El morbo y por qué este artículo puede herir su sensibilidad

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Una niña de ocho años observa a su tío herido en Pakistán. (Reuters)
Una niña de ocho años observa a su tío herido en Pakistán. (Reuters)

Usted ha pinchado en esta historia. Quizás atraído por el titular, quizás no, pero ha entrado en ella porque algo, quién sabe qué, ha captado su atención. Puede que haya sido la foto, o la palabra morbo, definida por la Real Academia de la Lengua como “enfermedad”, “interés malsano por personas o cosas” o como “atracción a los acontecimientos desagradables”. Es curioso que algo tan primario y sumamente extendido como el morbo no tenga ninguna acepción positiva. O a lo mejor ha hecho click simplemente porque este artículo puede herir su sensibilidad y el hecho de que se lo haya dejado saber provoca que, automáticamente, quiera poner a prueba sus emociones, sus sensaciones.

Resulta que lo sórdido llama nuestra atención como sociedad y aunque en la generalidad haya excepciones, nos cautiva lo grotesco, lo prohibido. Netflix lo sabe, por eso hay decenas de docuseries del género true crime -historias reales sobre crímenes- que triunfan al instante. También son conocedores de ello determinados medios de comunicación que desafían los límites de la moral o de la ética periodística con detalles que contribuyen a saciar las ansias de la curiosidad malsana más que a la información en sí. Lo saben en la radio, en la televisión convencional o en las páginas web que albergan los contenidos más censurables. Se crea entonces una retroalimentación donde se olvida qué viene antes si el huevo o la gallina, si la audiencia o el contenido.

Episodio de The Rookie en el que se trata el formato true crime (crime real). (Getty Images)
Episodio de The Rookie en el que se trata el formato true crime (crime real). (Getty Images)

Son numerosos los psicólogos que hablan del morbo. La mexicana, Vanessa Muñoz es una de ellas:

“El ser humano se mueve por su necesidad de sentir emociones. Las bajezas humanas tienen mucho de transgresión, crítica, humor o liberación. Son vivencias muy potentes. Eso explica la facilidad con la que tantas veces nos arrastran. Otro punto es la necesidad de saber de los otros, lo cual nos genera placer. El morbo también nos seduce de otras maneras. Algunas detestables como escudriñar la vida de las personas”, afirmó en el podcast de Martha Debayle.

Sergio García Soriano es psicólogo sanitario y explicó en The Huffpost que el morbo provoca que “lo que ocurre nos deje deshechos. Hace que miremos de una manera urgente y dejemos de lado lo importante. Lo escabroso tiene una cota de intensidad que no tienen otras cuestiones”, sostuvo. “Lo que nos une a todos es que somos mortales y lo sabemos. Es decir, la muerte nos atrae porque sabemos que vamos a morir, que somos mortales y que en ese momento nos hemos librado”, agregó.

Somos conscientes de que la muerte acecha, entonces nos gusta verla desde lejos, pero con detalle. El morbo es tan superior a nosotros y es un elemento tan instintivo que se nos olvida lo que sienten aquellos que conviven cada día con esa desgracia que sacia a los demás. Los que además de vivir los detalles en primera persona también los reviven cuando ven que la serie sobre el drama que les ha amargado la vida es una de las más vistas en Netflix, o el programa que ofrece los detalles más escabrosos sobre su mayor pesadilla tiene los índices de audiencia más altos de la semana. El morbo manda desde tiempos insospechados y es a partir de esta tara antropológica desde donde nace el sensacionalismo.

Saddam Saleh al-Rawi fue prisionero en Abu Ghraib y afirma haber sido víctima de las torturas de las fotos que muestra. (Getty Images)
Saddam Saleh al-Rawi fue prisionero en Abu Ghraib y afirma haber sido víctima de las torturas de las fotos que muestra. (Getty Images)

Conocemos imágenes que han pasado a la historia a nivel internacional con lo sucedido en conflictos como los de Iraq, Irán, Pakistán, Palestina... Quizás unas de las más difíciles de olvidar recientemente fueron las de las torturas en la cárcel de Abu Grahib, durante la guerra de Iraq y el debate sobre la publicación de las instantáneas. En España lo vivimos con el crimen de las niñas de Alcàsser a principios de los años noventa, y de ahí en adelante hasta llegar a Julen, Laura Luelmo, Gabriel Cruz, Diana Quer… y el reciente crimen de Tenerife. La información se confunde con la obscenidad y en el juego de este interés malsano, las responsabilidades se reparten entre jefes, productores, periodistas, directores y consumidores atraídos por esa concepción freudiana en la que casa el miedo con el placer. La culpa es, en definitiva, del ser humano, de nuestra genética.

“Desde que nacemos, nos guía una fuerza que nos hace fijarnos en las personas. Gracias a ella aprendemos; aunque pronto nos enseñan a reprimir ese impulso a favor de la privacidad y respeto a la intimidad. Sin embargo, el instinto permanece. Saber de los otros genera placer. Dedicamos la vida a controlarnos y muchos lo logran. Pero el sensacionalismo sabe de formas maquiavélicas para desatarlo. Afortunadamente, no siempre lo consigue”, sugirió Muñoz.

En esta relación entre el morbo y los individuos e instituciones, surge una pregunta, ¿¿es justo decir que toda aquella persona que sea partícipe de imágenes consideradas como “morbosas” tiene una mirada malsana?

Lo sórdido llama nuestra atención como sociedad y aunque en la generalidad haya excepciones, nos cautiva lo grotesco, lo prohibido. Getty Images.
Lo sórdido llama nuestra atención como sociedad y aunque en la generalidad haya excepciones, nos cautiva lo grotesco, lo prohibido. Getty Images.

Un estudio elaborado por la Universidad Complutense de Madrid titulado ‘Morbo: discursos sobre contemplación y emisión de violencia en informativos’, sugiere que no. En el análisis se desprende que el sentir social común es que “la creciente violencia que muestran los medios informativos es objeto de preocupación e interés social” y que “con frecuencia se acusa a los medios de provocar el morbo por el único motivo de incrementar los índices de audiencia”. Entre las conclusiones del estudio en el que se mostraron distintos informativos con imágenes violentas a varios grupos de edad destacan algunas reacciones: un rechazo generalizado de la violencia, la sensación de responsabilidad de los medios en la selección de contenidos e imágenes con las que construyen la realidad o la importancia del espectador en reconocer su grado de morbosidad.

“La otra salida que existe para la acusación de disfrute morboso es reconocerlo, aceptar que existe en la humanidad (nunca en el sujeto individual, expuesto a ser considerado enfermo) una curiosidad que va más allá de la necesidad informativa y que puede considerarse morbosa”, concluyó el estudio. “A los seres humanos nos atrae lo prohibido, lo extraño y lo que nos genera angustia”.

Hay por tanto, según el estudio, un lado positivo en este tipo de miradas:

“Interpretar las intenciones de los emisores cuando presentan la información horrible. No sirve una mirada complaciente o distante de las víctimas, sino una mirada que contextualiza y comprende, que prepara el terreno para la transformación social”.

Cada persona guarda el secreto de cuál es su mirada ante los contenidos catalogados como morbosos, si la de la curiosidad malsana o la de la perspectiva constructiva. También residirá en cada quién el si la etiqueta de enfermizo hiere o no su sensibilidad. 

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