El peligro de equiparar los permisos de paternidad y maternidad

Las políticas neutrales de género no son neutrales en la práctica, y esto lo demuestra.

Debería ser bueno para todos, ¿verdad?, lo que acaban de firmar hoy PSOE y Podemos, eso de que los hombres vayan a disfrutar del mismo permiso de paternidad que las mujeres -igual e intransferible, disfrutado a la vez-. Debería ser bueno. Claro. Que se involucren en la crianza al mismo nivel que las madres. Y que las empresas dejen de ver la maternidad como un lastre -¿tienes previsto quedarte embarazada?-. Todo arreglado.

Pero no es tan fácil.

De hecho es al contrario.

Al menos, esa es la sorprendente conclusión de un estudio en Estados Unidos. Allí, las universidades más potentes del mundo nos llevan ventaja: en los años noventa ya se dieron cuenta de la poca representación femenina entre el profesorado y decidieron establecer políticas familiares activas para facilitar que ellas pudieran conseguir una plaza de profesor titular -tras pasar por profesor asistente, presentar investigaciones, publicar trabajos y ser evaluadas por un comité-, en el periodo de siete años máximo para lograrlo, porque esos años cruciales coincidían con el periodo en el que las futuras profesoras decidían ser madres, así que muy pocas lograban el puesto.

Esas universidades -algunas de las mejores del mundo- decidieron ser más flexibles. Las parejas que tuvieran hijos conseguían ciertas ventajas temporales para lograr un puesto de profesor. No sólo las madres. También los padres.

¿Qué ha pasado? La hecatombe. El estudio -ha recopilado datos de los últimos 20 año en 50 departamentos de economía- ha descubierto que los únicos beneficiados son los hombres: la probabilidad de que consigan la plaza de profesor ha aumentado un 19 por ciento. En las mujeres la cifra ha caído un 22 por ciento.

Resulta que las políticas neutrales de género no son neutrales en la práctica. Los padres que recibieron los mismos beneficios de las madres aprovecharon esas ventajas para lanzar sus carreras. Ellas, adivinen, estaban ocupadas con los hijos y el hogar. Dar a luz no es un suceso de género neutro, recuerdan los investigadores, y dando las mismas ventajas a hombres y mujeres, las políticas de género neutras consiguen lo contrario: impulsarles a ellos.