El PP, patrocinador oficial del bochornoso caso Cifuentes

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (i), saluda a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, en presencia del ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo (d). EFE

Si el día en que Eldiario.es publicó las primeras irregularidades del máster de Cifuentes el PP hubiera forzado a la expresidenta regional de Madrid a admitir lo evidente, tan sólo hubiera visto herido su orgullo, pero casi seguro que a día de hoy seguiría en su cargo.

Si el día en que el rector de la URJC trató de apuntalar la versión del “error informativo” para el cambio de calificaciones el PP hubiera conminado a Cifuentes a frenar su huida a ninguna parte, la Universidad no estaría siendo investigada por la Fiscalía.

Si el día en que una de las docentes reconoció que la firma de su acta había sido falsificada el PP hubiera forzado a Cifuentes a reconocer las irregularidades académicas, el prestigio de toda la universidad pública Rey Juan Carlos estaría menos destrozado.

Si el día en que el rector de la URJC y el director del máster se culparon de las irregularidades el PP hubiera apartado a Cifuentes, su Convención Nacional de Sevilla no hubiera estado salpicada por la trama y hubiera podido recuperar la iniciativa tras unas encuestas adversas.

Si el día en que la comunidad de docentes y alumnos de la URJC advirtió de las irregularidades existentes en diferentes cursos de postgrado el PP hubiera zanjado el asunto, se hubiera ahorrado la sorprendente guerra interna de barones del PP en la que algunos -como el gallego Feijóo o el catalán Albiol- ya dejaron de apoyar a Cifuentes mientras otros, como María Dolores de Cospedal, seguían defendiéndola en clave de promoción interna.

Si el día en que Ciudadanos amenazó con apoyar la moción de censura del PSOE, el PP hubiera decidido aceptar sus peticiones, el calendario electoral de las autonómicas de Madrid ya hubiera echado a andar para los populares y podrían estar trabajando la imagen de su futuro/a candidato/a.

Pero nada de esto ha ocurrido. Al contrario. La famosa afición de Mariano Rajoy a dejar pasar el tiempo y que las cosas caigan por su propio peso ha desembocado en esto. En que haya aparecido esta mañana un vídeo de 2011 donde se ve a Cifuentes tras haber hurtado dos cremas en un súper. Un vídeo que al entorno de Cifuentes le aseguraron que había sido borrado tras impulsar su candidatura a la delegación del Gobierno pero que ha reaparecido en una operación que lleva el sello del excomisario Villarejo. Un vídeo que, según se explica desde el entorno de Cifuentes, fue un episodio aislado debido a una enfermedad llamada cleptomanía.

Todo esto se lo podía haber ahorrado el PP. Si Mariano Rajoy hubiera exigido la dimisión a Cristina Cifuentes de forma clara y contundente España entera se habría librado de ver este espectáculo decadente que vuelve a airear la degradación de las cloacas de nuestra política y que ha acabado por destruir la dignidad de una persona como es Cristina Cifuentes quien ahora está salpicada por muchas más acusaciones que las meramente políticas.