El mundo sin ley de las cárceles para inmigrantes

Los Centros de Internamiento de Extranjeros son la sección de Inmigración que está peor regulada // Numerosas organizaciones han denunciado violaciones de derechos humanos por parte de la Policía en estos centros

“Te tratan como a un perro. Porque la policía que está en el CIE está ahí como un castigo, lo decían ellos mismos. Algunos estaban ahí por pegar a un inmigrante u otras cosas, y les mandan ahí. Son gente muy racista. No todos, pero la gran mayoría sí."

Así habla Paulo César, un inmigrante boliviano que lleva ya siete años en España pero que a día de hoy sigue sin haber regularizado sus papeles. Llegó como turista y ya se quedó viviendo tranquilamente en nuestro país, hasta que hace unos meses cumplió los 60 días encerrado en un CIE.

¿Qué es un CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros)? La responsable de política interior en Amnistía Internacional España, María Serrano, da una definición cristalina de lo que son. "Es un centro al que van a parar inmigrantes que están en situación irregular, normalmente porque las autoridades lo deciden como medida cautelar para expulsarles el internarlos allí". No obstante, la falta de documentación y la estancia ilegal no están tipificados como delitos, sino que son faltas administrativas.

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Paulo César posteriormente habla de su identificación y de cómo le paró la Policía en el metro. “Estaba yendo a jugar a la pelota y fui al metro de la línea 10, en Alonso Martínez. Me pidieron la documentación y al ver que no le tenía, me llevaron a (los juzgados de) Plaza de Castilla. Allí me encerraron tres días y me pasaron al CIE".

Ir a las bocas de metro a identificar personas es una de las técnicas más usadas por la Policía. Ellos mismos reconocen esta maniobra, aunque descartan que apliquen la discriminación racial. El portavoz del Sindicato Unificado de Policía (SUP), José María Benito, asegura que "seguimos acudiendo a las bocas de metro pero pedimos la documentación a todo el mundo que sale, para que así las ONG no nos digan nada". Cuenta José María que para ellos los CIE no son algo fácil, y que es el sitio "al que nadie quiere ir. Van los que por ejemplo llevan poco tiempo en el cuerpo. En cuanto pueden se van de ahí"

Paulo César fue detenido, trasladado a los juzgados y de ahí al CIE de Aluche, compuesto por un gran edificio de color amarillo y ventanas blindadas azules, colores que contrastan con lo que se da dentro. Según Paulo, "ellos tratan de maquillar mucho la cosa. Pero sin embargo, es otro el sentimiento que vive uno ahí dentro. Por fuera nadie sabe lo que hay".

Una vez en el interior, la cosa cambia. Mantiene la estructura de una cárcel pero sin llegar a serlo, como nos explica María Serrano. "Se diferencian, en primer lugar por la regulación. Los centros penitenciarios tienen gente formada. Para los CIE aun hoy estamos esperando su regulación, hay una orden ministerial pero no sirve. Además, las personas que están al cargo de un CIE son policías, lo cual da una impronta de seguridad a un centro donde están personas que no han cometido ningún delito, solo una infracción administrativa."

Entre las cuatro paredes del centro, la rutina se apodera de los internos como Paulo, quien describe que "más que todo es dormir, no haces otra cosa. Te levantas a desayunar a las siete, vuelves arriba. Bajas a comer y después tienes el patio de cinco a siete de la tarde para caminar. Algunos pueden leer o jugar a las cartas, las damas o el dominó".

El régimen de visitas a los detenidos ha cambiado, principalmente el horario. Pero la realidad es que muchas de las personas recluidas no tienen nadie que les visite ni les proporcione ayuda desde el exterior, y es ahí donde entran las ONG. Paulo César también fue beneficiario de las organizaciones no gubernamentales, de las que sólo tiene buenas palabras: "la verdad es que estoy muy agradecido. Vienen, te ayudan, te apoyan. Por lo menos te sacan una sonrisa y te dan el cariño que a veces uno necesita. Yo estoy muy agradecido".

