El pulso de la UE con Hungría que muestra que los derechos humanos están en peligro en Europa

La Unión Europea nació como una organización supranacional que defendía los valores de la tolerancia y el respeto a los derechos humanos. Sin embargo, hoy en día el proyecto comunitario se muestra fragmentado. El auge de los movimientos xenófobos y anti inmigración en países como Italia, Polonia o Hungría ha hecho que surja un bloque potente que se opone a las formas tradicionales de hacer política. Un bloque que cada día tiene más poder y que ya ha mostrado sus cartas.

El propio presidente húngaro Viktor Orban lanzó el desafío hace varias semanas: “hay dos frentes en Europa. Uno está liderado por Macron, que apoya la inmigración. El otro tiene el apoyo de países que quieren proteger sus fronteras. Hungría e Italia pertenecemos a este último”.

Viktor Orbán desafiante en el Parlamento Europeo (AP).

Esta afirmación populista que simplifica al máximo el problema de la inmigración es un buen ejemplo de cómo están las cosas en una Unión Europea en guerra cuyo Parlamento decide si se inicia un proceso de sanción a Hungría.

Lo que se debate es si el país centroeuropeo debe perder algunos de los privilegios que tiene por formar parte de la comunidad debido a la deriva autoritaria de Orbán. El país ha sufrido un profundo retroceso en materia de derechos humanos, tal y como han asegurado varias organizaciones y se ha dedicado a la persecución y hostigamiento de las personas refugiadas y migrantes.

Además, ha incumplido en varias ocasiones la legislación europea y la propia Comisión ya le abrió cuatro procedimientos formales de infracción tras la aprobación de una legislación considerada incompatible con los principios europeos.

Incluso miembros de su propio grupo en el Parlamento Europeo, el PPE, se muestran decepcionados con la actitud desafiante que ha mostrado Orbán y le han reprochado que no tienda la mano hacia una salida pactada.

Ahora el Parlamento debe decidir si se aplica a Hungría el artículo 7 de los Tratados de la UE, la máxima sanción contra un país por no respetar los derechos fundamentales, que puede ocasionar, en última instancia, la supresión del derecho al voto del país en cuestión.

Este asunto no es baladí porque aumenta las dudas sobre el camino que va a tomar la UE en el futuro. Hay que tener en cuenta que después de Hungría hay otros países que podrían ser sancionados por los mismos motivos como Polonia o incluso Italia. ¿Se atrevería la UE a sancionar a la tercera economía más grande del euro con las graves consecuencias políticas que puede traer?

Cientos de personas participan en una manifestación ultraderechista en Alemania (EFE).

Otra cuestión importante es cómo va a reaccionar la Unión Europea ante el auge del nacionalismo xenófobo. En países como Alemania y Suecia, grandes defensores de los derechos humanos y que tuvieron durante meses una política ejemplar de acogida, sus gobernantes se vieron obligados a dar marcha atrás en sus proyectos ante el avance de la extrema derecha y hoy en día solo acogen a personas con cuentagotas, mientras que los partidos extremistas han logrado un gran poder en sus Parlamentos. ¿Veremos también una Europa que cede en materia de derechos humanos para contener a la ultraderecha?

Hasta el momento la UE se ha mostrado incapaz de lograr una postura común entre sus miembros en materias clave como seguridad o inmigración, haciendo que haya un movimiento euroescéptico más fuerte cada día que duda de las capacidades de la Unión y apuesta por una salida. El Brexit fue un gran punto de inflexión, pero países como Holanda o Austria pueden querer enfilar la puerta de salida. La única respuesta posible es una serie de políticas que sean beneficiosas para los ciudadanos y que contenten a todos los Gobiernos. Se puede hacer, pero no se pueden repetir los errores del pasado.