El monito de peluche que acompañó a un niño en su huida del nazismo y lo reunió con su familia 80 años después

Para Gert Berliner, actualmente de 94 años, su pequeño mono de peluche tiene un valor humano e histórico enorme. Es, en buena medida, un símbolo de su supervivencia y de la de su familia en tiempos terribles y trágicos.

“Me gusta… Él es una pieza de buena suerte”, le dijo Berliner a su hijo Uri Berliner sobre el monito, el protagonista de una pieza que él preparó para el programa All Things Considered de la radio pública NPR. Un juguete muy pequeño, que cabe en la palma de la mano pero tiene un enorme significado.

Gert Berliner pasó su niñez en la Alemania de la década de 1930 y recorría en bicicleta, cuenta su hijo Uri, las calles de esa ciudad siempre acompañado del monito. Eran los tiempos severos del auge del nazismo y de la persecución de los judíos alemanes. Para escapar de ello, en 1939 Gert Berliner tuvo que separarse de sus padres, a los 14 años, para escapar del país mediante un sistema clandestino especialmente creado para sacar a niños judíos de Alemania y ponerlos a salvo. Como cuenta su hijo Uri, Gert se despidió de sus padres, Paul y Sophie, y viajó en tren hacia la costa del Mar Báltico con el objetivo de escapara hacia Suecia.

Con él iba su monito de peluche.

Su escape fue ciertamente salvador, pues tiempo después los padres de Gert fueron detenidos por los nazis y enviados al campo de concentración de Auschwitz, donde fueron asesinados.

Museo y Memorial de Auschwitz/Vía HuffPost
Museo y Memorial de Auschwitz/Vía HuffPost

Vivió en Suecia por un tiempo y tras el final la Segunda Guerra Mundial, cuenta Uri Berliner, su padre se mudó a Estados Unidos, a donde llegó a los 22 años. Y aunque se encontró solo y, nuevamente, en un país extraño, al llegar a Nueva York emprendió una carrera como fotógrafo y artista visual.

Con él siempre estuvo su monito de la suerte aunque, por cerca de medio siglo su existencia fue algo muy íntimo para Gert Berliner, al grado de que durante todo ese tiempo, narra su hijo Uri, casi nadie tuvo conocimiento de ese peluche y su historia, ni siquiera él mismo.

En cierto modo, el monito aludía al trágico pasado de los padres de Gert, de su huida y su orfandad, y, en realidad, como el propio Uri reconoce, muy poco era lo que por mucho tiempo se habló en su familia sobre esa época desoladora.

Pero ese monito les deparaba aún enormes sorpresas. “Era solo una de las muchas cosas que no conocía del pasado de mi padre”, contó Uri Berliner.

Así, cuando en 2003 Gert Berliner recibió la visita del archivista del Museo Judío de Berlín, cuenta Uri en NPR, se le pidió si tenía algún objeto de la época de su niñez en tiempos de la Alemania nazi que pudiera al ser exhibido tender un puente con los visitantes a ese museo.

El monito brilló al respecto, aunque fue muy difícil para Gert y su familia desprenderse de él. Como el propio Uri señala, se trata de una pieza muy íntima. Pero al final Gert aceptó y el monito viajó de vuelta a Berlín donde atrajo la mirada de muchos visitantes y relató la historia de supervivencia de un niño judío que logró escapar del crimen nazi.

Pero fue una persona que visitó el Museo y vio al monito quien quedó especialmente cautivada con él y con la historia del escape del niño Gert Berliner de la Alemania nazi. “Pensé que era una coincidencia. El apellido de mi madre es Berliner”, dijo Erika Patterson. Y justamente fue su madre, Agneta Berliner, quien intrigada con la posible conexión familiar se decidió a escribirle a Gert.

Y, en efecto, tras los primeros contactos se identificó que Agneta y Gert son primos y al poco tiempo ellos, Uri y Erika, se reunieron en Berlín. Y no solo ellos, otra hermana de Agneta y su hijo acudieron también al encuentro. La rama sueca de los Berliner, se identificó, proviene de Carl, hermano de Paul Berliner (padre de Gert), cuyos hijos huyeron también a Suecia pero perdieron contacto entre sí.

El monito logró reunir a una familia rota por el tiempo y, como el propio Uri concluye en su relato para NPR, el juguete de peluche les dio un tremendo regalo.

“En mi vejez, he descubierto que tengo una familia”, contó Gert Berliner.

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