El siniestro motivo por el que las puertas de los frigoríficos son magnéticas

WTB

¿Por qué la puerta de la nevera no se cierra como las de las habitaciones o las de los coches? Seguro que muchos padres han escuchado una pregunta parecida de boca de sus hijos pequeños. Y a menos que se dediquen a los electrodomésticos de manera profesional, es probable que muy pocos hayan podido responder de manera correcta.

En Quora, la red social de las preguntas a profesionales, alguien ha interpelado sobre la cuestión, y ha obtenido una respuesta de lo más completa de parte de un experto, que luego ha servido de base de de un artículo de Buzzfeed en el que se explica el siniestro motivo que se encuentra detrás del peculiar diseño de este electrodoméstico.



“Respuesta corta, para que los niños parasen de matarse a sí mismos. En serio”. Así comienza la explicación del ingeniero Daniel Dettmers, que ha merecido más de 1.500 votos positivos por ella.

“Antiguamente, las neveras contaban con una especie de manija que se encontraba en el exterior y que al apretarla, servía para asegurar que la puerta se había cerrado de manera correcta y el frío no escapara”, explica Dettmers.

El problema estaba que era imposible abrir la puerta desde el interior. Si alguien quedaba atrapado dentro, no podía escapar. Además, la goma que rodea la puerta creaba vacío y dificultaba aún más su apertura, e impedía que entrara aire, por lo que los que estaban dentro morían ahogados.





Ley anti-muertes
A mediados del siglo pasado en Estados Unidos, multitud de niños que jugaban al escondite quedaban atrapados en el interior de estas máquinas y fallecían. La ola de muertes por este motivo llegó a ser tan grande, que en 1956 se aprobó una ley específica para evitar más tragedias.

Con ella se obligaba a los fabricantes a eliminar las manijas exteriores y a colocar el sistema magnético que hoy en día podemos ver en nuestras neveras, y que permite abrir desde dentro con un simple empujón si alguien queda atrapado.

Para la creación de esta nueva forma de apertura, los fabricantes llevaron a cabo curiosos experimentos -que hoy en día jamás se habrían realizado- en los que encerraban a niños de 3 y 5 años dentro de neveras para observar su conducta y para calcular la fuerza del empuje que realizaban sobre la puerta. Todos ellos, sin excepción, intentaban empujar hacia fuera, con fuerzas que iban desde los 4 kilos de los que tenían 3 años hasta los 8 kilos de los de 5. Esas medidas fueron tomadas como el estándar para que la puerta se pudiera abrir desde dentro.




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