El mito del reciclaje del plástico mundial y cómo combatirlo de manera individual

Planta recicladora en bancarrota en Melbourne (Jason South/The Age via Getty Images)

El proceso de reciclaje nos hace sentir bien. Separamos orgánicos, cristales, plásticos, papeles, cartones y latas en diferentes cubos de basura y luego los depositamos en sus correspondientes contenedores. Que si el verde, el amarillo, el azul… Nuestra conciencia queda tranquila porque hacemos caso a las recomendaciones de las autoridades y a lo que leemos sobre contaminación, medio ambiente y las necesidades de reciclar materiales que, de lo contrario, contribuyen a que el planeta sea un lugar menos apacible. Nos sentimos realizados cuando ubicamos nuestros deshechos de la manera en la que nos han enseñado y después nos lavamos las manos.

Y nos las lavamos de verdad porque, hasta que sabemos, ahí finaliza nuestra responsabilidad. Incluso vamos con la cabeza alta y alardeamos de que nuestra contribución al medio ambiente es reciclar. Lo cierto es que recientes investigaciones han comprobado que el proceso de reciclaje, sobre todo el del plástico, el material más extendido y más nocivo, no siempre acaba donde todos pensamos.

Nuestra basura forma parte de un lucrativo negocio de alrededor de 300 mil millones de dólares que comienza en nosotros y acaba en nosotros, pero no de la manera que todos desearíamos. Los deshechos son trasladados, primero, a instalaciones de recuperación de materiales donde son clasificados. A partir de ahí, entran en un ecosistema de especulación. Por ejemplo, según The Guardian, en el Reino Unido, aproximadamente la mitad de todo el papel y el cartón, junto a dos tercios de los plásticos que recuperan, se cargan en portacontenedores para enviarlos a Asia con el fin de ser reciclados. El papel y el cartón van a los molinos; el vidrio se lava y se reutiliza o se rompe y se funde, como el metal y el plástico, para luego ser vendido y reutilizado. Los alimentos y otros productos se queman o se envían a vertederos.

Nicaragua no puede hacerse cargo de todos sus desechos. (Reuters)

Gran parte de la basura más contaminante va a parar a compañías de China, Tailandia, Malasia o Vietnam, donde, supuestamente, prosigue el proceso de reciclado, al menos en la teoría. Recientes documentales e investigaciones han comprobado que los usos de plásticos y otros materiales en las plantas de esos países no son tan sostenibles como pensamos. ¿La razón? Prácticas ilegales, incineraciones masivas de plásticos y otros materiales tóxicos, abandono, toneladas que se entierran o se desechan en ríos y mares. Ha llegado el punto en que varios de estos gobiernos se han visto obligados a intervenir.

El gigante asiático, por ejemplo, prohibió a comienzos de 2018 hasta 24 tipos de desperdicios debido a su alto grado de contaminación. La consecuencia directa convirtió a Malasia en el nuevo destino de la basura que nadie quiere en Europa o Estados Unidos. La repentina llegada, almacenamiento y su posterior mala praxis, ha hecho que vecinos que residen cerca de estas supuestas plantas recicladoras tengan problemas de respiración. No son capaces de entender qué hacen en su pueblo bolsas de plástico que antes contenían papel higiénico manufacturado y consumido en Estados Unidos. Desde hace pocas semanas, en Malasia están enviando de vuelta a los portacontenedores estadounidenses en base a una nueva filosofía: que cada país se haga responsable de su propia basura. El lucrativo negocio ya no lo es tanto y muchas plantas de reciclaje están quebrando, como el caso de una localizada en Melbourne, Australia, donde todavía hay millones de toneladas almacenadas a la espera de ser recogidas.

Indonesia es otro de los países que albergan más contaminación. (Getty Images)

Vender los desperdicios a otros países - que en su gran mayoría no tienen la capacidad para encargarse de ellos - es la piedra angular del modelo actual de la especulación de los deshechos, que a fin de cuentas, no es más que el modelo actual de consumo.

No importa dónde vaya a parar el plástico si en EEUU, por ejemplo, cada persona genera una cifra récord de dos kilogramos de basura diarios. Y claro, si en el mundo se producen más de ocho mil millones de toneladas de plástico virgen, según un estudio publicado por Researchgate, y de ésta cantidad, solamente se recicla de manera efectiva un nueve por ciento, la falta de sostenibilidad es alarmante.

Ante la falta de garantías del modelo de reciclaje actual (que no responde al ritmo necesario y marcado por el consumo) y la falta de responsabilidad de las fábricas de envasado, la única alternativa efectiva que queda es que cada persona sea responsable de sus propios actos, es decir, que se reduzca lo máximo posible la adquisición de artículos envasados en plásticos. Esta labor tiene varios grados de dificultad que tienen que ver con el país o la ciudad en la que se reside (cuánto menos recursos tenga la nación o más remota se encuentre la urbe, más complicado será el encontrar alternativas a productos de consumición diaria que no estén envasados en plástico). También con el grado de prioridad que las personas que potencialmente podrían tener acceso a recipientes alternativos y más sostenibles le den a una revisión de sus costumbres de consumo.

Contaminación en Indonesia (Getty Images)

Echar un vistazo en un supermercado es suficiente para comprobar que los estantes están repletos de cartón, papel, cristal y metal; sin embargo, el plástico gana la batalla de las marcas y al consumidor le quedan pocas opciones alternativas. Artículos de higiene como champús o cepillos y pastas de dientes; juguetes; otros de primera necesidad como la comida o el agua… el repertorio es infinito y las alternativas muy reducidas, aunque hay pequeñas acciones que pueden ayudar.

Individuos o instituciones como Green Education Foundation dan algunos consejos de cómo dejar de usar plástico de una manera efectiva con productos y actuaciones de sustitución fácil, como dejar de usar popotes o pajillas de plástico en restaurantes y bares, bolsas para hacer las compras que se puedan volver a utilizar, dejar usar borradores (realizados con un tipo de plástico), usar productos de limpieza que se hayan envasado en cartón o cristal, sustituir botellas de agua de plástico por otras que se puedan reutilizar continuamente… Hay opciones para reducir el consumo de plástico y es cuestión de cada persona el si le da o no prioridad a ello.

A pesar de que el modelo de reciclaje no funcione a la perfección, este tipo de organizaciones también recomiendan seguir reciclando si la adquisición de productos envasados en plástico es inevitable. Esos despojos siempre pueden formar parte del nueve por ciento del plástico consumido que sí pasa por el proceso de manera satisfactoria.