El problema de la educación y la sanidad públicas explicado como si estas fuesen un restaurante

El de Señorita Rotesmeyer (@larotesmeyer) es el perfil de una profesora de educación infantil (la que va de los 3 a los 6 años) que lleva ejerciendo y defendiendo la educación pública y de calidad desde hace más de 20 años, como ella misma explica en la descripción de su biografía. Desde su experiencia personal y profesional, hace unos días publicó un hilo de lo más didáctico en el explica, comparando una escuela con un restaurante, cómo “se va a pique” el sistema.

Su hilo comienza poniendo en situación a los lectores y trazando el símil. Habla de un restaurante, pero, viendo su perfil, es evidente que donde dice restaurante quiere decir centro educativo. No hace falta llegar al final para darse cuenta de ello. Sí para entender a qué se refiere y comprender, quizá, un poco más la situación actual. “Imaginad que sois los chef de un restaurante. Conocéis a todos vuestros clientes, sus vidas, sus sueños, y os esforzáis cada día por darles el mejor menú, con los mejores ingredientes, con tiempo, mimo y todo el cariño del mundo”, comienza.

“Un día llega uno de los socios del restaurante y te dice que se puede optimizar, caben dos o tres mesas más si se aprietan un poquito. Aunque le dices que van a estar más apretados y que habría que aumentar la cantidad de comida, el jefe te dice que sigas haciendo lo mismo”, continúa. No queda otra que seguir la directrices que se han recibido desde arriba y el chef intenta hacerlo lo mejor posible porque conoce a sus clientes y quiere “seguir dándoles lo mejor”.

Pero entonces, según explica esta profesora, un día llega otro jefe quien, como desde su punto de vista todo va bien y “la gente sigue satisfecha”, ha tenido la idea de “que de los dos pinches de cocina, puedes prescindir de uno”. No hay opción, quien manda, manda. Así que el chef sigue intentando llegar a todo. Pero es ahí cuando comienzan los verdaderos problemas. No solo ha aumentado el número de clientes, sino que hay menos personal para atenderles.

“Empiezas a estar desbordado con menos personal, misma cantidad de comida y más gente. Pero como son tus clientes, los conoces y los quieres, sigues dejándote la piel. Y tu jefe que solo viene al restaurante cuando hay fiestas o eventos y no tiene ni idea de lo que estás haciendo para sacarlo adelante, te dice que para ahorrar costes, que en la tortilla en vez de 6 huevos, pongas 4. Y la calidad de la comida baja”, se lamenta Señorita Rotesmeyer.

La falta de personal y materia prima suficiente para todos se intenta suplir con “imaginación y buscando recursos”. Pero la cosa va a más. “Tu jefe, que grita a los 4 vientos lo bien que va el negocio, decide que sin ampliar la carta y los ingredientes vas a tener que organizar menú para veganos, celíacos, alergias…”.

Y así, poco a poco, recortando, llega un momento en el que, continua el hilo, “de repente, te das cuenta de que se ha cargado el restaurante y que, a pesar de darlo todo, no puedes atender a más personas con sus peculiaridades, con menos espacio, menos ingredientes y menos personal. Y el restaurante se va a pique”.

El problema es evidente, argumenta la autora del hilo, pero el jefe, en lugar de poner el foco en el origen, culpa al chef y su equipo “por no saber gestionar la situación” y entonces “todo el mundo da por hecho que el jefe tiene razón, que no has sabido dirigir el restaurante y lo has llevado a la ruina. Y aunque lo hayas dado todo por tus clientes, porque los conoces personalmente, la opinión pública se pone en tu contra”.

Y ahí acaba la historia y el símil, porque cómo explica en su siguiente tuit, si coges la historia “y cambiáis chef por maestro o médico, tenéis lo que está pasando a diario en centros educativos y sanitarios. “Los maestros no hacemos las leyes. No recortamos presupuestos. No aumentamos las ratios. No disminuimos los recursos”.

Señorita Rotesmeyer culpa a los que mandan, que son los que ordenan los cambios, los recortes y no ofrecen más recursos al mismo tiempo que “se encargan de hacer ver que los fallos de la escuela son todos nuestros. Y entonces de sus errores se sacan cursos, nuevas leyes, congresos e ideas, que van encaminadas a mejorar nuestra gestión, sin cambiar la esencia”.

Para acabar, una llamada de atención a todos. Reconoce que “es triste pensar que un país que no invierte en educación los recursos necesarios está condenando su futuro” pero es más triste aún “ver cómo la sociedad no se da cuenta de ello. Ojalá y llegue el día en que los políticos de este país dejen de dar el bochornoso ejemplo de comportamiento con el que nos deleitan cada día entre ellos”.

Esta profesora pide que los que están arriba, los que pueden cambiar la situación y revertirla para bien, “se sienten a consensuar la educación de este país, para que no nos vayamos a pique como el restaurante. Porque yo quiero seguir dando lo mejor a mis clientes, esos de los que conozco nombres, apellidos y VIDA”.

La reflexión y la comparación han sido muy aplaudidas por los tuiteros, que se lamentan de la falta de recursos de una educación en la que cada poco tiempo se cambia de modelo, las aulas están masificadas y los medios necesarios nunca llegan. En cuatro días ha acumulado más de 4.300 retuits.

Una profesora de infantil explica en un hilo de Twitter muy aplaudido de Twitter cómo “se va a pique” la educación pública comparándola con un restaurante. (Foto: Captura de pantlla de @larotesmeyer en Twitter)