El Rey Felipe VI no se opondrá al exilio de Juan Carlos ante el fin de su inviolabilidad

Asier Martiarena
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El rey Juan Carlos saluda al entrar en su automóvil tras uno de sus últimos actos públicos.
El rey Juan Carlos saluda al entrar en su automóvil tras uno de sus últimos actos públicos. (EFE)

El sexto aniversario de la proclamación del rey Felipe VI va a coincidir con media España en fase 2 y la otra media aún en la fase 3. A pesar de la desescalada, los protocolos sanitarios prohíben las grandes concentraciones, por lo que no se esperan grandes muestras de apoyo a la Corona en las calles. Pero eso no es lo que más preocupa a la Casa Real, que se conformaría con que, al menos, no hubiera muestras de rechazo.

Por eso aprovechó el fin de semana en el que el Gobierno decretó el Estado de alarma, allá por el 16 de marzo, para colar un mensaje institucional por el que renunciaba a la herencia de su padre y le retiraba su asignación por sus supuestas cuentas en Suiza. Tal vez no se acuerden, porque bastante tenían los españoles encima.

Con esa maniobra el rey Felipe VI buscaba un cortafuegos que debía preservar a la Corona de los tejemanejes de su padre. Pero hete aquí que la Fiscalía del Tribunal Supremo comunicó ayer que investigará directamente a Juan Carlos por el dinero recibido por el Ave a la Meca, construcción realizada por un consorcio de 12 empresas españolas. Vamos, que el monarca se aprovechó de su condición para lucrarse.

Una investigación que, sumada a las mordidas acumuladas durante años como conseguidor -de las que Corinna aún tiene mucho que decir- y al principio del fin de la inviolabilidad del Rey, obliga a Zarzuela a tomar una decisión drástica. Y cuanto antes mejor. Porque ya no vale con cortar un trozo del órgano dañado, hay que extirparlo por completo. Y en esas están a la vista de que el artículo 56.3 de la Constitución española recoge que “La persona del Rey no está sujeta a responsabilidad” peroque en el caso del Rey emérito solamente habla de aforamiento para ser investigado únicamente en el Supremo. Y ha llegado el día.

Tal y como adelantó ayer Diario16 y corroboró horas más tarde El Español, el entorno del Rey emérito está planteándose una especie de exilio en el caribe. Concretamente en la República Dominicana. Sí, el Rey estará en una república, el chiste se hace solo. En su posible refugio estará muy cerca de las propiedades de viejos conocidos suyos como el expresidente Felipe González o el empresario Carlos Slim, entre otros.

¿Por qué tan lejos? Porque no hay acuerdo de extradición entre España y la República Dominicana. Y cualquier solicitud judicial al respecto se articularía sobre una reglamentación tan laxa que los abogados de don Juan Carlos podrían esquivarla fácilmente. Fíjense lo que dice el artículo 8 del tratado: "No se concederá la extradición cuando la responsabilidad penal se hubiere extinguido por prescripción u otra causa, conforme a la legislación de cualquiera de las Partes". ¿Conocen más ejemplos de indefiniciones tan grandes como el concepto 'otra causa'?

Ese vacío legal le permitirá al Rey emérito mantener protegida y disfrutar la fortuna de 2.000 millones de euros que le atribuye la revista Forbes y sobre la que nadie hasta ahora se ha atrevido a cuantificar en España siendo uno de los secretos de Estado mejor preservados. ¿Se desvelará algún día? Parece difícil, pero también parecía imposible sacar a Franco del Valle de los Caídos.

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