El padre de Cobi está arruinado y no tiene trabajo: "Soy un mantero"

De diseñar uno de los grandes iconos de la historia moderna de España a tener que pedir ayuda a sus amigos para poder sobrevivir. De dar empleo a 40 personas a estar en bancarrota y hundido por una depresión. De la gloria al infierno: ese es el pesadillesco viaje vital que ha sufrido Javier Mariscal (Valencia, 1950) en los últimos años.

El dibujante de Cobi, la mascota de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, se abre en una entrevista concedida a la revista literaria Gurb: “Me arruiné, no lo supe hacer, y al mismo tiempo tuve un desengaño amoroso y terminé en el psiquiatra tomando pastillas”.



Al igual que muchos miles de españoles, el valenciano ha sufrido con dureza la crisis económica de los últimos años, tanto que ahora expone y vende él mismo sus trabajos en una manta en la calle, como las decenas de subsaharianos que se dedican a lo mismo en las calles del centro de nuestras grandes ciudades. 

Mariscal confiesa que todo empezó a torcerse en 2008. Ese año, su empresa de diseño gráfico daba trabajo a 40 personas, pero la falta de encargos hizo que tuviera que hacer un ERE en ella. Mariscal confiesa que no supo predecir el alcance del terremoto económico: “Cuando llegó la crisis lo primero que me dije a mí mismo fue: bah, vaya tontería. Lo que dijo Zapatero. Creo que todo empezó a ir mal una primavera a partir del 2008. Pensé: bueno, no importa, siempre nos ha salvado algún proyecto de China, de Japón, de Corea, de Brasil. Ya pasará, ya saldrá algo. Pero no”.

Con los despidos empezó su etapa más negra: “Entré en una depresión muy gorda y bueno, poco a poco vas saliendo de la depresión, pero claro, de la depresión, no de lo otro, no del problema con el trabajo”.


Mariscal, que ha viajado por todo el mundo y se ha codeado con los políticos más importantes del país, ahora confiesa que vive casi con lo puesto: “Sigo estando en una situación precaria, precaria económicamente, con problemas de vivir el día a día. A mí no me importa, sé vivir perfectamente con nada, tengo amigos, puedo vivir en sus casas y no soy nada consumista, pero tengo hijos y eso es lo que te pesa mucho. Quieres que a tus hijos no les falte de nada, quieres pagarles un colegio que esté bien y que en el futuro, si quieren puedan ir a la universidad, o si tienen que ir al extranjero puedan ir”.

El que fuera uno de los grandes diseñadores españoles revela que en la actualidad solo tiene una posesión, una moto Vespa a la que ha puesto a nombre de su hija, “para que no me la quiten”.

Pero quizás lo más chocante es su confesión sobre cómo vende sus últimas creaciones: “Yo abro la tienda y ya no viene nadie, tengo que ir a la calle a poner una manta en el suelo para poner ahí sombreros y cosas, para ver si la gente viene y me compra. Y además, como soy ilegal, tengo que tener unas cuerdecitas atadas a la manta para cuando llegue la Policía tirar y hoop… salir corriendo”.

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