El monumento fúnebre de un mercenario medieval que se convirtió en un deseado fetiche para millones de mujeres

Alfred López

Ravena es una población situada en el noreste de Italia famosa por su valiosa colección de monumentos bizantinos, su destacada importancia política en el medievo (formando parte durante muchísimo tiempo de la Serenísima República de Venecia y de los Estados Pontificios) y, además, de por ser el lugar donde reposan los restos del célebre Dante Alighieri.

El monumento fúnebre de un mercenario medieval que se convirtió en un deseado fetiche para millones de mujeres (imagen vía Wikimedia commons)
El monumento fúnebre de un mercenario medieval que se convirtió en un deseado fetiche para millones de mujeres (imagen vía Wikimedia commons)

Pero el monumento funerario del poeta florentino, a pesar de ser el más insigne de los personajes allí enterrados, no es el único ni el que más visitas recibe. Durante cuatro siglos la capilla de San Liberio, situada en la Basílica de San Francesco de Ravena, acogió los restos mortales de Guidarello Guidarelli, un famoso caballero medieval que ejerció como ‘condotiero’ (término por el que eran conocidos los mercenarios en la Edad Media).

Guidarello Guidarelli luchó a las órdenes de los Estados Pontificios (César Borgia lo tuvo a su servicio a partir del año 1499) y de la República de Venecia. Pero no pasó a la posteridad por alguna heroica y/o supuesta gesta en el campo de batalla sino que fue protagonista, una vez ya muerto de una leyenda urbana que se hizo inmensamente popular entre los habitantes de Ravena.

Falleció a principios del mes de marzo de 1501 y aunque las causas no quedaron demasiado claras (algunos historiadores indican que fue a causa de una disputa por una camisa bordada con hilo de oro que prestó y no se le devolvió y hay quien señala que detrás de su muerte se encontraba el propio César Borgia), Guidarelli había dejado donado una importante cantidad de dinero (600 ducados que era toda una fortuna) para ser enterrado en la Basílica de San Francesco dentro de un monumento funerario en la que habría una escultura (comúnmente conocida como ‘yacente’) que lo representaría portando su armadura.

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Y fue precisamente la belleza de tal escultura que originó un curioso mito que, como si fuese sacado de un cuento de hadas, decía que si una mujer besaba los labios del monumento que representaba a Guidarello Guidarelli podría conseguir que el héroe que allí reposaba reviviese.

Monumento fúnebre de Guidarello Guidarelli (imagen vía Wikimedia commons)
Monumento fúnebre de Guidarello Guidarelli (imagen vía Wikimedia commons)

Muchas eran las doncellas que a partir de mediados del siglo XVI se personaban en la capilla de San Liberio y besaban la escultura de aquel insigne caballero.

No se sabe cómo ni por qué, pero de la noche a la mañana aquella leyenda urbana sobre la supuesta resurrección de Guidarello Guidarelli cambió por completo y ese beso dado por las doncellas ya no despertaría al caballero sino que haría que éste concediera un milagro a todas aquellas muchachas que besaran los labios de la escultura que consistía en que antes de que acabara el año conocerían a un apuesto y maravilloso hombre con el que contraerían matrimonio.

Esto llevó a que todas las jóvenes en edad casadera desfilaran ante el famoso monumento funerario y lo besasen deseosas de conocer a su ‘Príncipe Azul’.

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Pero con el tiempo esta costumbre acabó convirtiéndose en una superstición y dio un giro más a la historia y supuestos milagros que Guidarello Guidarelli podía hacer. De repente ya no solo se concedía el deseo de las casaderas, sino que aquellas mujeres que ya estaban casadas y, además, estaban embarazadas, conseguirían dar a luz a un apuesto y valiente hijo (como lo fue el caballero cuyos restos allí yacían).

La leyenda se hizo tan inmensamente popular que se calcula que a lo largo de cuatro siglos fueron más de cinco millones de mujeres las que por aquel lugar pasaron. Varios son las novelas cuyas historias se centran en este singular hecho, así como las películas en las que se hace mención e incluso que han sacado dicha tradición (una de ellas es la película de 1970, protagonizada por la actriz estadounidense, afincada en Italia, Sydne Rome, titulada ‘La ragazza di latta’).

En el siglo XIX el monumento fúnebre de Guidarello Guidarelli fue trasladado desde la Basílica de San Francesco hasta el Museo de Arte de Ravena y a pesar de su nueva ubicación la peregrinación de mujeres continuó llevándose a cabo.

En 2004 se procedió a una restauración del monumento y, a partir de aquel momento, la escultura quedó protegida por un cristal, el cual evitaba que pudiese ser besado o tocado. A pesar de la protección más de una ha sido la ocasión en que los servicios de seguridad del museo han tenido que intervenir al pillar a alguna visitante intentando levantar el acristalamiento con el fin de besarlo.

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Cabe destacar que hay expertos que señalan que el monumento de Guidarello Guidarelli exhibido actualmente en el Museo de Arte de Ravena se trataría de una réplica realizada en el siglo XVIII, no conociéndose el paradero de la escultura original ni el motivo por el cual se dio el cambiazo.

Fuentes de las imágenes: Wikimedia commons