El revolucionario invento español del motor de agua que resultó ser un fraude

España es un país de grandes inventores e individuos poseedores de un portentoso ingenio quienes han proporcionado a través de la Historia una cifra incalculable de inventos, muchos de ellos universalmente famosos (botijo, grapadora, cóctel molotov, submarino, autogiro, afilalápices, guitarra, futbolín, fregona, chupa chups y así hasta una larguísima y casi interminable lista).

Uno de esos ingeniosos hombres que presentó una enorme cantidad de patentes sobre inventos creados por él fue el perito industrial, natural de Valle de la Serena (Badajoz), Arturo Estévez Varela, quien se hizo bastante famoso, recién iniciada la década de 1970, al presentar un sistema que servía para recuperar los objetos que se desprendían de las cápsulas que eran enviadas al espacio (en plena Carrera espacial con EEUU y la URSS compitiendo entre si por lanzar continuamente cohetes y satélites).

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Este invento le reportó cierto prestigio a nivel internacional, algo que no había conseguido hasta el momento a pesar de haber presentado más de una cincuentena de patentes.

Arturo Estévez Varela aprovechó aquel momento de fama para dar a conocer el que aseguraba que sería el mayor invento del siglo XX: un generador de hidrógeno que posteriormente sería conocido como ‘el motor de agua’.

En aquellos momentos se estaba viviendo a nivel global de todo el planeta lo que se conocía (y tantas veces se ha repetido) como ‘crisis del petróleo’ y en la que el precio de los carburantes estaba por la nubes.

Este peculiar inventor decidió dar a conocer su artilugio de la manera más tradicional: yendo por las poblaciones presentándolo como si fuera un charlatán de feria y en el que lograba congregar a numerosísimos curiosos.

La popularidad adquirida tras presentar el sistema para recuperar la ‘chatarra espacial’ hizo que muchas fueran las personas que acudiesen a sus presentaciones y, evidentemente, la prensa de la época se hizo eco de ello.

Como si de un feriante profesional se tratara, Arturo Estévez Varela sacaba un botijo lleno de agua ante el público congregado, le daba un trago y posteriormente echaba el resto del líquido al motor de una motocicleta, con la que daba un par de vueltas con ella con el fin de que todos los presentes pudieran comprobar que su motor de agua era una realidad.

‘Se acabó la crisis’, ‘Ya no tendremos que gastar grandes cantidades de dinero en gasolina’ apuntaban los periodistas que cubrían las presentaciones. En una de ellas, el inventor dijo no querer hacerse rico con el artilugio y que éste debía ser un bien común para todos los españoles, motivo por el que regalaba la patente al Estado Español.

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En pocos días Arturo Estévez Varela se convirtió en uno de los personajes más famosos del país. Todos los diarios querían entrevistarlo y el NO-DO (noticiarios documentales del régimen que se proyectaban en todos los cines al inicio de cada sesión) le dedicaba reportajes.

Pero su fama fue efímera y en poco tiempo nada más se supo del señor Estévez y su invento. Según cuentan las crónicas, Franco ordenó hacer un informe sobre las posibilidades que tenía el motor de agua, pero un grupo de científicos llegó a la conclusión de que realmente no era para nada viable.

El motivo: que dicho motor tenía truco y no funcionaba solo con agua, sino que el inventor le añadía un elemento químico conocido como ‘boro’, el cual salía muchísimo más costoso que el propio petróleo (alrededor de 1.700 veces más caro). Por poner un ejemplo práctico (con los precios de hoy en día) el llenar un depósito con gasoil costaría alrededor de 40 euros y la cantidad de boro necesario, para hacer los mismos kilómetros que con el combustible, ascendería a cerca de los 68.000 euros.

Y es que el pillo del señor Arturo Estévez Varela, cuando presentaba su invento, no decía cuál era el componente secreto que mezclaba con el agua para lograr que la reacción química produjese hidrógeno que era lo que realmente hacía funcionar a su generador. Por tal motivo, cada vez que realizaba una demostración pública tan solo hacía un pequeñísimo recorrido con la motocicleta (de una cilindrada de 47 centímetros cúbicos).

El gobierno de Franco dio carpetazo al asunto y dejó en el olvido el motor de agua, motivo por el cual el inventor (que en un principio dijo regalar la patente al Estado Español) intentó buscarle otra salida a su invento, logrando vender la mitad de los derechos de explotación por la cifra de seis millones de pesetas (36.000 euros) y que hoy en día sería el equivalente a 400.000€.

Lo siguiente que se supo de Arturo Estévez Varela fue en 1974 cuando apareció una noticia en los periódicos en la cual se informaba que había sido procesado por un delito de estafa (hacia su socio), encontrándose en paradero desconocido.

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Las noticias posteriores sobre su vida son pocas, confusas e incluso contradictorias. Lo que sí se sabe es que pasó al olvido (tanto él como su motor de agua) y falleció dos décadas después.

Cabe destacar que muchas son las publicaciones en las que, al más puro estilo de la ‘teoría de la conspiración’, señalan que el motivo por el que el motor de agua no triunfó fue por los intereses económicos de las petroleras.

Fuentes de consulta e imágenes: Hemeroteca ABC / Hemeroteca La Vanguardia / Diario Hoy / lamentiraestaahifuera / elconfidencial / Captura Youtube

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