El Rey se ha alineado con el Gobierno

El rey Felipe junto al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (d), y el president de la Generalitat, Carles Puigdemont (i). EFE/Andreu Dalmau

Hasta ayer sabíamos que el rey Felipe VI es del Atlético de Madrid. Pero ahora también sabemos que es del PP. Porque la alocución que realizó el monarca a la población española fue el discurso que debía de haber dado el presidente del Gobierno Mariano Rajoy y que, una vez más, eludió dar. Ya estamos acostumbrados a ver a Rajoy parapetarse detrás de las instituciones en lugar de encabezarlas para defenderlas con sus aciertos y errores. Así que Felipe VI le hizo el trabajo sucio preparándole el camino y allanándole el terreno para lo que está por venir. Y el PP, ojo a esto, no tardó ni cinco minutos de reloj en realizar un análisis del discurso del Rey, evidenciando que el texto estaba pactado y más que consensuado. Una trabajo al alimón entre Génova y Zarzuela.

Queda claro que el monarca se alineó con el Gobierno y envió un mensaje duro por el que trató de mostrar firmeza y contundencia desempeñando al pie de la letra la tarea que los españoles le encomendaron con la aprobación de la Constitución: encarnar el símbolo de la unidad de España.

Así pues Zarzuela avaló ante la nación las medidas que el Estado de derecho (Gobierno y jueces) han tomado y tomarán en los próximos días para asegurar el orden constitucional. Don Felipe calificó de “deslealtad inadmisible” la actitud el Govern de Puigdemont hacia los poderes del Estado e insistió en la tremenda “irresponsabilidad” que se desprende de su conducta en los últimos años por la que se ha pretendido “quebrar la unidad de España”.

Asimismo el Rey también quiso dar un mensaje de “tranquilidad y confianza” a los españoles y a los catalanes en particular que ven amenazados sus derechos y libertades. Pero se olvidó de que es el Rey de todos los españoles. No tuvo ni una sola palabra para los más de 800 heridos registrados el fin de semana en Cataluña, muchos de ellos por la violencia desmedida que Interior solicitó a las Fuerzas de Seguridad.

Tampoco hubo una sola palabra en catalán para rebajar parcialmente la tensión, y eso que las crónicas de Palacio nos han contado hasta la saciedad que el monarca domina el catalán y el gallego, y chapurrea el euskera. Se lo guardará para la intimidad como otros lo hicieron antes.

Pero eso no es lo más importante que el Rey olvidó anoche. El monarca pareció olvidarse de que en una monarquía parlamentaria el Rey no tiene poderes políticos. Por eso es grave que no diera ni una sola opción al diálogo por muy genérica que fuera. El diálogo es lo último que se pierde antes de una guerra. En caso de que en España acabe estallando la crisis, porque el problema la solución al problema ya no es estrictamente política y jurídica, Felipe VI parece haber tomado ya partido.

Tal vez la idea de ayer de Felipe VI era la de frenar la creación de la república catalana. Pero lo que ha conseguido es alentar a quienes aspiran a la instauración de una república española.

Con esta postura el Rey rechaza tanto la apuesta de Podemos por la negociación como la del PSOE por el diálogo. Hablamos de dos partidos que, con sus confluencias, superaron los 10 millones de votos en 2016. El Rey ya no es de todos los españoles. Es de los del PP. Y, si acaso, un poco de los de Ciudadanos. Porque ha ignorado a esos 10 millones. Tan lejos ha llegado en su discurso que sólo le faltó decretar la aplicación del artículo 155. Pero eso no tardará en llegar. Felipe VI le ha dejado a Rajoy el balón botando dentro del área. Y el gallego sólo tendrá que empujarlo a la red marcando el gol de la suspensión de la autonomía catalana.