El piloto con las piernas amputadas que durante la IIGM se convirtió en un gran ejemplo de superación

Numerosísimos son los casos de soldados que, tras haber participado en alguna guerra, regresaron a sus hogares con alguna de sus extremidades amputadas por culpa de las heridas sufridas.

Dougla Bader fue un célebre piloto con las piernas amputadas que durante la IIGM se convirtió en un gran ejemplo de superación (imagen Wikimedia commons)

Pero no deja de ser sorprendente un caso a la inversa… la historia de un joven piloto que sufrió un gravísimo accidente de aviación en 1931, había perdido sus dos piernas y, aun y así, consiguió ser reclutado por la RAF (Fuerzas Aéreas británicas) para ir a combatir durante la Segunda Guerra Mundial, convirtiéndose en un ejemplo de superación, no solo para todos aquellos que lo conocieron sino para centenares de personas que a lo largo de estos años han sufrido algún tipo de percance o accidente y tras perder sus extremidades han visto que se podía superar y llevar una vida normal.

[Te puede interesar leer: Peter Brill, el joven piloto de la Luftwaffe que fue entrenado para bombardear Nueva York]

Bajo las siglas BDF, acrónimo de la ‘Douglas Bader Foundation’, opera una de las organizaciones humanitarias más famosas en el Reino Unido, dedicada a la ayuda y protección de personas con algún tipo de discapacidad o amputación de sus extremidades. Fue creada a finales de 1982 en memoria de Douglas Bader, quien había fallecido aquel mismo agosto año a los 72 años de edad.

Douglas Bader no fue un héroe de guerra cualquiera y aunque a lo largo de su vida se había encontrado con un sinfín de obstáculos, los había superado todos, logrando ser uno de los más reputados pilotos de su país.

Desde bien jovencito se le había dado muy bien los deportes de equipo, convirtiéndose en líder indiscutible en aquellos en los que participaba (se le dio muy bien sobre todo el rugby). Recién cumplidos los 18 años de edad (en 1928) decidió matricularse en la Escuela del Aire de Cranwell para convertirse en piloto.

No era un gran estudiante pero pilotando aviones era uno de los mejores alumnos, algo que tuvo dividido a sus instructores sobre si era conveniente tener a un aspirante con grandes aptitudes para el vuelo pero nulas con los libros. Finalmente y con mucho esfuerzo acabó consiguiendo el diploma que lo acreditaba como piloto en tan solo un par de años.

Su juventud lo llevó a ser en algunas ocasiones algo inconsciente y participar en exhibiciones aéreas en las que quería demostrar que era un ‘as’ del aire, haciendo piruetas casi imposible de realizar o desaconsejadas totalmente a los novatos como él. Una de ellas tuvo lugar el 14 de diciembre de 1931, tan solo un año después de diplomarse como piloto.

Ese día, tras apostar con unos compañeros del 23º Escuadrón de Caza en el que había sido asignado, decidió realizar una pirueta aérea casi imposible que acabó en tragedia y la cual le costó sufrir un aparatoso accidente en el que perdió sus dos piernas.

Douglas no se conformó con quedarse postrado en una cama o moverse dificultosamente en una silla de ruedas y decidió que debía superarlo. Consiguió que una empresa de ingeniería le fabricase explícitamente para él unas prótesis de aluminio con las que aprendió a caminar (incluso sin ayuda de muletas).

El siguiente paso fue volver a hacer una vida totalmente normal: conducir, jugar al golf, ir a bailar y… pilotar de nuevo un avión.

[Te puede interesar leer: Los aviadores que lanzaron sobre Berlín caramelos en lugar de bombas]

A pesar de que lo consiguió y demostró a todo el mundo que nada le podía impedir realizar lo que más amaba en su vida (pilotar aviones) los mandos de las Fuerzas Aéreas decidieron ‘retirarlo’ del servicio y concederle una pensión vitalicia.

Pero el inicio de la Segunda Guerra Mundial, unos años después, y la necesidad de disponer de pilotos experimentados propició que la RAF admitiese la solicitud de Douglas Bader de reincorporarse en las Fuerzas Aéreas.

A lo largo de un par de años participó en un buen número de misiones, con excelentes resultados, además de convertirse en todo un líder y ejemplo para sus compañeros de escuadrón.

Pero en agosto de 1941, durante una de las arriesgadas misiones en las que participaba, tuvo que saltar en paracaídas del avión que pilotaba, con la mala suerte de que en el transcurso del salto perdió las dos prótesis y al caer a tierra no pudo escapar de los soldados alemanes que por allí se encontraban, haciéndolo prisionero de guerra.

Consiguió que el mando alemán autorizase que le hicieran llegar unas piernas ortopédicas de repuesto y con ellas se pudo mover por el campo de prisioneros en el que fue encerrado y de donde intentó escaparse en varias ocasiones. Finalmente fue enviado a la famosa fortificación de Colditz, una regia y laberíntica edificación medieval que los alemanes utilizaron como prisión para oficiales Aliados reincidentes en el empeño de escaparse.

[Te puede interesar leer: La curiosa historia del fantasma que habitó el castillo de Colditz]

Tras el fin de la IIGM, Douglas Bader fue recibido en el Reino Unido como un auténtico héroe, encabezando el ‘Desfile de la Victoria’ sobrevolando la ciudad de Londres el 15 de septiembre de 1945 al frente de un escuadrón de 300 aviones.

A pesar de que la RAF quiso seguir contando con sus servicios, una vez finalizado el conflicto bélico, Douglas decidió aceptar una suculenta oferta de la compañía petrolera Shell. Los siguientes años los dedicó profesionalmente a esta empresa y a invertir todos sus recursos en ayudar a los discapacitados, convirtiéndose en todo un referente para éstos.

Fue nombrado ‘Caballero’ por la reina Isabel II y numerosos fueron los homenajes y condecoraciones que recibió (tanto en vida como después de su fallecimiento en 1982).

Fuentes de consulta e imagen: douglasbaderfoundation / rafmuseum / Wikimedia commons