace décadas, cuando ambos eran adolescentes, él la agredió sexualmente.

Christine Ford y Brett Kavanaugh comparecieron ante el Senado. Ella se mostró serena y colaborativa aunque nerviosa, ´él agitado y emotivo, pero también agresivo y evasivo ante algunos senadores. (Archivo Yahoo)
Christine Ford y Brett Kavanaugh comparecieron ante el Senado. Ella se mostró serena y colaborativa aunque nerviosa, ´él agitado y emotivo, pero también agresivo y evasivo ante algunos senadores. (Archivo Yahoo)

“100%”, dijo Ford cuando se le preguntó en qué medida estaba segura de que fue Kavanaugh quien la atacó sexualmente en 1982.

“100%”, y sin siquiera “una centésima” de duda, dijo Kavanaugh al rechazar las acusaciones en su contra y afirmar que él no agredió sexualmente a Ford ni a nadie.

Y dado que ambos juraron decir la verdad al iniciar su audiencia ante el Senado, uno de ellos mintió descaradamente.

Ante el Comité Judicial del Senado, Ford reiteró sus acusaciones: cuando ella tenía 15 años acudió a una casa donde había una reunión de adolescentes y allí Kavanaugh la agredió sexualmente, la arrojó a una cama, la manoseo y trató de quitarle la ropa. Al intentarlo, dijo Ford, “él tenía dificultades porque estaba muy borracho… Pensé que iba a violarme y traté de gritar para pedir ayuda. Cuando lo hice, Brett puso su mano en mi boca para evitar que gritara”. En la habitación, narró Ford, se encontraba también Mark Judge, amigo de Kavanaugh. Pero en lugar de ayudarla disfrutaba del ataque que ella estaba sufriendo.

Luego, Ford llegó a pensar que “Brett iba accidentalmente a matarme. Tanto Brett como Mark se reían alcoholizados durante el ataque. Ambos parecían estar pasándola muy bien”.

Ford logró zafarse y escapar, pero, como ella misma respondió a una pregunta del panel de senadores, el trauma le quedó grabado para siempre: “indeleble en el hipocampo está la risa, la estruendosa risa entre ellos dos, disfrutando a costa mía”.

Aunque senadores republicanos han tratado de colocar las acusaciones de Ford contra Kavanaugh y la forma como inicialmente su denuncia fue manejada por los demócratas como indicios de una maquinación polpitica, Ford clarificó que acudió al senado “no porque lo haya querido. Estoy aterrada. Estoy aquí porque creo que es mi deber cívico decirles lo que me sucedió cuando Brett Kavanaugh y yo estábamos en la escuela secundaria”.

Manifestantes se plantaron frente a la Corte Suprema en Washington DC para demandar que se dé credibilidad a las víctimas que denuncian agresión sexual, y en específico a los alegatos de Christine Ford en contra del juez Brett Kavanaugh. (AP)
Manifestantes se plantaron frente a la Corte Suprema en Washington DC para demandar que se dé credibilidad a las víctimas que denuncian agresión sexual, y en específico a los alegatos de Christine Ford en contra del juez Brett Kavanaugh. (AP)

Durante su presentación y sus respuestas, Ford se mostró serena y aunque confesó estar muy nerviosa, contestó a los interrogatorios de modo directo y tranquilo. Tanto demócratas como republicanos dijeron que lamentaron lo que ella tuvo que sufrir, en su adolescencia y ahora, y le reconocieron integridad y credibilidad.

Y aunque algunas de sus respuestas fueron luego usadas para sugerir que ella en realidad estaba siendo manipulada por los demócratas para descarrillar la nominación de Kavanaugh, ciertamente el testimonio de Ford resultó muy creíble y le atrajo mucha simpatía.

Pero eso no quiere decir, al menos entre los republicanos, que se acepte que Kavanaugh la agredió y por ello no debe ser ratificado como juez de la Corte Suprema. Los republicanos reiteraron que no se han corroborado las alegaciones y algunos insistieron en plantear el asunto como una movida demócrata para denigrar a Kavanaugh y evitar que él, un juez de ideología de derecha y conservadora, llegue al máximo tribunal de Estados Unidos.

Luego le llegó el turno a Kavanaugh. En su presentación inicial, Kavanaugh reaccionó con una mezcla de enojo y lamentación, de acusación y sollozo, por lo que él consideró acusaciones falsas y políticamente motivadas.

“Soy inocente de este cargo”, dijo Kavanaugh, quien explicó que los alegatos en su contra son “un calculado y orquestado golpe político, alimentado por lo que parece enojo reprimido contra el presidente Trump y la elección de 2016, miedo que ha sudo atizado acerca de mi trayectoria judicial, venganza de los Clinton y millones de dólares de dinero de grupos opositores de la izquierda”.

Pero junto a ese arrebato político y de tinte conspirativo, que algunos consideran impropio de un nominado a la Corte Suprema, Kavanaugh defendió su inocencia, lamentó el daño que las acusaciones le han causado a su persona y a su familia y hasta reprochó que el deterioro de su imagen podrían incluso llegar a impedirle ser entrenador del equipo de sus hijas o dar clases en la universidad. (Más tarde, Trump en un tuit exaltó a Kavanaugh y denostó a los demócratas).

