El tema indígena deja el documental e irrumpe en la ficción en el cine latino

Por Ariela NAVARRO
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El director de cine chileno Niles Atallah, el 23 de marzo de 2017 en Toulouse, durante el Festival de Cine Latino de esta ciudad francesa

El cine latinoamericano deja atrás una larga tradición de tratar la cuestión indígena en el documental etnográfico para llevarlo a la ficción.

Películas como las chilenas "La mala junta" y "Rey" o la brasileña-paraguaya "Não Devore Meu Coração" (No devores mi corazón), que compiten en el Festival de Cine Latino de Toulouse que termina este sábado, presentan historias que hablan del abuso escolar, el amor adolescente o la discreta ironía de los pueblos originarios.

"No me gustaría pensar que tengo indígenas haciendo papeles de indígenas. Son papeles de personas que tienen deseos, conflictos internos, imaginación y sueños", contó a la AFP el director de "Não Devore Meu Coração", Felipe Bragança. Su película narra el enamoramiento de un niño brasileño de 13 años de una chica guaraní que vive al otro lado de la porosa frontera del río Apa.

Su historia, que tiene reminiscencias de la cruenta guerra entre ambos países, en la que murieron el 90% de los hombres paraguayos, representa un conflicto actual a través del enfrentamiento de un grupo de moteros y el amor imposible de Joca por Basano, la niña lagarto que lo mira desde el otro lado de la frontera.

"Hay poca tradición del trabajo de ficción en Chile con gente indígena. Yo lo encuentro muy sorprendente", dijo a la AFP Niles Atallah, que en "Rey" cuenta la historia de un francés que en 1860 fue a Chile y se proclamó 'rey de la Patagonia' en nombre del pueblo mapuche.

Atallah, chileno-estadounidense, filmó en una comunidad mapuche del sur de Chile. Para él fue clave el trabajo de preproducción y de diálogo con los mapuches (pueblo que vive en Chile y Argentina y cuyo nombre significa 'gente de la tierra', en mapudungún).

Tardó siete años en terminar su película.

"Era una comunidad que yo conocía. Ellos hicieron la ruca que sale en la película y me pareció interesante que fueran ellos los que representaran su propia historia", contó.

"Cuando llegamos allí a filmar con ellos, explotó el volcán Calbuco. Todo estaba cubierto de cenizas. En la película la anciana habla, dice que está bien hablar, que quizás la explosión tiene que ver con eso, que quizás estamos haciendo algo malo" al adentrarse en su tierra, contó.

Entonces, el lonco (jefe) hizo una rogativa y se despejó el cielo. "Todos nos sentimos mucho mejor y pudimos filmar", dijo.

- Acoso escolar y malas juntas -

La chilena Claudia Huaiquimilla, la directora de "Mala junta", nacida en 1987, es hija de un mapuche emigrado a la ciudad.

En la historia, Tano, de 16 años, es enviado desde Santiago a vivir al sur de Chile para evitar ser internado en un centro de menores por su mala conducta. En el viaje reencuentra a su padre y en el camino inicia una tímida amistad con Cheo, un niño mapuche que sufre acoso escolar.

"Esta película trata de lo pesado que pueden ser para un joven los prejuicios que la sociedad le impone. Uno es un niño mapuche, y en Chile a los mapuches se les trata de terroristas, y el otro porque es conflictivo que lo tratan de delincuente", explicó a la AFP el guionista Pablo Green, de 28 años.

Huaiquimilla destacó que gran parte de su estrategia para construir los personajes mapuches es sacarlos del estereotipo, usando el humor y la ironía.

"La gran gracia de la ironía es que tiene un fuerte subtexto. El mapuche utiliza mucho ese recurso, los códigos y la metáfora. Se le mira como alguien poco inteligente pero no se le está entendiendo", contó.

Para definir la sabiduría mapuche, utiliza el término popular 'chispeza', un saber que no se adquiere en la academia sino en la calle, un conocimiento empírico y no académico.

"La ironía para los mapuches es generar una conexión", explicó.

Antallah, por su parte, destacó que le pareció importante la sospecha o desconfianza inicial de los actores mapuches.

"Los que querían actuar, yo les dije que podían decir lo que ellos quisieran, que se podían burlar de nosotros y que si no querían filmar con nosotros, obviamente lo entendía porque uno nunca sabe cómo un cineasta puede venir y filmar y manipular las imágenes", dijo el autor de "Rey".

Para Bragança, de 36 años, su película no habla directamente del Brasil actual, pero sí habla de una dificultad de entender los conflictos, pasados y presentes.

"Vivimos ahora en Brasil un peligroso momento, en que hay una política en el poder que quiere de alguna forma limpiar la cultura brasileña, volver a un proyecto de país completamente blanco, europeizado", concluyó.

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