El racismo en el deporte ha existido siempre y debe erradicarse ya

Moussa Marega. (AP Photo)

El racismo en el fútbol, por citar un deporte específico, es una vergonzosa situación que se ha dado desde tiempos remotos, sin importar el color en realidad, pues con la anuencia del colectivo, se pude discriminar hacia cualquier raza o género sin que esto traiga considerables y útiles consecuencias.

Depende también a quién se dirigen los insultos y quienes pueden sentirse afectados, aunque lo ideal es que no existan en ningún ámbito, fuera y dentro de un estadio.

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Hugo Sánchez, cuando fue contratado por el Atlético de Madrid casi a mediados de la década de los 80, sufrió insultos racistas que hoy por hoy serían intolerables. Los primeros tres meses en la liga española fueron la prueba más difícil para el jugador mexicano, quien cuando saltaba a la cancha, recibía comúnmente gritos de “indio, sucio y mexicano”, como si en realidad esto le afectara.

Hugo recuerda en especial momentos en el estadio Camp Nou cuando visitaban al Barcelona, en el que la afición no confiaba en él, no sabía nadie quién y como característica del racismo y la discriminación, es más fácil juzgar por la apariencia física, que por sus dotes con el balón. Al final, Hugo jugó en los tres equipos de Madrid, y fue cuatro veces campeón de goleo con el Real Madrid.

Estoicamente y en sus propias palabras, Hugo sentía mayor motivación cuando oía al unísono “¡indio, fuera!”. Supo con sus goles, callar cientos de miles de gritos racistas.

Lo que no pudo hacer por aquellos años también, el astro Diego Armando Maradona, quien no aguantó la presión del público y la prensa en España y su paso por el Barcelona es más recordado por la pena, que por la gloria. El ‘Pelusa’ confesó tiempo después, que nunca pudo soportar los “¡indio, fuera!” del Camp Nou y prefirió un fútbol que lo hiciera sentir como en casa.

Maradona calló los cantos racistas con dos finales seguidas en mundiales de fútbol. La primera de ellas ganada magistralmente en México 1986.

Y esa liga italiana, en la que Maradona gozó sus mayores glorias en Europa, es la misma que más ha visto casos de racismo en los últimos años, aún con seleccionados italianos y estrellas africanas de primer nivel, que su único pecado ante los ojos europeos es tener la piel más oscura.

Es quizá Mario Balotelli quien ha sufrido más por el racismo en las canchas de Italia y no sólo de los aficionados. En febrero de 2013, cuando defendía los colores del AC Milán, y durante el ‘Derby della Madonnina’, seguidores del Inter expresaron consignas racistas en contra del atacante italiano de origen ghanés.

Hubo sanción para aquella barra, pero en ese mismo año, Balotelli denunció que el entonces capitán de Catania, el argentino Nicolás Spolli, lo llamó “negro de mierda”, un insulto común entre la idiosincracia argentina. Tras esta ofensa, el atacante amenazó con salir del terreno de juego a medio partido.

En 2014, durante una concentración de la selección italiana, un sujeto que aparentaba ser aficionado, se acercó a Balotelli para recriminarle el defender los colores del combinado ‘azurri’ a pesar de ser de color.

Además, en ese mismo año, a su regreso a Italia y ya defendiendo los colores del Brescia, Balotelli fue agredido nuevamente, esta vez por seguidores del Hellas Verona, lo que motivó que el jugador intentara de nuevo abandonar la cancha a medio partido.

Samuel Eto’o, Romelu Lukaku, Marc Zoro, Kevin Prince Boateng, Sulley Muntari y Kalidou Koulibaly, entre muchos otros, sufrieron insultos racistas en canchas italianas.

Lo más reciente es lo que sufrió el jugador franco-maliense, Moussa Marega y que aglutina, en concentrado, el deplorable comportamiento de un sector del público en un estadio.

Marega recibió todo tipo de gritos e insultos tras anotar un gol con el Oporto, equipo donde milita también el mexicano Jesús ‘Tecatito’ Corona, contra el Vitoria-Guimaraes, club con el que había jugado anteriormente.

Las actitudes hostiles ante un jugador que le anota a su antigua escuadra pueden ser entendibles, sin llegar a extremos como este, en el que Marega mostró su desencanto, malestar y decepción, al grado de querer abandonar la cancha. Sus compañeros intentaron disuadirlo y lo único que ocurrió fue su sustitución al minuto 71.

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Hoy nos enteramos más de lo que pasa en las tribunas de un estadio. Actitudes racistas y discriminatorias ya no son aceptadas, pues no se pueden disimular y ofenden a muchos más allá del sujeto objetivo; los mismos jugadores que las sufren, son los mismos que las denuncian. Los medios hacen su parte, las redes sociales amplían el espectro, difunden con más exactitud y rapidez cantos y gritos que antes eran permitidos, solapados, aceptados como si fueran parte de lo cotidiano.

Los extrañamientos que impondrán las federaciones se harán entender con severas multas, vetos y suspensiones a aquellos que se esconden tras el aparente anonimato de la multitud, pero esta de desvanece aún más al registro individual de aficionados, cámaras de circuito cerrado en los estadios y el seguimiento estricto del comportamiento dentro y fuera de los inmuebles.

Hay que entender que el racismo y la discriminación en el deporte, ya no es algo anecdótico como lo sufrieron cientos de jugadores hace décadas.

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