En lo que respecta al trabajo de campo, el Centro Pueblos Unidos es el que más actúa en el CIE de Aluche con Cristina Manzanedo a la cabeza, abogada del centro y una de las autoras del informe anual que detalla con bastante claridad cifras en relación a los CIE. Por ejemplo, durante el 2012 el 90% de los internos eran hombres y tan sólo el diez eran mujeres. Filtrando por continentes y en ese mismo año, el África subsahariana y América Latina agrupan un 41 y un 30% de los inmigrantes respectivamente. Un dato sangrante es el que hace una relación entre el número de detenidos y el tiempo que llevaban en España. Hasta 46 casos de personas que llevaban aquí más de diez años fueron contabilizados en 2012, en contraposición a los 74 que no llegaban a los doce meses.

Una vez ingresa el inmigrante en el centro, el gobierno verifica la documentación y prepara las expulsiones que se están tramitando, estudiando el procedimiento que deben llevar a cabo con el país de origen. Hasta un número de tres intentos de expulsión (en una de ellas ingirió pilas para provocar su traslado al hospital y así perder el vuelo).

“La tercera vez fue a los 58 días y si que ya me llevaron unos policías y me cachearon como a un terrorista. Me registraron en todos los sitios por si llevaba una cuchilla o algo. Yo no tenía ganas de pelear, tenía pocas fuerzas porque estaba débil y casi no había comido. Pero al final saqué fuerzas para gritar todo el rato que nadie podía mandar en mi vida. Salió el capitán de vuelo y no quiso que yo volara, porque me consideraba un peligro en el avión .Por eso me bajaron, porque allí el capitán manda. Ahí ya yo estaba tranquilo porque al día siguiente hacía 59 días. Cumplí los 60 y logré salir".

Tanto las ONG como los inmigrantes coinciden en señalar una cosa, y es culpar a la Policía de malos tratos en los centros, ya sean psicológicos o físicos. Por ejemplo, desde Amnistía Internacional aseguran que "han habido denuncias de malos tratos y torturas por parte de los puestos de seguridad. Cuando se producen, no existen los mecanismos de vigilancia y denuncia adecuados. No hay cámaras ni nada". Pueblos Unidos denuncia que "donde no hay regulación hay arbitrariedad y oscuridad. Es 2013 y no tenemos reglamento ni nada".

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Paulo César va más allá y cuenta que el vio como "sí pegaron”. “Decían que fue con motivo porque el hombre les alzó la mano. Pero por ejemplo a un dominicano lo tiraron por las escaleras". Y para él lo peor fue el trato que le daban los agentes del orden. "Te hablaban como a mierda."

Y mientras, las denuncias se suceden, los organismos internacionales dictan sus sentencias sobre inmigración pero desde el Gobierno se sigue sin regular el panorama. La Policía considera que "las instituciones europeas no han entrado en esta cuestión. Alemania, Finlandia, Suecia, Bélgica, etc. Su situación es más diferente porque no tienen el problema que tenemos nosotros". Pueblos Unidos rechaza este razonamiento afirmando que "sí existen iniciativas desde Europa, como puede ser el Frontex o satélites europeos. También está la directiva de retorno que establece los mínimos que deben cumplirse en todos los países." Amnistía Internacional todavía es más clara: "España va en línea con los países de la Unión Europea".

Lo único que suscita la unanimidad es la solución a los Centros de Internamiento de Extranjeros, y no es otro que el cierre. Ya sea por parte de la Policía, de las ONG y por supuesto los propios inmigrantes, todas las partes consideran que tienen un carácter nocivo para la sociedad. Historias como la de Paulo César o Samba Martine, la mujer que falleció tras pedir asistencia médica hasta diez veces en un CIE, tienen la oportunidad de ser elementos del pasado si la sociedad se conciencia ante estos lugares donde se violan derechos fundamentales.