He probado y este es el mejor método para recalentar unas croquetas

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Recalentar unas croquetas es un reto poco menos que imposible. Tiene algo de jugar a ser el doctor Frankenstein: intentar revivir a un muerto, tratando de insuflar nueva vida a algo que un día fue un bocado caliente, crujiente y delicioso. En su día lo intentamos (¡y lo conseguimos!) con la pizza pero hay que reconocer que un frito es un reto mucho mayor. Para buscar la mejor opción, hemos guardado media docena de croquetas de jamón del día anterior para intentar buscar la mejor solución. Pero -spoiler- no ha sido fácil.

Las croquetas, a punto de pasar por el suplicio del microondas. Foto: Javier Sánchez
Las croquetas, a punto de pasar por el suplicio del microondas. Foto: Javier Sánchez

La peor opción: el microondas. Desde luego, es la opción más rápida (¡y cómoda!) pero también dista mucho de ser la mejor. Recordemos que el objetivo de recalentar las croquetas es que vuelvan a tener ese contraste de texturas mágico, en el que el exterior es una capa tostada y crujiente y el interior resulta cremoso y delicioso. El microondas es como una fuerza de la naturaleza del calor que lo único que logra es que la croqueta quede convertida en una masa blandurria que seguramente te abrasará la lengua sin aportarte nada más. Eso si te las comes nada más sacarlas: si esperas unos pocos segundos, volverán a estar frías com un témpano. Así de efímero es el efecto del microondas.

La tostadora, mala opción para recalentar fritos. foto: Javier Sánchez
La tostadora, mala opción para recalentar fritos. foto: Javier Sánchez

La opción loca: en una tostadora. Realmente esto es un brindis al sol, un método en el que confiar sin mucha fe. Son muchas las voces que explican que los fritos son capaces de vivir una segunda juventud cuando pasan por el aro del tostador. Eso puede funcionar en el caso de los churros de la mañana anterior (lo hemos intentado y no quedan del todo mal), pero con las croquetas realmente el efecto no es el mismo. Lo que ocurre es que el calor del tostados no llega a penetrar en el interior, con lo que la bechamel sigue igual que al principio: fría. Ah, y nada de crujiente exterior, claro. Todo malas noticias. Y para colmo, la tostadora llena de migas del rebozado.

En la sartén y con poco aceite, desastre asegurado. Foto: Javier Sánchez
En la sartén y con poco aceite, desastre asegurado. Foto: Javier Sánchez

En la sartén (con un hilo de aceite y a fuego lento). Un amigo cocinillas lo tenía claro: para devolver a su momento de esplendor a una croqueta lo mejor es poner a calentar un hilillo de aceite a fuego muy lento en una sartén. Colocamos entonces las croquetas y dejamos que se produzca la magia. Bien, pues en nuestro caso la magia no apareció. Por ningún lado. Lo intentamos primero con la sartén destapada y luego con ella tapada con idénticos resultados: las croquetas quedaban aceitosas y blandas. Y para colmo, una de ellas terminó por abrirse... Un amigo al que NO hay que volver a recurrir.

Freírlas de nuevo, una opción, pero no lo llamaríamos recalentarlas. Foto: Getty Creative
Freírlas de nuevo, una opción, pero no lo llamaríamos recalentarlas. Foto: Getty Creative

En la sartén (con mucho aceite y bien caliente). Bienvenidos al mundo de la doble fritura. Muchos dirán, ¿qué sentido tiene incluir este método como una posibilidad de recalentamiento? ¿No se trata, en definitiva, de volver a freír? Pues la verdad es que sí, pero lo cierto es que el resultado es bastante apañado. Nuestra apuesta es poner aceite en la sartén en abundancia a la misma temperatura a la que solemos freír las croquetas. Con meterlas un minuto y darles vuelta y vuelta las tenemos listas. Quedan bien, pero la verdad es que no nos parece que este método pueda computar como "de recalentamiento".

El horno, buena opción (pero cara) para recalentar croquetas. Foto: Javier Sánchez
El horno, buena opción (pero cara) para recalentar croquetas. Foto: Javier Sánchez

En el horno (el mejor, pero el menos ecológico). Vamos por partes: meterlas en el horno a una temperatura elevada durante un corto periodo de tiempo y habiéndolo precalentado unos minutos es, sin duda, la mejor opción para que las croquetas recuperen calor y textura. De hecho, es un método que funciona también con otros fritos como los escalopes de ternera o la merluza a la romana. Ahora bien: se trata de una opción muy poco ecológica y que resulta en un gasto energético descomunal. Otra cosa es que estemos empleando el horno para otra receta y, de paso, procedamos a reacondicionar nuestras croquetas de la noche anterior. Sin duda, nos parece la mejor opción pero, con el precio actual de la electricidad, mucho nos tememos que las croquetas pueden acabar saliéndonos por un ojo de la cara. Y teniendo en cuenta eso... tampoco están tan mal las croquetas frías, ¿verdad?

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