Las bombas de extracción de agua fallaron justo después de terminar el rescate de los niños de la cueva

La compleja operación de salvamento fue un éxito y finalmente los 12 niños integrantes del equipo de fútbol los Jabalíes Salvajes y su segundo entrenador salieron de la cueva y ya se recuperan en el hospital de más de dos semanas de encierro en una cueva de Tailandia. Una misión internacional que se solventó muy bien, pero que estuvo a punto de tener un final catastrófico, tal y como adelanta The Guardian.

El rotativo británico asegura que la operación habría fallado si se hubiera retrasado unas horas más debido a que las bombas de extracción de agua dejaron de funcionar poco tiempo después de evacuar al último de los niños.

Los rescatadores trabajan en la cueva (AP).

Los buceadores y el resto de rescatistas todavía se encontraban en el interior de la gruta. Estaban limpiando los equipos a más de 1,5 kilómetros de profundidad, en la cámara tres, cuando estos materiales empezaron a fallar y el nivel de agua subió rápidamente.

Los gritos de advertencia que escucharon a lo lejos actuaron como un resorte y salieron del interior lo más rápido que pudieron, con el objetivo de poder estar en tierra firme antes de que las cosas se complicaran aún más, tal y como han contado tres buzos australianos al periódico.

Los más de 100 trabajadores que se encontraban en el interior de la cueva corrieron hasta la salida y en menos de una hora pudieron estar en el exterior y no hubo que lamentar ninguna baja más.

La misión ha sido complicada. Los niños llevaban cilindros de buceo y en ocasiones tenían que sumergirse, pero iban amarrados a un buzo adulto que facilitaba la tarea. En las partes en las que no había agua eran llevados en unas camillas de color rojo brillante y todos ellos salieron de la gruta en ellas con una máscara respiratoria en su cara.

Varias personas celebran el rescate (AP).

Cada paso del rescate estaba medido y había rescatadores en distintos puntos que iban ayudando a la camilla a continuar su camino. Estas personas pasaron más de ocho horas diarias en terrenos angostos y oscuros esperando su turno para intervenir. Cualquier fallo podía haber dado al traste con la operación.

Especialmente complejo era el viaje desde la cámara tres hasta la entrada de la cueva. Al principio, debido a que estaba muy inundada requería entre cuatro o cinco horas, pero debido a los avances con el drenaje de las aguas y la limpieza con palas del camino se redujo el tiempo a algo menos de una hora, lo que hizo que la segunda y la tercera operación de rescate fueran más rápidas que la primera.

Los pequeños ya se han podido reunir con sus familias y es un día de celebración en Tailandia, pero también de recuerdo. En la memoria de todos está la muerte de Saman Kunan, el buzo de 38 años que murió al quedarse sin oxígeno mientras regresaba buceando de la cavidad en la que se encontraban los niños.