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Por momentos se le vio lloroso y atribulado, mostrando un lado emotivo que contrastó con la belicosidad con la que después respondió a cuestionamientos de los senadores. Les interrumpía constantemente, a veces de modo airado o elusivo, en una actitud que algunos entendieron como la defensa apasionada de un hombre que se sabe inocente y otros como una suerte de ruda huida hacia adelante para convencer a Trump y a la derecha radical de que tiene carácter para encarar a sus rivales.

Aunque se le preguntó muchas veces, Kavanaugh nunca respondió si acepta someterse a una investigación del FBI en relación a las alegaciones de Ford, lo que planteó dudas sobre su inocencia, reconoció que ha bebido cerveza y que le gusta y llegó a retar a un senador demócrata al preguntarle altivo ”¿le gusta la cerveza, senador, qué le gusta beber”.

Kavanaugh negó que su consumo de alcohol hubiese llegado al grado de que perdiera el conocimiento o no recordara lo que hizo y aunque no pintó más la imagen de joven modelo y perfecto que previamente hizo ante una televisora, sí rechazó tajantemente haber cometido una agresión sexual.

Senadores republicanos exaltaron su trayectoria, a la que Kavanaugh continuamente aludía para contrarrestar la noción de que hubiese sido un alcohólico proclive a la violencia, y lamentaron, como lo hicieron con Ford, lo que él ha tenido que padecer. Pero también buscaron achacar a los demócratas, y en especial a la senadora Diane Feinstein, por la forma como se manejaron las acusaciones y por haber inicialmente mantenido en reserva las alegaciones de Ford sin comunicarlas al resto de sus colegas.

Y hubo casos, como el exabrupto punzante del senador republicano Lindsey Graham, que directamente acusó a los demócratas de querer destruir la reputación de Kavanaugh por motivos políticos. Graham dijo que lo que le han hecho pasar a Kavanaugh es un “infierno” y dijo a sus compañeros republicanos que si votan en contra de su ratificación en la Corte “están legitimando la cosa más despreciable que he visto durante todo mi tiempo en la política”.

Kavanaugh al final juró ante Dios no haber agredido a Ford y se cerró una sesión en la que ambos mostraron emotividad y firmeza, humanidad e inteligencia.

Pero inevitablemente todo estuvo tan cargado de animadversión y pugnas políticas que en el fondo poco cambió tras esa audiencia, al menos en la mente de los senadores: quienes apoyan a Ford y quienes apoyan a Kavanaugh se mantuvieron en ello y la incertidumbre sobre un puñado de senadores que al final inclinarán la balanza sigue abierta y punzante.

Tanto Kavanaugh como Ford dijeron estar 100% seguros de sus posiciones. ¿Quién dice la verdad y quién miente? (Archivo Yahoo)
Tanto Kavanaugh como Ford dijeron estar 100% seguros de sus posiciones. ¿Quién dice la verdad y quién miente? (Archivo Yahoo)

Las grandes preguntas que quedan de ello es quién dice la verdad y quién miente y, sobre todo, cuál es la importancia de esa dicotomía en el voto de los senadores en torno a la confirmación de Kavanaugh como juez de la Corte Suprema. ¿Se le confirmará pese a la duda, con todo y la credibilidad de la acusación? ¿Se descartará lo dicho por Ford por la falta de corroboraciones adicionales o por cuestiones políticas defendidas a toda costa? ¿O al final la incertidumbre será lo suficientemente punzante para algunos senadores indecisos que llevarán a posponer o cancelar el proceso de nominación de Kavanaugh?

Y, más allá de la acusación en sí, queda en todo ello por dilucidar cuál es la importancia de las líneas de carácter de Kavanaugh,, las virtudes que defendió tener, las lacras que rechazó (el haber sido un bebedor a escala catastrófica) y las que mostró con su actitud al interactuar con los senadores. ¿Un nominado que acusa con agresividad a sus rivales políticos e incluso elabora teorías truculentas para desacreditarlos tiene el perfil para ser juez de la Corte Suprema?

Muchos piden ya el retiro de la candidatura de Kavanaugh y critican que avalarlo pondría en riesgo todo el movimiento en contra del sexismo y el abuso sexual y sería una involución ominosa. Y otros buscan acelerar un voto de confirmación para ratificarlo lo más pronto posible, defienden la integridad del nominado y acusan a quienes se le oponen de manipular el dolor de Ford para calumniar a Kavanaugh y sacar tajada política.

Al final, a falta de una investigación a fondo del FBI, lo que mostró la audiencia en el Senado es que Christine Blasey Ford y Brett Kavanaugh se encuentran en las antípodas, y en torno a ellos un huracán político ruge con escandalosa fuerza. El problema es que, en el fondo, el debate sobre la credibilidad de las acusaciones de agresión sexual que Ford levantó contra él, el peso que estas alegaciones y sus negaciones tendrán sobre la candidatura de Kavanaugh a la Corte Suprema y sobre la valoración de la pertinencia que tal nombramiento sea ratificado por el Senado siguen estancados, atorados en un laberinto de empecinamientos políticos y tensiones ideológicas.

Un choque en el que lo que más parece importar, al menos entre quienes tienen la facultad de decisión, no es la verdad sino el poder.

Sigue a Jesús Del Toro en Twitter: @JesusDelToro

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