El monstruo de Tully sigue siendo un misterio

Fósil del monstruo de Tully. By Ghedoghedo (Own work) [CC BY-SA 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0) or GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html)], via Wikimedia Commons
Fósil del monstruo de Tully. By Ghedoghedo (Own work) [CC BY-SA 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0) or GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html)], via Wikimedia Commons

El año pasado se resolvió al fin uno de los enigmas de la biología, el del monstruo de Tully (Tullimonstrum gregarium). Después de varias décadas de tratar de determinar qué era ese fósil, se determinó que era un pez. En concreto un tipo de lamprea, un grupo muy antiguo de vertebrados. El problema… es que no lo es, tal como se explica en un artículo reciente.

¿Cómo puede ser que los investigadores se hallan equivocado? Porque no se publicó sólo un artículo clasificando al monstruo de Tully como pez. Fueron dos artículos, publicados de manera independiente, los que llegaron a esta conclusión. Según explican los investigadores, el problema parte de mirar pruebas de manera aislada, y no el conjunto completo.

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Porque los argumentos para decidir que el monstruo de Tully era una lamprea eran potentes. Bueno, potentes teniendo en cuenta que el monstruo de Tully tiene bien merecido el nombre: un organismo alargado, con ojos pedunculados, con una estructura extraña al final de una proboscis que parece un apéndice marciano…

Pero al analizarlo en detalle, un grupo de investigación descubrió que presentaban una estructura muy similar a una notocorda. La notocorda es el origen de la columna vertebral, y está presente, entre otros, en lampreas. El resto de características podían ser de lamprea, aunque no encajaban con facilidad.

Lo único que se podía achacar a esta hipótesis es que la zona donde se han encontrado los fósiles de monstruo de Tully no permite que fosilicen cosas como la notocorda. En ambientes marinos lo que encontramos son fósiles de partes blandas, y la notocorda no lo es.

Por si fuese poco, en la misma zona se han encontrado lampreas. Es decir, fósiles de animales que sí son claramente lampreas. Y que no tienen nada que ver con monstruos de Tully. Sumando ambos factores, queda claro que no es una lamprea.

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El segundo artículo ha sido aún más fácil de contradecir. El argumento principal de este equipo se centraba en el ojo. Porque los ojos son estructuras complejas, y un animal que tuviese un ojo como el de los vertebrados tenía que ser, casi por definición, un vertebrado.

Salvo por el pequeño detalle de que los ojos han aparecido varias veces a lo largo de la evolución. El ojo tipo cámara, como el nuestro – el de los vertebrados – está presente en calamares, pulpos y afines, que son moluscos cefalópodos. Así que tampoco supone un gran argumento.

En definitiva, que el monstruo de Tully sigue siendo un misterio. De hecho, y como explican los autores del artículo más reciente, ni siquiera estamos seguros de qué es arriba y qué abajo en este ser tan particular.

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