El problema de reutilizar las botellas de plástico

Ratones de laboratorio (AFP Photo/Philippe Merle)

Hoy en día todo el mundo sabe que ciertos plásticos no son adecuados para emplearlos en alimentación. Que hay botellas de agua que no se deben rellenar, contenedores que no se pueden usar, tazas y tuppers que no se deben meter en el microondas… Lo que no tanta gente conoce es cómo se descubrió este hecho: porque las jaulas donde un equipo de investigación tenía a sus ratones de laboratorio comenzaron a filtrar el tóxico bisfenol A (BPA por sus siglas en inglés).

Curiosamente, el mismo equipo de investigación acaba de publicar un artículo en el que explica que los nuevos plásticos “aptos para alimentación” igual no lo son tanto. Y han llegado a ese resultado de la misma manera que hace 20 años, porque las jaulas de sus animales de laboratorio han comenzado a segregar sustancias tóxicas.

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El caso no es exactamente igual, y eso es muy interesante. Hace 20 años todas las jaulas producían BPA, y todos los ratones mostraban las consecuencias de la contaminación. En el caso actual, no todas las jaulas se han visto afectadas, y las que lo han hecho no producen la misma cantidad de tóxicos. Y por lo tanto, no todos los ratones sufren las mismas consecuencias.

Además, los problemas de salud que sí se presentan son mucho más sutiles. Mientras que en el caso del BPA aparecían problemas graves de manera muy rápida y notable, con los nuevos plásticos la cosa no es tan patente.

Pero afectan a algo muy importante, que es lo que provoca más preocupación. Las modificaciones y mutaciones aparecen principalmente en línea germinal. Es decir, en las células encargadas de producir gametos… por lo que afectarán a las siguientes generaciones.

Es importante remarcar dos cuestiones. La primera, que aún no está demostrado que los plásticos considerados “aptos para alimentación” hasta ahora afecten a los seres humanos. A los ratones de laboratorio sí, y por lo tanto parece lógico pensar que lo harán en seres humanos, pero hay que demostrarlo.

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Lo segundo es más complejo de explicar. El modo en que se ha hecho patente la toxicidad es similar a lo que ocurriría con la población humana. El hecho de que no todos los “recipientes” hayan segregado tóxicos, ni todos los que han segregado lo hayan hecho al mismo nivel, es asimilable a lo que ocurría con los vasos, platos de plástico, tuppers y demás parafernalia empleada por humanos. Complica el análisis, pero ofrece un escenario más semejante al que afecta a los humanos.

Queda aún mucho trabajo por hacer, y parece necesario hacerlo. La ventaja es que la anécdota es tan curiosa, que genera mucha atención y por lo tanto favorece que se realice el estudio cuanto antes, y de la mejor manera posible.